—La UDI va a hacer una jornada para afinar la coordinación entre convencionales, parlamentarios y figuras históricas del partido —nos cuenta esta mañana José Tobías Silva, mirando el diario de la mañana.

—¿En esta fecha? Qué horror —comento.

—Se llama «Match UDI».

—Algún lado lúdico tendrá.

—Suena como a Tinder.

—Pero es en La Leonera, en Codegua. Me suena más a juegos criollos.

—Ahí fue la pretemorada de Colo Colo cuando ganaron la Copa Libertadores —recuerda Walter Alberto.

—Todo un augurio.

—¿Y RN no juega?

—Ellos andan de gira por el sur, visitando a su base social.

—Desde el Biobío a Los Lagos.

—Parece gira de estudios —dice María Luisa Fernández.

—Dicen los expertos que el exceso de trabajo causa desgaste emocional, agotamiento físico, estrés, ansiedad y depresión.

—¿Más o menos despresión que las derrotas electorales, Jota Jota?

—Quizás es mejor que la oposición se tome vacaciones de verdad y vuelva en marzo.

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“Su total falta de remordimientos durante una deplorable entrevista con la BBC, en 2019, comenzó la destrucción de su figura pública”.

Incluso en una era marcada por numerosos escándalos personales de miembros de la familia real británica, la reacción del Palacio de Buckingham a la decisión de un juez federal de Manhattan de dar curso a un juicio civil contra el príncipe Andrés por violación contra una menor de edad fue rápida y devastadora. El hermano del príncipe Carlos, también conocido como el duque de York, quien fue durante dos décadas el segundo en la línea de sucesión a la corona, debió renunciar a sus cargos militares honorarios y sus relaciones con instituciones de caridad ligadas a la corona.

Otras sanciones, más severas aún, incluyen abandonar su título de “Su Alteza Real”, que lo distingue como uno de los miembros de mayor jerarquía dentro de la familia real; la prohibición de participar en cualquier capacidad como representante de la familia real en una función pública, e indicar que “se defenderá en este caso como un ciudadano privado”. Fue una remoción drástica de quien fuera alguna vez el hijo favorito de la reina Isabel II.

Las medidas adoptadas por la institución real —la mismaque la difunta princesa Diana llamó “la empresa”— parecen estar motivadas por un deseo de distanciarse de cualquier revelación durante el juicio del príncipe Andrés, en un año en que la monarca celebra setenta años desde su coronación, su aniversario de platino. Isabel II ha superado a la reina Victoria como la reina más longeva y del reino más duradero de Gran Bretaña.

De esa forma se derrumbó la imagen de quien fue, hasta hace no muchos años, uno de los integrantes más populares de la familia Windsor. Su popularidad —derivada de un sentido de humor travieso, de su servicio militar como piloto de helicóptero durante la guerra de las Malvinas, en 1982, y de su posterior imagen como el soltero más codiciado del reino— fue destruida por su amistad —y, también, por la inepta posterior explicación de aquella amistad— con Jeffrey Epstein, ex financista y condenado depredador sexual que se suicidó en su celda en Nueva York, tras un segundo proceso en su contra, en 2019.

El príncipe Andrés es acusado de haber violado a Virginia Roberts Giuffre, en 2001, cuando ella tenía 17 años, en Nueva York, Londres y una isla privada caribeña, a instancia de Ghislaine Maxwell, ex pareja de Epstein, quien ha sido condenada por cinco cargos, entre ellos prostitución infantil y tráfico humano, como procuradora de niñas menores de edad para Epstein.

El heredero niega las imputaciones. Reconoce sí que aparece en una fotografía junto a su acusadora y a Ghislaine Maxwell, pero afirma que no la recuerda. Su total falta de remordimientos durante una deplorable entrevista que concedió a la BBC, en 2019, donde describió a Epstein, entonces procesado por tráfico de menores, como alguien de “una conducta inapropiada”, comenzó la destrucción de su figura pública. Aquella demolición ha sido sellada a instancias de su hermano, Carlos, y su sobrino, William. La “empresa”, casi por primera vez, ha respondido a las críticas públicas.

