“Todos tenemos una especie de mente, desde un árbol, a un molusco, gusano, o ser humano”.

Tendemos a vernos como una especie privilegiada, más sensible, inteligente y consciente que los demás seres del planeta. Por siglos nos percibimos creados en la imagen de Dios. Parece apropiado que el primero en de bajarnos de ese pedestal, Charles Darwin, haya terminado su carrera estudiando los sistemas neurológicos de gusanos terrestres. Tenemos más en común con ellos y otros seres vivos de lo que pensamos.

En su artículo “La vida mental de plantas y gusanos, entre otros”, de 2014, Oliver Sacks describe los experimentos de Darwin, publicados su último libro, “La formación de moho vegetal por la acción de gusanos” (1881). Darwin observó que gusanos pueden distinguir entre la luz y la oscuridad. Son extremadamente sensibles a la vibración de la tierra producida, por ejemplo, por pasos de animales, y transmitidas por un conjunto de células nerviosas que él llamó “ganglios cerebrales”.

La reacción rápida de un gusano a la luz —como la de un conejo a su conejera— le pareció un reflejo, pero luego descubrió que podía ser modificada, que no se observaba la reacción cuando el gusano estaba ocupado con otra actividad. La capacidad de modular su respuesta a un estímulo le pareció que indicaba “la presencia de una mente de algún tipo”. Mas, notó que, para mejor obstruir la entrada a sus cuevas, gusanos determinan la forma general de un objeto que han arrastrado para ese propósito. Esta habilidad hace que los gusanos “merecen ser llamados inteligentes, puesto que entonces actúan casi en la misma manera que un hombre en circunstancias similares”, dijo.

Mientras Darwin estudiaba lombrices, un alumno suyo, John Romanes, hacía lo mismo con especies marinas, que describió en “Medusas, estrellas de mar, y erizos: una investigación de sistemas nerviosos primitivos” (1885). Identificó las mil células individuales de la medusa bouganvillea y descubrió que actúan en forma local y autónoma, por un sistema de red de células, y también en forma general en actividades controladas por un “cerebro” que corre por la periferia de su campana.

Las medusas son capaces de cambiar de dirección, de profundidad, y varias demuestran un comportamiento para atrapar peces en donde se invierten, con sus tentáculos extendidos por encima de ellos como una red, movimiento controlado por ocho órganos sensibles a la gravedad. Una especie, la cubozoa (cubomedusae), según el biólogo Tim Flannery, tiene ojos con retinas, córneas y lentes, son pescadores activos, y sus cerebros tienen capacidad de aprendizaje, memoria y de guiar comportamientos complejos. Como opina Sacks, con un cerebro que coordina mecanismos sensoriales y motores, hablar de una “mente” de una cubozoa depende de nuestra definición de “mente”.

Plantas y animales se han desarrollado en vías completamente distintas: las primeras arraigadas y alimentadas por el sol y la tierra, y las segundas móviles y cazadoras o forrajeadoras. Sin embargo, para Darwin, son más similares de lo que uno se imagina. En “El poder de movimiento en plantas” (1880), relata que plantas que consumen insectos emplean corrientes eléctricas igual a las de animales, solo más lentas (de unos dos centímetros por segundo, unas mil veces más lento que el sistema nervioso animal).

En “Lo que las plantas saben” (2012), Daniel Chamovitz sostiene que plantas están capacitadas para registrar lo que nosotros llamaríamos vistas, sonidos y sentidos táctiles. Sin neuronas, las plantas aprenden en una forma distinta a la nuestra. Dependen de una enorme cantidad de compuestos químicos que Darwin llamó “dispositivos”. Su sistema de comunicación no permite el envío de señales rápidas ni repetidas. Codifican su conocimiento en genomas que pueden ser más largos y complejos que el genoma humano.

La sensibilidad y habituación constituyen mecanismos fundamentales para cualquier ser vivo. En el siglo XX, las investigaciones de comportamiento de multiplicaron en forma exponencial, mientras que la exploración de la base celular del comportamiento se topaba con obstáculos técnicos por la complejidad de los sistemas neurológicos de mamíferos.

En los años sesenta, Eric Kandel optó por estudiar el molusco gasterópodo aplysia (liebre del mar), que puede alcanzar 99 centímetros y 14 kilos de peso. Cuenta con la ventaja de tener solo 20 mil neuronas divididas en una decena de ganglios (el ser humano suma unas cien mil millones de neuronas). Kandel detectó cuáles moléculas son las responsables de la memoria de corto plazo, con cambios de función de las sinapsis (la conexión entre neuronas), y que las memorias de largo plazo involucran cambios estructurales de las sinapsis.

Sacks concluye que la naturaleza ha desarrollado tantas distintas formas de crear un cerebro como existen filos en la taxonomía biológica. Todos tienen, todos tenemos, una especie de mente, desde un árbol, a un molusco, gusano, o ser humano.

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EL RELATO

CONSTITUYENTE

El rechazo ayer en el Pleno de las normas transitorias que imponían un quorum de 2/3 para la reforma a la Constitución y el fin del actual Senado en 2026 es un duro un golpe para buena parte de las izquierdas que buscaban bloquear al actual Congreso. Tras esa derrota, una convicción ha quedado instalada: sea cual sea el resultado del plebiscito del 4 de septiembre, el proceso constitucional seguirá abierto.

Como han apuntado destacados analistas, se ha conformado una amplia franja política —que va desde el socialismo democrático hasta buena parte de la UDI— que no termina de estar conforme con el texto y se prepara a buscar acuerdos para seguir reformando.

Eso explica la exigencia de los 2/3 con que un sector de la izquierda quiso blindar el contenido del texto aprobado. No solo fue una mala idea porque imponía un candado similar al impuesto por la dictadura, sino que activó las alarmas de buena parte de la clase política que se sintió maltratada.

Desde ese punto de vista, la Convención no cumplió a cabalidad su tarea de zanjar el asunto constitucional y su texto, aunque recoge múltiples demandas ciudadanas, no será definitivo. El principal nudo no resuelto es el sistema político, donde fueron alterados los equilibrios vigentes no desde la Constitución de 1980, sino desde la de 1925, que puso fin a un parlamentarismo de facto que generó tanto daño económico e inestabilidad política.

Adicionalmente, el propio texto aprobado implica la generación de numerosas leyes que deberán ser aprobadas en los próximos años con el actual Congreso, donde la derecha tiene un peso mucho mayor que en la Convención.

El rechazo del pleno a la regla de los 2/3 para modificaciones inmediatas de la Constitución es una clara señal de que el proceso continuará abierto tras el 4 de septiembre. De ganar el apruebo, se activarán de inmediato las fuerzas del Congreso para reformar el sistema político. De triunfar el rechazo, se fortalecerán los duros de derecha e izquierda, generando en el centro un arco político amplio para iniciar un nuevo proceso, probablemente radicado esta vez en el Congreso.

Como sea, la grieta institucional abierta en Chile con el estallido de octubre no será cerrada con el plebiscito de septiembre. Terminado el tiempo de la Convención, será la hora de los políticos.

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