La Escuela Tomada» (Taurus, 2015), de Alfredo Jocelyn-Holt, es un notable libro de anticipación política. En medio de tanto comentarista político que, a duras penas, balbucea unas cuantas obviedades, el texto de este historiador, doctorado en Oxford y académico de la U. de Chile, es de una agudeza clarividente.

Retratando a los alumnos que, liderados por el hoy presidente electo Gabriel Boric, fraguaron una extensa toma en la Escuela de Derecho de dicha universidad en 2009, y que terminó con la salida del entonces decano (Roberto Nahum), Jocelyn-Holt escribió: “Faltos de mundo, de historia, de roce cosmopolita y protocolar, son lo que hay no más, qué le vamos a hacer. Son nuestros típicos estudiantes, probablemente nuestros eventuales políticos típicos quienes, típicamente, dirigirán algún día los destinos del país, tan típicamente como siempre, de acuerdo a sus típicas limitaciones”.

Jocelyn-Holt nunca dudó que, tarde o temprano, Boric terminaría en La Moneda. Si se le pregunta cómo vio el triunfo del diputado, dirá: “Como predecible y agotador. Confirmó lo que venía sosteniendo sobre el progresismo de izquierda desde el 2009 en columnas y «La Escuela Tomada», que comencé a escribir a partir de la toma en Pío Nono hasta llegar a las movilizaciones del 2011 (…) De ahí que, lo admito, este nuevo desenlace me produjo cansancio. Tuve la sensación, además, que tendré que seguir en lo mismo, resistiendo el proceso en la misma Escuela de Derecho, misma U. de Chile, ahora en fase ‘toma de La Moneda', proyectado a todo Chile”.

—Con el paso de los años, ¿sigue pensando lo mismo de los sucesos de la toma de la Escuela de Derecho? Visto desde la distancia parece ser el primer capítulo de un nuevo ciclo político: ahí debutaron Boric y Atria.

—Sí, una misma historia, pero no un nuevo ciclo, a lo sumo un nuevo capítulo que habrá que ver si prospera. A veces los fenómenos históricos hablan por sí solos, y éste es el caso. Igual, conformarse ante tamaña historia a cuestas, empantanada, abruma y aburre sobremanera. Tener que explicarse por qué para algunos todo esto significa “progresar”, mientras que para otros, entre los que me cuento, no nos parece. No al menos como el triunfalismo presenta sus “avances”, los de la dictadura, luego los concertacionistas, y ahora progresistas. Involucrando además a un mismo tipo de gente, Boric, Piñera, Bachelet, Lagos, Frei, Aylwin y Pinochet para atrás. El “Che” Guevara nos ojeó y han seguido con el cuento: “¡Seamos la pesadilla de quienes pretenden arrebatarnos los sueños!”. Complicado para quienes desconfiamos del poder y aspiramos a un mínimo de paz y tranquilidad.

—¿Cómo era la generación de Boric que le tocó conocer en la universidad?

—El grupo entre el cual figuró Boric en alianza con profesores, lo que supone no una generación sino varias, me impresionó el 2009 por voluntarioso, conspirativo, intolerante, con una alta autoestima no respaldada. Ni intelectual o políticamente. El diagnóstico histórico que manejaban había sido definido por la crítica que hicimos muchos, a fines de los 90': el de la transición que no fue. La gran diferencia era que este grupo activista, nosotros no lo éramos ni lo pretendíamos, plasmaron lo que dicha crítica anunciaba como posible. Así y todo, nosotros creíamos en la institucionalidad, de ahí que nunca me hayan deslumbrado políticamente. A lo sumo, pretenden hacerse de instituciones públicas “desde adentro” y socavarlas, algo sumamente violento.

—Se lo pregunto porque varios análisis han apuntado a que una “nueva generación” llegó al poder. Ahora, no parece novedoso, ¿no? Eso se ha producido en la historia de Chile, pienso, por ejemplo, en el gobierno de Frei Montalva.

—En efecto, con la particularidad que lo intentaron revolucionariamente ya una vez, a partir de 1964 y fracasaron, no sólo en Chile, también en América Latina, EE.UU. y Europa. Con un altísimo costo para ellos, porque la contrarrevolución que también es revolucionaria, como los militares y “Chicago boys” en Chile, Reagan, Thatcher y muchos otros, terminó ganando a partir de 1968 y con aún más ímpetu post-1989.

—En una entrevista a LUN, Joaquín Trujillo decía que “Boric nunca ha dejado de madurar”. Por cierto, lo dijo con algo de sorna. ¿Para usted Boric ha madurado políticamente?

