Rosa Catrileo (40) aún recuerda cuando en una discusión escolar –ahí entre quinto y sexto básico de una escuela en Freire– alguien la trató de “india”: “Yo era un poco tímida, así que mis amigas salieron en mi defensa”. El temor a la discriminación justamente fue la razón por la cual su padre –hablante nativo de mapudungún–, no quiso enseñarle la lengua mapuche, pues eso le evitaría adquirir cierto acento que haría reconocible sus orígenes.

“Ese ‘india' de la básica se repite acá cuando usamos nuestra ropa tradicional y nos dicen que estamos disfrazadas. O cuando afirman que usamos una lengua que nadie entiende cuando hablamos en mapudungún. No te gritan india, pero te lo dicen igual”, reflexiona Catrileo, agregando una conclusión que remarca una diferencia sustancial de esta generación mapuche por sobre sus antecesoras: “Eso, más que darme pena, ¡me da más fuerza…!”.

Es que la convencional integra la generación que vio cómo la temática indígena crecía con los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, la Ley indígena y lo que esta cultura consideró traición cuando se autorizó en 1997 construir la hidroeléctrica Ralco, argumentándose que la ley eléctrica primaba por sobre la legislación indígena.

En el liceo, Catrileo debió investigar de este último tema. Mapeó a los líderes que dieron esa pelea. Leía con atención la prensa, y “comienzo a concientizarme de esta pertenencia a un colectivo distintivo cultural y políticamente”. El centro de alumnos y reuniones políticas fueron complementando sus intereses, enriquecidos con su título de abogada –cruzado por la idea de ayudar en el tema territorial indígena–. En el mapa de poder mapuche, Catrileo integra el grupo de quienes apuestan a la salida política del conflicto indígena, algo que en 2004 la sumó a la Comundidad de Historia Mapuche (ayudó a crear sus estatutos), que reúne a muchos intelectuales que promueven el debate indígena.

Desde Freire e indígena a ser coordinadora a cargo de la propuesta de sistema político de la Convención. ¿Cómo se lleva eso?

–Demuestra que para la gente mapuche hay barreras difíciles de sortear, pero es posible hacerlo. ¡Y en una generación ya lo hicimos! Somos muchas las personas preparadas en muchos ámbitos. Somos una generación de mapuche que llegamos a la universidad, que nos empoderamos, que nos sentimos orgullosos de nuestra pertenencia cultural y vamos ganando espacios de a poco. Nos ha costado, pero no hemos perdido el tiempo mientras hemos estado excluidos: nos hemos preparado, generando debates, investigando, como lo demuestra lo que hemos planteado en la Convención.

“Mayores atribuciones a la Cámara de las Regiones genera contrapesos”

Sobre la propuesta de sistema político, ¿piensas que funcionará?

–Sí. Se hace cargo de ciertas cosas que nos llevaron a la crisis de representación del sistema político, su alejamiento de las demandas ciudadanas, que en parte se explica por las demoras de hasta 10 años para adecuar las leyes a las nuevas exigencias de la sociedad: por los altos quórum, porque había dos cámaras que hacían lo mismo y se torpedeaban entre ellas. Buscamos agilidad en ese sentido.

Si la agilidad legislativa está garantizada a tu juicio, ¿lo está el freno al populismo si un Presidente se hace a la vez de la mayoría del Congreso de los Diputados?

–Había un riesgo mayor si coincidían las elecciones de la Cámara política y el Ejecutivo en la segunda vuelta de éste. Pero ese riesgo se elimina porque esa norma se cayó. Además, las mayores atribuciones a la Cámara de las Regiones genera contrapesos a la Cámara política, porque conocerá de proyectos importantes, como presupuesto, reformas constitucionales, nombramiento de autoridades, acusación constitucional...

Inicialmente se petendía mejorar la coordinación Ejecutivo-Legislativo. No veo que quedara nada de eso.

–(…) Va a haber ahi una cuestión política que tendrá que primar. El que no existan materias de leyes exclusivas del Presidente, pero que sí haya proyectos que requerirán la venia del Ejecutivo, obligará a estar siempre dialogando y llegando a acuerdos políticos.

Pero el diseño antiguo tenía la prohibición de que los legisladores pudieran proponer iniciativas de gasto fiscal, justamente para frenar los excesos de la Constitución del 25.

