Luz María Acle retiró las cortinas de su oficina como rectora del colegio San Ignacio El Bosque. “Quería ver este lindo jardín interior”, comenta mientras ofrece un pote con frutos secos.

Su metro 85 se divisa a lo lejos en medio de una gran cantidad de alumnos a la salida del colegio jesuita ubicado en Pocuro. “Es difícil que pase desapercibida”, ríe. Desde marzo la educadora diferencial de la UMCE (Universidad Metropolitana) asumió como la primera rectora mujer en los 65 años del emblemático establecimiento que, hace nueve años, se abrió a la integración femenina. “La primera vez que crucé las puertas del San Ignacio fue este año cuando su rector Jorge Radic me traspasó el cargo como rectora. Para mí significó venir a liderar un colegio de mucha tradición, con 1900 estudiantes que requerían de un líder que potenciara sus talentos. Además, me conquistó el corazón que en los próximos seis años saldrá la primera generación de mujeres”, cuenta.

Exdirectora del San Esteban Diácono (entre 2008 al 2016) y del Colegio Arzobispo Crescente Errázuriz de la Fundación Belén Educa en Puente Alto (de 2004 a 2007), se refiere a la primera Jornada de Educación No Sexista organizada por el ministerio de Educación y de La Mujer y la Equidad de Género que en junio realizará el San Ignacio El Bosque. “La educación tiene un papel en la formación de una sociedad libre de violencia y estereotipos de género. Si me hablas de lo feminista, lo masculino también debe estar; si no, no podemos construir una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres”.

Con su nombramiento como la primera mujer rectora del colegio San Ignacio El Bosque, este establecimiento sostuvo que quiso dar otro paso "consistente", como el dado en 2014 con la apertura a la coeducación.

–Yo había postulado al mismo cargo en este colegio en 2016, y si bien esa vez quedé en la terna, no fui escogida como rectora. Por eso, durante esta postulación pregunté: ¿Esta vez quieren a una mujer, por eso vuelven a mí? Me explicaron que no, que en el proceso hubo hombres y mujeres. Me dijeron que solo buscaban a la mejor persona que pudiera liderar el colegio en este período.

Y es que en más de seis décadas ninguna mujer había logrado llegar a la rectoría.

–Yo creo que todo parte de un proceso histórico que hace la Compañía de Jesús. Esta etapa empieza cuando comienza a poner a laicos a dirigir sus colegios. Antes siempre habían sido sacerdotes jesuitas. Radic fue el segundo rector laico del San Ignacio El Bosque. Entre 1974 y 1978, estuvo el profesor Arnoldo Acuña.

Y añade:

–En 2014 ingresaron las primeras mujeres a pre kínder. El cambio cultural coeducacional que iniciamos es un gran desafío; tal como lo está enfrentando el Instituto Nacional al recibir niñas. Es importante considerar que hay diversas maneras de convivir entre hombres y mujeres. Esto nos exige estar abiertos a ver lo que pasa en nuestras aulas. A responder a través de un sabio y centenario método como la pedagogía ignaciana que no es solamente para hombres ni mujeres; es para el desarrollo de los seres humanos en su búsqueda de sentido.

El pleno de la Convención Constitucional aprobó el derecho a una Educación Sexual Integral. Esta establece, entre algunos puntos, que todas las personas tienen derecho a recibir una educación sexual que promueva el disfrute pleno y libre de la sexualidad, enfocada en el reconocimiento de las diversas identidades. ¿Cómo abordan este tema los jesuitas?

–Somos un colegio de la Compañía de Jesús, donde inculcamos el respeto de la dignidad del otro, desde ahí ha evolucionado con los tiempos. La Compañía tiene una Pastoral de Diversidad Sexual, Padis, que nació en 2010 como un espacio de acompañamiento donde hombres y mujeres, con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, pueden vivir libremente sus propias experiencias de fe. Todos somos hijos de Dios, no importa el género. Los respetamos en cómo aprenden su sexualidad desde sus diferencias y complementos.

"Desde que a uno se le develan estos abusos uno es responsable"

Exdirectora ejecutiva de la Escuela de Liderazgo Kuykuy (escuela de Fundación Belén Educa para formar líderes directivos), Luz María Acle llega cada mañana al San Ignacio El Bosque en su moto negra Vespa (año 2016). “Fue un regalo de mi marido para el aniversario 22 de matrimonio”, comenta. Y continúa: “Soy de muy bajo perfil. Me carga ser la rectora que sube al escenario para que la aplaudan. Los aplausos son para que los reciban quienes hicieron bien la pega en la sala de clases”.

Antes de asumir me imagino que la Compañía de Jesús habló con usted sobre los abusos sexuales donde sacerdotes de esta congregación se han visto involucrados.

–He visto cómo la Compañía acompaña a las víctimas. Han hecho un real mea culpa de lo sucedido. Contamos con un centro, protocolos y comités de crisis para estos casos. El Centro de Prevención y Reparación de abusos tiene certificación internacional. Estamos haciendo un trabajo de reparación con los exalumnos. Sin duda, nos gustaría que los abusos nunca hubiesen sucedido.