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Juventudes

Señor Director:

No puedo dejar pasar la carta “Juventudes”, dando un sermón a las directivas juveniles de los partidos políticos de centroderecha. En mi experiencia en el cargo no me tocó lidiar con ningún “hijo o sobrino de”; todo lo contrario, muchos jóvenes que son primera generación en terminar la educación secundaria y en acceder a la educación superior y ese factor, se dio de manera transversal en las tres tiendas políticas que componen hoy el sector. Podemos coincidir en que puede faltar actitud para llevarle la contra a los adultos, pero eso es super fácil plantearlo desde la comodidad de las redes sociales, sin tener la misión de construir instituciones capaces de generar vínculos, sentido de pertenencia y un sueño de proyecto país. Las juventudes en la centroderecha podemos tener muchos desafíos y también errores, pero no podemos aceptar que alguien venga a decir que somos “hijos de” y darle la atribución de construir caricaturas.

Luis Fernando Castellón

Exsecretario general Juventud Evópoli (2020-2021), exmilitante Evópoli

Masa vegetal

Señor Director:

Cada día está más presente el tema del manejo del agua. El desafío hídrico en Chile no se puede ignorar y el tiempo para actuar se hace crítico. La masa vegetal urbana no aparece como una prioridad y en las ciudades de zonas más secas, la sobrevivencia de la vegetación va de la mano con la humana. El derecho humano al agua es innegable y el de la flora también lo debiera ser.

En estas ciudades la vegetación y la arborización son un regalo que refresca la calidad de vida de las personas e inyectan oxígeno y frescura a la atmósfera, pero mantenerlas requiere de trabajo. Las políticas de manejo de aguas deben buscar soluciones alternativas para lograrlo, como podría ser aprovechar aguas residuales urbanas o grises como un servicio de riego de los municipios.

Parte del país se seca y es urgente que las personas tengan acceso al agua, pero también lo debe tener la vegetación que nos acompaña para garantizar la calidad de la vida y del ecosistema.

José Domingo Peñafiel

Miembro de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA)

Comisión

Señor Director:

La Comisión de Derechos Fundamentales concentra gran parte de las expectativas que la ciudadanía ha depositado en la Convención. Sin embargo, el trabajo realizado hasta el momento pone en duda su satisfacción: han escuchado sólo a una ínfima parte de los ciudadanos y organizaciones que solicitaron audiencia y ha carecido de la capacidad de dotarse de un cronograma interno coherente con el reglamento que la Convención aprobó.

Los constituyentes arriesgan volver a tropezarse, como se ha advertido tantas veces, si es que utilizan el proceso de deliberación y redacción del capítulo sobre derechos fundamentales como un medio para satisfacer las reivindicaciones identitarias. Toda Constitución moderna tiene un componente simbólico de reconocimiento, pero llevado al extremo, puede terminar por convertirse en frustración. Ojalá entiendan que en este caso “menos es más” y que un buen catálogo de derechos fundamentales no es aquel que más identidades reivindica, sino el que distingue con honestidad aquello que es efectivamente un derecho de lo que es una legítima aspiración.

José Ignacio Palma Arancibia

Programa Constitucional Fundación Jaime Guzmán

Amarillos

Señor Director:

La campaña iniciada por Cristián Warnken, y secundada ahora por el padre Enrique Opaso, adolece de una mala comprensión, involuntaria por cierto, del calificativo “amarillo”. A la persona que así se moteja es alguien pusilánime, indefinido, que en sus opiniones recurre siempre al “si bien es cierto, no es menos cierto”. Claramente ni el filósofo columnista ni el activo sacerdote tienen cabida en ese grupo.

Patricio Mackenna Salas

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HARAKIRI

En nuestra edición impresa del viernes (p. 5) consignamos por error que el FA y el PC, en la comisión de Sistema Político de la Convención Constituyente, habían presentado propuestas para un Congreso bicameral. En realidad, ambos presentaron, juntos, una propuesta para un sistema unicameral.

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