–Ahora no es que sea a diestra y siniestra. Requieren de un certificado que establezca la factibilidad de lo que se propone... Además, esto es sistémico: existe el principio constitucional de responsabilidad fiscal, que guiará toda la estructura del Estado, así como la presentación de estos proyectos.

Tampoco se pudo ordenar mejor el sistema de partidos. Quedará atomizado, sin límites estrictos para reducir ese riesgo.

–Eso deberá ser materia de discusión más larga en el Poder Legislativo. Aquí no se pudo abordar con el tiempo suficiente.

“Mientras más digan que no somos pueblos, más lo vamos a decir”

Ustedes vinieron por autonomía, reconocimiento territorial y escaños reservados. Lograron todo eso y además pluralismo jurídico. ¿Qué balance sacan siendo uno de los principales ganadores del debate constituyente?

–No somos los grandes ganadores, Chile está ganando, haciéndose cargo de una realidad negada, de conflictos históricos que pueden empezar a tener un camino de solución. Aquí se está abriendo una posibilidad, nosotros no queremos seguir viviendo en violencia, por eso estamos participando en la institucionalidad. Recojan el guante que les estamos ofreciendo.

Tú eres partidaria de la vía política al tema indígena... Los expertos dicen que la molestia y la rabia alimenta el reclutaje de los grupos armados. Lo que ustedes están logrando acá, ¿podría reequilibrar las cosas?

–Si esto queda en el papel, no se va a solucionar. Por eso decimos: estamos entregando herramientas de solución, tómenlas, recojan el guante. Si no se empiezan a implementar estos derechos, estas posibilidades de solución no servirán de nada.

Vemos que la violencia en el sur escala. ¿Te están boicoteando en tu apuesta por el camino político?

–Entiendo las demandas, las desconfianzas... Cuando vino un grupo de comunidades a decir que renuncien los convencionales de escaños reservados y mapuche, lo entiendo perfectamente. Hay desconfianza. Si llevamos 30 años desde el retorno a la democracia y en 30 años no hemos abordado estos temas. ¡Si son los mismos debates, las mismas demandas de 1989, del pacto de Nueva Imperial (con Patricio Aylwin)! Las comunidades de donde vengo están todas atentas a este proceso, porque saben que de aquí puede salir un camino de solución. Porque no queremos heredarles conflictos a nuestros hijos, queremos heredarles soluciones.

Respecto a plurinacionalidad, las encuestas muestran que la opinión pública al menos no lo entiende, pues no lo comparte. Incluso Ricardo Lagos enfatizó que Chile es uno solo...

–Sí, y sigue siéndolo. Quedó establecido que en ningún caso estos derechos implican secesión y que este es un Estado unitario. Aqui no hay división del Estado: hay democratización del Estado. Cuesta entenderlo. Nos ven en forma cultural, en forma folclórica, como los mapuches con ruca, pero no, somos sujetos políticos colectivos, somos un pueblo, una comunidad política. Y mientras más nos digan que no digamos pueblos, como dice Maribel Mora en un poema, más vamos a decir que somos pueblo. Este Estado unitario está integrado por varias sociedades, comunidades políticas que se agrupan para formar este Estado, lo que permite la distribución del poder no solo a personas, sino que a colectivos: pueblo chileno, pueblo aymara, mapuche... y eso es la gran nación chilena, conformada por estas otras nacionalidades y pueblos disintivos, con culturas distintas.

¿Te sientes chilena?

–Soy chilena, nací en Chile. Y soy mapuche. Las dos cosas son compatibles. Nosotros en Wallmapu vivimos la chilenidad y la mapucheidad sin problemas. Para las celebraciones de Fiestas Patrias, en las comunidades en donde yo vivo, todas tienen la bandera chilena y la mapuche enarbolada para celebrar:

También saca chispas el pluralismo jurídico, que se critica por crear dos sistemas de justicia. Las ideas de limitarlo no fructificaron en el Pleno.

–Hay un discurso discriminador y racista que utilizará esa tecla. El pluralismo jurídico es una materialización del derecho de libre determinación, que es la posibilidad de mantener la institucionaldiad propia. ¿Significa que crearemos tribunales propios? No necesariamente. Es la posibilidad, es un derecho. No la obligación de tener un sistema propio. ¿Cuál es el pluralismo jurídico que vemos? En materia civil, principalmente.

