“Al tiro”, dice Pablo Iglesias al otro lado del video por WhatsApp desde Madrid.

—¡Pero ese término es muy chileno!, respondo.

—Sí, pero lo encuentro perfecto, incluso lo he adoptado. Es mejor que “al toque” o “de inmediato”. Me encanta.

Iglesias, fundador de Podemos y exvicepresidente del gobierno español hasta el año pasado, siempre —como cuenta— ha tenido a Chile en su radar. Y le interesa todo lo que sucede acá. Que el país, agrega, sería como un laboratorio político mundial.

En esta entrevista con «La Segunda» se dio un tiempo para hablar de lo que lo “apasiona desde antes de entrar a la política”: los medios de comunicación y el rol de los llamados por él “medios hegemónicos” en la sociedad (incluido este diario), tema que ha instalado tanto al otro lado del charco como en Latinoamérica. Pero como la coyuntura también manda, Iglesias se refiere a los resultados del plebiscito constitucional, la derrota del Apruebo y la nueva etapa del Gobierno del Presidente Gabriel Boric.

¿Cuándo comenzó a preocuparte esto de los medios? Se te veía como un político salido de la protesta social tras el movimiento de los “indignados” en 2010, avanzaste como diputado hasta llegar vicepresidente y de un minuto a otro saliste y volviste a presentarte a un cargo que se veía muy difícil que ganaras.

—La preocupación por los medios de comunicación viene de antes de que me dedicara a la política institucional. Para mi ha sido una obsesión siempre. Siempre he entendido que el actor ideológico fundamental son los medios y de hecho lo que hacíamos cuando era profesor de ciencia política fue hacer un programa de televisión para tratar de entrenarnos, un programa de televisión modesto, para manejar los códigos de intervención política de los medios de comunicación. Podemos fue posible en la medida que contábamos con un chico que se había hecho relativamente famoso participando en algunos programas de televisión y que más o menos manejaba con habilidad los códigos de la comunicación mediática.

“El surgimiento de Podemos tiene mucho que ver con eso. Al mismo tiempo, buena parte de los ataques a Podemos tiene que ver con una estrategia mediática a mi entender”.

¿Qué rol tienen los medios para ti?

—Los actores mediáticos son los actores ideológicos fundamentales en sociedades mediatizadas como las nuestras. Las democracias, el mínimo común denominador de cualquier democracia, es un mecanismo procedimental de elección de élites para ocupar cargos públicos. ¿Cuál es el mediador fundamental entre los ciudadanos y esos procedimientos de elección? Los medios de comunicación.

“En la sociedad contemporánea los medios son el terreno de juego más importante de la política. Mucho más importante que el terreno administrativo. Por eso es muy relevante hacer una reflexión sobre la estructura de propiedad de los medios de comunicación, en qué medida los poderes económicos que tienen la propiedad de periódicos o la televisión, condicionan a esos medios como actores ideológicos al servicio de sus intereses”.

¿De qué trata tu nuevo libro «Medios y Cloacas»? ¿Como nació?

—Es una recopilación de artículos de este año. Casi todos en contexto sobre reflexiones que hago en el programa La Base a propósito del poder mediático. Surge en un momento muy preciso después de que se revelaran unas conversaciones, unos audios, donde participa uno de los periodistas más importantes de España con un miembro de la inteligencia y donde se reconoce dar una noticia falsa sobre mí, sabiendo que era falsa. Esto genera un escándalo sin precedentes en España. Me llama la atención que el libro esté llamando mucho la atención en Latinoamérica.

¿Estás en medio de una especie de cruzada contra los medios?

—No es una cruzada. Pero si es entender que los medios de comunicación de derecha son un actor político y por lo tanto tienen que estar sometidos a la crítica. Y «El Mercurio» me fascina. Es un actor ideológico fundamental en Chile. En todos los países hay actores mediáticos muy importantes, pero en el caso de «El Mercurio» lo puse con cierta ironía en un artículo: si un turista político llegara a Chile y quisiera saber quién manda la derecha, yo le diría que no hablara con los líderes de los partidos políticos de la derecha, le diría que hablara con los dueños de «El Mercurio».

“Han arrasado a la izquierda”

¿Veo que sigues muy de cerca a los medios chilenos?

