El RD Miguel Crispi asume desde hoy la jefatura del Segundo Piso que ocupaba Dammert.

La caída de la jefa del Segundo Piso, Lucía Dammert, fue un comentario de pasillo que circuló en La Moneda desde la semana pasada. Nadie quería hablar del asunto e incluso algunos colaboradores de Boric conversaron de su posible salida, pero todos después entendieron que la ola ya había pasado y que la supuesta diferencia que habría tenido con el jefe de gabinete del Presidente Gabriel Boric, Matías Meza-Lopehandía, era un tema superado.

Otras versiones apuntaban a que Dammert acompañaría al Mandatario a su gira a Estados Unidos para participar de la Asamblea de la ONU (viaja el 19 de septiembre) y que luego de eso se concretaría su salida. Pero los hechos se precipitaron. Así, tras una publicación del diario La Tercera ayer, que describía el conflicto interno, Presidencia informó hoy a través de un comunicado de prensa que la otrora poderosa asesora, sería reemplazada por el militante de Revolución Democrática, Miguel Crispi, quien a ojos de su partido había sido perjudicado con el cambio de gabinete de la semana pasada: salió de la subsecretaría de Desarrollo Regional al Segundo Piso en reemplazo del actual ministro de Energía, Diego Pardow.

En la decisión de Dammert pesó principalmente -afirman desde el entorno de la socióloga- lo que sintió como una presión de RD por aumentar su influencia en el Segundo Piso e incluso quedarse con su puesto, en compensación con los recientes ajustes de ministros y subsecretarios que mermaron el rol de ese partido.

En específico, dichas versiones apuntan a que previo al diseño del nuevo gabinete, cuando se discutía cómo compensar a RD producto de que Giorgio Jackson saldría del comité político, habría sido el mismo ministro RD el que habría transmitido que su partido se inclinaba porque él tomase la jefatura del Segundo Piso; cargo que, hasta hoy, poseía Dammert.

Sin embargo, otras fuentes de gobierno descartan que Jackson haya hecho esa solicitud.

Una vez que Jackson fue enviado a Desarrollo Social, cuando se debía reubicar a Crispi producto de su imprevista salida de Subdere para compensar a Nicolás Cataldo (PC), RD habría solicitado a Boric, por distintos canales —añaden las mismas fuentes— que un militante suyo ocupara o la jefatura de asesores (como se conoce formalmente el cargo de Dammert) o la jefatura de gabinete del Presidente, que ocupa Meza-Lopehandía, mentor político de Boric y militante de su partido Convergencia Social.

Pero Boric optó por un diseño intermedio: manteniendo a ambos, nombró a Crispi como jefe de seguimiento de gestión, pero concediéndole un asiento en el Comité Político junto a Dammert, como especie de subjefe del Segundo Piso.

Por el perfil de Crispi (mucho más político que Pardow, y en el FA conocido por operar como estratega político en las sombras más que figura pública) y la presión de RD, en La Moneda el diseño fue leído como una mantención de la influencia de RD y el FA en el Segundo Piso y el Comité Político. Y así lo sintió también Dammert, quien veía que el staff de asesores ya estaba cuoteado por militantes RD y Convergencia. A ello se sumaron diferencias de larga data con Meza-Lopehandía que estallaron la semana pasada, información que confirman fuentes de La Moneda y en el núcleo de la socióloga.

Un anuncio que marcó sus diferencias

Esos días, la socióloga ajustó su agenda, despejó reuniones y esta semana había vuelto a tener presencia. Pero vino la gota que rebalsó el vaso: la resolución por parte de Boric de un anuncio de Gobierno que Dammert no habría compartido, y en el cual el Presidente habría optado por la postura de Meza-Lopehandía.

A la socióloga, además, la perjudicaron roces con otros ministerios adicionales a Cancillería: Interior (previo a la llegada de Tohá), Defensa, Salud y Justicia, afirman en el Gobierno. “Ella intentaba administrar demasiado al Presidente, estar siempre con él en todas las reuniones. ‘No es necesario que estés', le decía él a veces, pero ella seguía rondando”, afirma una autoridad que presenció esa escena.

En su núcleo lamentan su salida, pues afirman que le acomodaba que el Ejecutivo estuviera tomando, con la llegada de Tohá y Ana Lya Uriarte al comité político, un rumbo más hacia la socialdemocracia, que ella misma había impulsado en el diseño del gabinete. Por ejemplo, habría sido una de las que habría transmitido a Boric sobre la necesidad de empezar a ponerse en el escenario de triunfo del Rechazo, lo que no convencía del todo a ministros del FA-PC.

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No es la primera vez que Dammert tiene un paso fugaz por La Moneda. En Bachelet 2, llegó al equipo del subsecretario del Interior Mahmud Aleuy, por su expertise académica en seguridad. Ahí, generó posiciones encontradas: algunos defendían su manejo, mientras otros reclamaban una mirada demasiado académica, con poco conocimiento operativo.

Tras 1 año, fue trasladada al equipo del ministro Burgos, pero su situación se volvió compleja cuando fue capturado Daniel Cancino, ex-Dina y padre de la pareja que tenía entonces Dammert: el episodio gatilló resquemores en las policías, que acudían a reuniones con ella.

A los 6 meses renunció, aun cuando no se le endosaban culpas específicas por su suegro. “Aprendí lo retorcida que es la política, que si uno no es militante de partido, puede hacer bien poco en un gobierno. El poder no me seduce”, dijo tras esa polémica. Cuando ya estaba con Boric en campaña, en una entrevista, expresó su esperanza de tener ahora una experiencia distinta: “Este es otro tipo de coalición. Una transformación de la política”, comentó, antes de su nueva caída.

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