¿Y por qué no quisieron constitucionalizar límites? Habría frenado críticas.

–Creemos que debe ser regualdo por ley. Hay una discusión teórica. Yo sinceramente no tengo ningún problema con eso, no es mi bandera de lucha.

Richard Caifal, de Enama, alertó que el Rechazo crece como opción por algunas propuestas de los convencionales indígenas.

–Él representa la postura del partido al que está asociado: Evópoli. No sé cuántos incisos habrá aprobado ese partido en el tema indígena. A él lo invitaría a convencer a su coletivo primero.

Pero sí es cierto que al revisar los anclajes temáticos del Rechazo, lo indígena es esgrimido por los encuestados.

–Por la tecla de la discriminación estructural que existe en la sociedad... y recalco que en materia de pluralismo jurídico en ningún caso serán dos sistemas, pues con nuestros votos aprobamos que siempre la Corte Suprema será el máximo tribunal.

Otro tema sensible es el de las autonomías territoriales. ¿Significará tener más Temucuicui? Y pongo el ejemplo mas duro, donde una ministra del Interior fue recibida con disparos al aire.

–Las autonomías territoriales indígenas son entidades territoriales de la división política-administrativa del Estado, como son las comunas y las regiones. Es una unidad dentro del Estado. Y no necesariamente esas autonomías se materializarán. Es una opcion que cada pueblo, en un proceso de autodeterminación, tendrá que definir. Es sesgado asociar toda la realidad mapuche a un territorio en particular, como Temucuicui; es como que yo eligiera la comuna más conflictiva de Santiago, donde hay problemas de narcotráfico, por ejemplo, y dijera que Chile es esa comuna. No. Chile no es eso, pero también es eso. Temucuicui es lo mismo para el pueblo mapuche. Es un territorio que yo respeto, ellos han sido muy avasallados, tienen muertes, asesinatos, montajes...

Otro elemento que genera ruido es la restitución de tierras. El nuevo director de Conadi puso el foco en las forestales, pero lo mismo temen los agricultores... Como que no hay límites a esto.

–Hay que poner los límites. La aprobación del artículo sobre el reconocimiento de tierras no implica que las personas no indígenas salgan del Wallmapu. Sí entrega una herramienta, al asumir que hay un proceso de despojo que el Estado generó, a través de una anexión forzada mediante una guerra no declarada al territorio mapuche. Y luego hubo una política de colonización, que no es responsabilidad de los colonos, sino que del Estado. Y como responsable, debe tomar las medidas. ¿Cuáles? La reparación, a través de la restitución territorial. Decimos que hay un mecanismo más que podrá utilizar el Estado: la expropiacion, al declarar la restitución como de interés general. ¿Acaso no es un interés general del país solucionar conflictos y que no vayan creciendo? ¿Quiénes están en la mira? Las comunidades que llevan más de 17 años esperando, y que el Estado ya les reconoció que tenían una pérdida territorial a través de las declaraciones de aplicabilidad. Hay más de 500 comunidades esperando. Esas soluciones no pueden estar entregadas al mercado, pues se ha hecho un negocio del conflicto mapuche, que termina subiendo hasta en cinco veces el precio de los predios pagados por Conadi, sólo porque es reivindicada por alguna comunidad.

Finalmente, Jaime Bassa dijo que si gana el Rechazo crecerá la conflictividad social. ¿Qué pasaría con sus expectativas si ocurre eso?

–Se cerrarán posibilidades que estamos entregando al Estado para ir solucionando conflictos. El rechazo cerraría estas oportuniddades, o al menos las haría mucho más difíciles. Por eso aquí hay dos opciones: Apruebo o Rechazo. No hay plan B. Yo iré por el Apruebo, pues ha sido un trabajo serio, que ha ido recogiendo miradas escondidas de la sociedad, pero que estaban presentes y que llevaron al estallido social, y que –en el caso mapuche– ha llevado a una conflictividad por mucho tiempo. Aquí se están abordando estas problemáticas. Trabajaré por el Apruebo y ahora estoy en la comisión de Armonización para darle una estructura muy coherente a lo que saldrá de aquí.

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