Y agrega:

–En cuanto a la relación entre alumnos con profesores, entre ellos y los sacerdotes, sin duda los tiempos han cambiado. Aprendimos que normalizamos ciertas conductas que descuidaron espacios que debían ser protectores. Hoy las relaciones son distintas. De chica, en el colegio de monjas donde estudié, me colgaba de la espalda del profesor de educación física; hoy eso jamás se vería en este colegio.

Asimismo el San Ignacio El Bosque ha estado manchado por abusos. Un caso es el de Jaime Guzmán, capellán del colegio entre 1984 y 1994, quien cumple condena canónica por abusos a menores. Es sorprendente que a su rector de entonces, Fernando Montes, no le pareciera peligroso que este sacerdote fotografiara a adolescentes desnudos en actividades recreativas; que no tomara medidas.

–Yo, como Luz María Acle Parodi, siento que desde que a uno se le devela una situación así de abuso, uno es responsable. Y a mí el año 2010 me tocó enfrentar una acusación hecha al fundador del colegio San Esteban Diácono que entonces yo dirigía. Y mi deber era no permitirle el contacto con niños mientras esta investigación no terminara.

En 2020 Hugo Montes, ex rector del colegio San Esteban Diácono, quien falleció, fue declarado culpable de abuso sexual. Y si bien se probó la veracidad de los hechos ocurridos entre 1995 y 2001, donde hubo menores de edad involucrados, fue sobreseído por los años que habían pasado. Como directora de este establecimiento en los años que se destapó este caso, ¿cómo lo asumió?

–Aunque estuve muy bien acompañada por el equipo directivo del colegio y otro externo, fue uno de los momentos más duros en la dirección; a uno le asustan esas cosas. No hay un manual que te diga cómo seguir. Pero desde entonces aprendí a ser más preventiva y a escuchar más.

Ha estado ligada a instituciones católicas. ¿Se desilusionó de la Iglesia?

–Podría haber dejado de ser católica, pero la Iglesia la constituimos todos. Aunque es imposible que no te dé rabia y que no te afecte emocionalmente. Que no te preguntes dónde estaba Dios en esos momentos. Era fácil tomar mi cartera e irme, pero cuando habían pasado tres semanas desde que se destaparon los hechos, preferí quedarme. La única forma de que esto sucediera menos, era haciéndome responsable de lo que estaba viviendo.

¿No se rebeló?

–Mi indignación era total. Tenía mucha rabia, porque habían sido vulnerados los más frágiles, que eran los niños. Si yo hubiese podido sacarle los ojos al responsable de vulnerarlos, sin duda se los sacaba. El abuso es un delito.

¿Cuando asumió esta rectoría no temió volver a vivir situaciones similares?

–Sí, lo pensé. Pero la gran diferencia de la vez anterior, donde descubrí con mucha angustia lo que había que hacer, es que ahora estoy más preparada. Sigo igual de sensible y rabiosa ante los abusos sexuales a menores, pero estoy más madura. Generalmente estos personajes que abusan son súper duales. Son muy buenos por un lado y por otro, tienen una parte oscura.

"Uno debe tener la libertad de elegir donde poner a sus hijos”

Un estudio del sociólogo UC, Sebastián Madrid, expuso prácticas habituales de colegios de elite. La investigación, en la que aparecen aquellos fundados por congregaciones religiosas, arrojó que estos establecimientos seleccionan deliberadamente a personas "iguales".

–Efectivamente la educación en Chile reproduce las desigualdades sociales. Para nosotros, como colegio de la Compañía de Jesús, lo importante es ser un aporte que ayude a revertir estos mecanismos. Es así que desde los años 70 invitamos al colegio a estudiantes que no pueden pagar la mensualidad. Durante esa misma década comenzó nuestra colegiatura diferenciada en respuesta al movimiento de la Iglesia Católica chilena por hacer una educación más inclusiva. Asimismo, contamos con familias homoparentales, otras que no son católicas y también con padres separados.

Una interrogante que surge en la nueva Constitución es cómo resituar la educación particular subvencionada y pagada dentro del sistema escolar. Estos establecimientos, para muchos, generarían inequidad y segregación.

–Creo que debe haber acuerdos. Y lamentablemente la educación siempre está metida en los no acuerdos. Fundación Belén Educa, de la cual fui parte, ha acortado las brechas académicas de esos niños potentemente. Ha alcanzado resultados que demuestran que si respetamos a los profesores, como los únicos profesionales de la educación, permitiendo que tengan tiempo para estar en clases y no en temas burocráticos administrativos, la magia ocurre.

¿Pretende abrir socialmente el ingreso al San Ignacio El Bosque?

–Creo fehacientemente que en Chile hay un cambio cultural que debe ir avanzando en este sentido. San Ignacio El Bosque ha avanzado en esta apertura en estas últimas cuatro décadas. Y espero ser un aporte en ello. Esto, con la misma convicción que tengo en el derecho de los padres de elegir dónde poner a sus hijos como de tener un abanico de posibilidades para ello.

Pero lograr quedar en un colegio particular pagado como el que dirige sigue siendo titánico.

–Constantemente revisamos el proceso de admisión. Acá no hay una prueba para los niños, solo una entrevista a los apoderados. El aporte de quienes dirigimos los colegios es levantar esa mirada social. El San Ignacio El Bosque tiene un plus con la colegiatura diferenciada; no hay cuota de incorporación y hay integración de niños becados.

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