—He seguido muy de cerca el papel de los medios de comunicación chilenos, en esta campaña muy ideológica entre el Apruebo y el Rechazo, que ha ganado por goleada el Rechazo y donde creo que el rol de los medios de comunicación conservadores chilenos ha sido fundamental. Han arrasado a la izquierda. Han sido mucho más exitosos en la manera de definir los mensajes. Yo me desesperaba cuando veía a los portavoces del Apruebo en los programas de televisión, básicamente defenderse con los marcos que habían sido capaces de instalar con mucha habilidad los actores de la derecha.

“Y creo que hasta que la izquierda no comprenda que si no se reequilibra la correlación mediática de fuerzas y que la pluralidad no sólo tiene que estar en el parlamento, si no que también en el ecosistema mediático, será muy difícil lograr sus objetivos. Soy consciente que esto puede ser muy provocador para algunos actores mediáticos que están acostumbrados a ser considerados como meros mensajeros o profesionales neutrales de la información. Esto nunca ha sido verdad”.

Pero como dijo Fernando Paulsen en la entrevista que le hiciste, acá los grandes medios siempre buscan las dos visiones y versiones de un hecho político, la prensa en Chile tiende a ser bastante equilibrada.

—Yo creo que no...

Ah, ya...

—La prensa es bastante poco equilibrada. Algo que me ha ayudado mucho es analizar los editoriales, que de alguna manera determinan la línea. Pero es una línea ideológica perfectamente legítima. A mi me parece muy normal que haya periódicos de derecha, lo que me parece terrible es que casi no hayan periódicos de izquierda. Algo que no ocurre con los partidos políticos. Los chilenos pueden votar por partidos políticos de izquierda, de derecha o de centro, pero si van a un kiosco, la oferta que tienen en mucho menos plural. Y es terrible cuando la izquierda no entiende que este es el terreno fundamental de la política.

¿Nos llama la atención que nos nombren como diario en España?

—Chile es muy importante. Chile es el gran laboratorio. Ha sido el gran laboratorio político para la izquierda por muchos años. Y lo estaría volviendo a ser. Los informes de la CIA (durante los años de la UP) que decían ¿por qué Chile es tan importante?, ¿por lo que representa para el Conosur?, ¿o por si la experiencia democrática chilena triunfa puede servir de inspiración para formaciones políticas de dos o tres de las economías más grandes de Europa? En Italia había un Partido Comunista con un gran apoyo electoral. Chile era el laboratorio, por eso Chile tenía que fracasar. Después del golpe de Estado de Pinochet, el Partido Comunista italiano dice que tienen que armar un “compromiso histórico” con la Democracia Cristiana. Llegan a la conclusión de que lo que condenó a muerte a la Unidad Popular en Chile fue no ser capaz de acercarse a sectores de la Democracia Cristiana.

“Chile es muy importante y para la izquierda es un espacio de reflección clave. Me dedico mucho tiempo a estudiar Chile y me desespera que con la correlación mediática de fuerzas chilena. La izquierda tiene muchas dificultades para avanzar. Sigue teniendo una enorme capacidad de movilización. Pero una cosa es la capacidad de movilización de la izquierda y otra es su capacidad de penetración ideológica”.

¿En ese sentido, qué otros problemas ves en la izquierda chilena?

—Creo que hay cada vez más sectores que han entendido que si no se equilibra la correlación de fuerzas mediáticas, la van a tener muy difícil. No es lo mismo gobernar que estar en la oposición. Se le puede ganar a un gobierno desde afuera con unas elecciones o una movilización. Pero cuando la izquierda se institucionaliza empiezas a operar otros tiempos y otras reglas.

¿Para llegar a esta correlación mediática, hablas de una ley de medios?

—Yo creo que sí. Esto casi nunca gusta a los medios de comunicación privados, pero en el marco de la economía de mercado, creo que el esquema de los tres tercios es correcto.

¿Qué es esto de los tres tercios?

—Un tercio de medios privados. Medios de gente que tenga mucho dinero para tener un medio. Ahí lo único que habría que garantizar es que hubiera efectivamente competencia evitando dinámicas monopólicas u oligopólicas, o evitar que los bancos sean dueños de medios de comunicación. Pero digamos, plena libertad de empresa para los que operen. Luego un tercio de medios públicos estatales que respondan al interés general e interpretar a los representantes de la soberanía popular. Y luego un tercio que podríamos llamar “medios comunitarios” financiados con dinero público. ¿Qué quiero decir con esto? Que la sociedad civil no solo son las empresas, también son los sindicatos, las organizaciones sociales, el movimiento estudiantil, las asociaciones de vecinos, y que tengan derecho a la información, que no tiene que ser un privilegio solo de millonarios. Sería más razonable que sea un derecho regulado al que puedan acceder más sectores sociales.

