Elisa Cabezón (27) es la quinta de los ocho hijos del matrimonio del ginecólogo Carlos Cabezón y la periodista Fernanda Otero (RN), asesora cercana del presidente Piñera desde hace más de una década y exmilitante de RN.

En su casa, asegura, creció presenciando intensas conversaciones sobre la actualidad, ciencia y la economía. “Todos somos de personalidad fuerte, porque mi mamá y mi papá tienen mucho carácter lo que obligatoriamente te hace forjar la personalidad. En las comidas siempre se ha hablado de la contingencia nacional y desde chica me tocó escuchar esas conversaciones”, asegura.

Nieta del exsenador RN Miguel Otero, ese carácter familiar la marcó. Por lo mismo, rápidamente dejó de ser la niña que escuchaba y observaba interesantes debates mientras comía su postre, a aportar con ideas claras en esa mesa numerosa. “Me marcó mucho ver cómo mis papás siempre estaban buscando la manera de aportar al país. Mi mamá desde la política, mi papá desde la docencia en medicina y su trabajo en el sector público. También me marcó el ejemplo de mi abuelo y su experiencia. Sin duda es una familia que influye en tu mirada del mundo”.

Esa influencia a la que se refiere significó que levantar su voz y visibilizar sus opiniones no solo fuera algo reservado a su espacio familiar, sino que lo expandió a esferas como Twitter –donde explica “en fácil” las claves de los debates económicos- y a sus columnas del diario The Clinic, las que comenzó a escribir en noviembre del año pasado.

–Siempre movilizados por el debate político, ¿hay diversidad de opiniones al interior de la familia? Por ejemplo, entiendo que tu primo Cristóbal Otero, economista y ex militante RD, es muy cercano a Gabriel Boric…

–Con los primos somos muy unidos, nos vamos todos juntos una vez al sur y es muy entretenido. Lo que sí, tratamos de no ser tan intensos en las discusiones, somos más buenos para molestarnos, hay más ambiente de talla, de carrete.

–Pero habrán hecho algún comentario cuando entraste a trabajar a la Secretaría General de la Presidencia…

–Cuando le conté a mi mamá que había postulado a esta pega, se puso seria y fue muy clara en decirme que su nombre podría cargarme mucho frente al resto. De hecho, me dijo: “ni se te ocurra decir que eres hija mía”.

–¿Y has tenido que enfrentar algún prejuicio por ser “hija de” o “nieta de”?

–En mi trabajo nunca ha sido tema y creo que se enteraron mucho tiempo después. Puede ser que alguien piense alguna vez que estoy aquí por pituto, pero eso no es problema mío. Yo hago mi pega, la hago bien y mis jefes están contentos conmigo.

–Entraste en septiembre de 2019 a trabajar al gobierno, justo antes del estallido; te tocaron los años más duros de Piñera ¿cómo evalúas la experiencia?

Siempre me molestan por eso (risas). Llegué y quedó la escoba. Sin embargo, han sido los dos años más enriquecedores de mi vida. Tuve desafíos que jamás imaginé y la pega que he tenido que enfrentar sobrepasó todas mis expectativas, ha sido desafiante y entretenida. Nos tocaron dos crisis fuertes y frente a ellas, todo el plan de gobierno hubo que postergarlo y armar uno nuevo. Gestionar nuevas agendas, nuevas ayudas, nuevos problemas, lo que nos obligó a tener que buscar nuevas soluciones en muy corto tiempo y bajo mucha presión. Algo que me generó mucha frustración fue que después del estallido social noté un quiebre entre la ciudadanía y las instituciones técnicas. Vi un divorcio entre lo técnico y las medidas más cortoplacistas que fueron la opción de muchos políticos. Esas medidas más que beneficios generan daños al mediano y corto plazo.

–¿Cómo cuáles?

Los retiros, por ejemplo. El primero uno podrá decir que tuvo buenas intenciones, pero los siguientes creo que respondieron a la presión de la calle. Eso, desde el mundo de lo técnico, era frustrante porque con el equipo nos tocaba evaluar los proyectos, las implicancias y muchas veces no nos hicieron caso en el Congreso. En el caso de los retiros, tanto los economistas de derecha como de izquierda, de manera transversal, consideraron que era una mala medida. Y aun así, tanto políticos de derecha e izquierda, la apoyaron. Eso fue muy frustrante.