¿Pero esto último no pasa con las redes sociales? Hoy estas se han convertido en factores mediáticos mucho más importantes.

—Las redes sociales son importantes y es cierto que los medios de comunicación convencionales no tienen el poder del pasado. Las redes sociales compiten en dinámicas de audiencias de nicho. No hay una audiencia más generalista para los discursos mediáticos y políticos. Pero los medios de comunicación tradicionales siguen siendo la clave. Para hacer una pauta de un programa matinal o de un noticiario en la TV, los responsables de esa pauta leen los principales periódicos. Para hacer una pauta de un noticiero en Chile, hay que leer «El Mercurio». Del mismo modo, las redes sociales lo que hacen es comentar lo que aparece en la televisión y los grandes medios.

“Había mejores profesionales trabajando en el Rechazo”

¿Qué reflexión haces tras conocer el resultados del plebiscito en Chile?

—Creo que no podría sorprendernos a nadie lo visto en las encuestas. Llevaba mirando las encuestas desde hace varios meses atrás y creo que no vi ni una sola desde abril que diera la victoria del Apruebo. No me sorprendió pero me entristeció.

¿Qué errores se cometieron a tu juicio por parte de la campaña del Apruebo?

—No sabría juzgarlo y no es por escurrir la respuesta. Me gustaría estudiar la campaña del Apruebo con más detalles. Conozco a algunas de las personas que estaban en esa campaña. Pero por decir algo, cuando vi los videos de la franja del Rechazo y los del Apruebo, percibí que había mejores profesionales trabajando en el Rechazo. Lo que me explicaron es que para los videos del Apruebo cada formación política tenía libertad para diseñar sus propios guiones y a mi me dio la impresión de que había más talento en los guionistas del Rechazo que en el Apruebo. Pero todavía no tengo elementos de juicio para encontrar esas claves de la campaña. Me gustaría estudiarlo y hablar con los responsables para entender varias cosas.

¿Qué opinas de esta nueva etapa en el gobierno de Gabriel Boric tras el resultado?

—Desde luego que se han movido y se han movido rápido. Han tomado nota y creo que han expresado y comunicado con mucha habilidad lo que pretenden hacer. Y lo que pretenden hacer es muy obvio: necesitamos perfiles cercanos a la experiencia de la exConcertación para facilitar acuerdos con sectores de la derecha para reconducir el proceso constituyente. Eso lo están explicando de manera muy clara sin engañar a nadie. No es lo mismo ganar que perder. Y cuando se pierde hay que tomar decisiones muy dolorosas, y como decía Gabriel, los cambios de gabinete en Chile siempre tienen algo de dramático. La clave ahora es que el proceso constituyente se pueda reconducir. Y tengo mucha confianza y un compromiso militante con los compañeros chilenos que están en el Gobierno y nadie mejor que ellos para leer lo que ha ocurrido para tomar las decisiones que haya que tomar.

Tu partido, tú mismo, tienen la experiencia de gobernar con la llamada socialdemocracia, el PSOE. En Chile pasa lo mismo. ¿Cuál es tu reflexión al respecto, es difícil? A pesar de situarse al mismo lado del espectro político han tenido han tenido sus roces.

—Es enormemente complicado. Pero es necesario cuando las mayorías no dan para que haya gobiernos de un solo color. Creo que las propias coaliciones nos implican que los ciudadanos votan distinto, distintas opciones políticas se tienen que poner de acuerdo de manera conflictiva. Y muchas veces porque la política es conflictiva y representan intereses distintos. Hay una diferencia fundamental entre la experiencia nuestra y la experiencia chilena. En Chile el Presidente es Boric y la fuerza hegemónica es Apruebo Dignidad, el Frente Amplio y el Partido Comunista que necesitan a los socialdemócratas y a otras fuerzas políticas de la centroizquierda para gobernar, pero con una preeminencia por parte de los actores de Apruebo Dignidad. Es verdad que eso se está redefiniendo en las últimas horas, pero lo está redefiniendo el Presidente. Ya me hubiera gustado a mí que nosotros, Unidas Podemos, hubiéramos logrado poder gobernar con una correlación favorable. Pero estoy convencido que Gabriel y los compañeros de Apruebo Dignidad lo sabrán hacer bien y sabrán estar a la altura de ser la fuerza hegemónica de la izquierda chilena.

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