–¿No consideras que el gobierno se demoró mucho en ofrecer las ayudas?

La pandemia afectó el ingreso de los hogares de manera muy rápida. En tres meses el empleo retrocedió 10 años, fue una crisis muy aguda y veloz. Súmale que en Chile no existía la estructura para entregar los beneficios a las personas, principalmente porque hay mucha informalidad. Con los trabajadores formales existen los mecanismos para llegar a ellos, pero para los informales no existía esa red. Fui testigo de cómo el Ministerio de Desarrollo Social hizo un enorme esfuerzo en aumentar esa red a través del Registro Social de Hogares. Todo ese contexto atrasó la entrega. Si hay algo bueno de esta pandemia, es que se avanzó mucho en la logística para llegar a esos sectores en donde antes no se podía.

“La gente ve a los técnicos como un club”

A mediados del año pasado, Cabezón abrió su cuenta @mecabezon en Twitter, que en solo tres meses ya contaba con más de 7 mil seguidores. El objetivo de ello era uno: acercar el debate económico técnico a la ciudadanía. “Empecé a notar que en un año de tantas elecciones la gente quería participar más de las políticas públicas que se discutían en los debates y entender más los conceptos claves de economía. Había mucha fake news dando vuelta y poca aclaración. Entonces partí por ese interés de explicar cosas básicas y en sencillo a las personas, pero jamás me imaginé tener una recepción tan positiva. Mucha gente comenzó a hacerme preguntas por twitter y las fui respondiendo”, cuenta. “A veces incluso había gente que me criticaba, pero cuando a ese comentario mala onda tú lo respondes con amabilidad y argumento, todo cambia. Eso fue una experiencia muy bonita porque se caían las murallas de la polarización y se generó un dialogo”.

–¿Crees que la mirada de los técnicos se desvalorizó post estallido social?

Así es. Eso sucede porque la ciudadanía desconfía de los técnicos y hay que trabajar en recuperar esa confianza. La gente ve a los técnicos como un club, que hablan de sus cosas en su idioma, con términos complejos y que queda entre ellos. No se logra conectar, ni comunicar de manera correcta y creo que hay que mejorar estos aspectos para volver a recuperar políticas públicas pro crecimiento y desarrollo.

–Y ¿de dónde surge tu interés por la economía?

Me marcó tener dos hermanos mayores que estudiaron Economía y cuando en Tercero Medio me tocó estudiarla como una asignatura me llamó la atención. Me encantó darme cuenta que la economía modelaba las decisiones que tomaban las personas día a día. Me pareció una ciencia muy real, en contraste con física, química, en dónde todo es más abstracto y estudias cosas que nunca ves, como el potrón, la fuerza neta o el hidrógeno. El paso de esa ciencia a esta ciencia social me pareció fascinante e hizo que me agarrara el bichito.

–Luego de que crearas tu espacio en redes sociales para acercar la economía a las personas, te invitaron a tener tu propia columna…

Si alguien me hubiese dicho hace un año que iba a escribir en The Clinic yo hubiese respondido ¡imposible! Uno de los editores del diario se contactó conmigo, me contó que andaban buscando a una economista que explicara en fácil las políticas públicas y que mis hilos en Twitter le habían gustado. Fue divertida la conversación, porque le planteé: “¿tú estas consciente de que yo trabajo en el gobierno de Sebastián Piñera y que este es un cargo de confianza?”. Y él me respondió que no había ningún problema. Eso me provocó una muy buena impresión, porque claramente yo no soy lo más representativa de su línea editorial.

“No vi un plan claro de acción”

–A menos de dos meses de que termine el gobierno de Piñera, a tu juicio, ¿Qué le faltó a la derecha para encantar a la ciudadanía en las elecciones?

Le falta tener una mirada más emprendedora, que sea capaz de ver demandas en el mercado que no están satisfechas y ofrecer una solución, creo que la izquierda lo ha hecho bien en ese sentido, ve las heridas y es capaz de llegar con propuestas. La izquierda, por ejemplo ha sido capaz de capitalizar el tema de las minorías, de darles más fuerza y eso es algo que está impregnado en mi generación, que tiene muy internalizada la palabra “inclusión”. La izquierda se ha apoderado de esas voces y sin duda lo ha hecho mejor. Y por otra parte a la centroderecha le falta mejorar su comunicación y acercar las políticas públicas a las personas. Cuando lo haces bien generas más confianza de la ciudadanía.

–Desde tu mirada técnica, ¿te preocupa el futuro de gobierno de Boric?

Habrá que ver quién va a ser el nuevo Ministro de Hacienda. Me preocupa que durante la campaña Gabriel Boric prometió mucho y generó altas expectativas, con metas muy ambiciosas, pero no vi un plan claro de acción, ni tampoco sustentado en lo técnico. Al final las políticas públicas bien intencionadas, pero que no se sustentan en la técnica, generan más daño que beneficio. Por eso estoy esperando ansiosa los nombramientos en el Ministerio de Hacienda y Economía. De todas formas creo que cuando eres gobierno te moderas más que cuando eres oposición. Me pareció muy bueno, por ejemplo, el discurso de Boric en la Enade.

Dices estar esperando ansiosa los nombramientos en Economía y en Hacienda. Sobre esta última cartera, según los trascendidos, no ha sido fácil encontrar a la personas adecuada. ¿Qué opinas acerca de los dichos de Nicolás Grau, quien le restó importancia a Hacienda frente a otros ministerios?

Creo que Hacienda es muy importante porque los políticos siempre tienen la inclinación de recurrir a medidas de más corto plazo y el ministro de esa cartera es muy relevante para “frenar los caballos”. Esas medidas que hoy pueden tener muy buenas intenciones, también pueden tener fuertes repercusiones, porque todo se paga en algún momento. Entonces es muy importante que haya un Ministro de Hacienda que pare los carros y que impulse la prudencia en el gasto público.

–¿Qué nombre de la actual oposición te parece interesante y que podría dejar tranquilos a los mercados?

Andrea Repetto habría sido muy buena. Un nombre que me tranquilizaría bastante es Rodrigo Valdés, pero al parecer el sector de Boric lo percibe más cercano al centro y la concertación.

–Entiendo que en tu tiempo libre colaboras en un movimiento ciudadano que defiende la autonomía del Banco Central en la nueva Constitución. ¿Tienes esperanza en el proceso?

Así es, y si trabajo en eso es porque tengo fe en que podemos tener una buena Constitución, que respete los mínimos para que un país vuelva a crecer y desarrollarse. Pero hay que ir viendo… tengo esperanza de que llegue a buen puerto.

–En general, hay bastante consenso respecto a la autonomía del Banco Central, ¿ves una amenaza real en ese punto?

Si bien todos hablan de que hay que respetar la autonomía, en la letra chica hay iniciativas en la que el Banco Central perdería esa independencia. Por ejemplo, Fernando Atria plantea que en la nueva Constitución se debiera permitir acusar constitucionalmente a los consejeros y eso es justamente lo opuesto a la autonomía. La gracia de esa autonomía es que el Banco Central es un organismo de técnicos que toma decisiones sobre las políticas monetarias del país independiente de los políticos. La tentación del mundo político de usar al Banco Central para financiar sus propios proyectos es muy grande y el “aislamiento” de los técnicos les permite trabajar sin presiones. Encuentro muy graves los dichos de Fernando Atria y él es uno de los líderes de la Convención. Entonces creo que sí existe una amenaza real.

–En marzo tienes que buscar trabajo ¿Qué te ves haciendo? ¿Te interesa la política?

Definitivamente me interesa más lo técnico que la política. Tengo mucha curiosidad de entrar al mundo privado, por una parte me encanta analizar políticas públicas, pero por otra parte me gustaría mucho vivir la experiencia de tener un cliente, asesorarlo y si sale mal hacerme cargo. Pero en marzo veré, estoy evaluando aún.

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