—Muy lúcido e irónico el comentario de Joaquín, como siempre. Apunta además a un hecho capital: Boric y su gente se las van a tener que ver con otros de su propia generación, no sólo la mía y anteriores, y esa va a ser su prueba de fuego. Está por verse si dicha generación es tan monolítica. Ahora, Joaquín me va a entender: una cosa es leer un Bildungsroman, una “novela de educación” que versa sobre un cínico como Julien Sorel en «Rojo y Negro» de Stendhal, o Lucien de Rubempré en «La Ilusiones Perdidas» de Balzac, y otra muy distinta es tener que contentarnos con un político principiante pero que puede alterar tremendamente la realidad de un país que se merece algo mejor en ese género.

—Usted ha dicho que Boric siempre ha contado con buenos padrinos, primero en la universidad –Barros, Harasic, Atria– y luego en la política –Maira–. ¿Cómo cree que será el liderazgo de Boric ahora que no necesita a nadie que lo apalanque?

—Los seguirá habiendo, aunque yo no diría que los mencionados son padrinos “buenos”; padrinos, sí. Boric cuenta ahora con el rector Vivaldi, lo hemos visto. Habría que preguntarse si la relación con el PC es de esa índole, y siendo todavía joven si figuras internacionales mayores podrían cumplir esa función, lo que sería delicado. Los anteriores padrinos son “diablos conocidos”.

—En una de sus últimas columnas en «La Tercera» apuntaba a toda esa gama de “publicistas, sociólogos, politólogos y periodistas”, “todos sincronizados con aplausómetro”. ¿Cree que Boric tiene, pongámoslo así, “buena prensa”?

—Sí, desde la toma del 2009 su impacto ha sido eminentemente mediático. Todos los otros candidatos en esta elección no tenían igual ventaja; sirvió para compensar carencias. No es descartable que el gobierno del Frente Amplio opte por querer una prensa afín, en modo kirchnerista. De hecho, este es uno de los principales peligros posibles. Puede que se produzcan enfrentamientos con una prensa menos solícita. Y cabe preguntarse de qué naturaleza ha sido el apoyo que ha tenido: ¿de periodistas jóvenes capaces de neutralizar a editores y propietarios? Agradezco la pregunta porque aquí se verá qué tan poco pluralista es el frenteamplismo. Vimos lo que ocurrió entre la alcaldía de Viña del Mar y Puerto de Ideas.

“Boric es más del gusto MAPU”

—Durante la campaña usted señaló que Boric era “débil (…) y muy inseguro”. ¿Su alta votación puede cambiar aquello?

—El Boric del 2009 sigue siendo el mismo. Entró a La Moneda para juntarse con Piñera, colegiadamente, de igual manera como presidió la toma, asambleas, y la FECH. Fue un triunvirato o “junta” lo que entró a los patios de los Naranjos y de los Cañones. Ha pasado ya antes y está visto que Giorgio Jackson no partió a Londres a estudiar. Con Boric lo que siempre importa no es él, sino quienes están detrás.

—Hablando con Luis Maira, nos decía que, tras el discurso el día de su triunfo, Boric había adquirido “otra dimensión”.

—Leí la entrevista a Maira. Él promueve a un Boric a quien atribuye una supuesta estatura y aplauso internacional. Frei Montalva, más capaz, tuvo esa táctica inicial y en sólo tres años debió olvidarse de Bélgica y aterrizar en Chile, donde el futuro MAPU e Izquierda Cristiana desfondaron su gobierno y le pavimentaron la llegada a Allende. Maira no habla de eso, Tironi tampoco y eso que tuvieron que ver. Por cierto, Boric es más del gusto MAPU que incluso Lagos. Con todo, Boric no es Tomic. Y Maira lo sabe, aunque no lo diga.

—¿Le pareció creíble el vuelco de Boric en la segunda vuelta?

—Para nada, coincido con Carlos Peña, en cuanto a que los políticos, todos hipócritas, no se les debe creer. Difiero del rector-columnista, sin embargo, que ello no importe, que exista una hipocresía “en buen sentido”. He notado que varios comentaristas han justificado las “transformaciones” de Boric en clave maquiavélica. En mi última columna propongo distinguir entre un maquiavelismo primario, y un Maquiavelo en serio.

—En ese sentido, después de la elección, varios cercanos a Boric como Giorgio Jackson o Sebastián Kraljevich, han sostenido que ese viraje al centro no fue tal. ¿Desde qué espacio político cree que gobernará?

—Tiendo a coincidir con los secuaces de Boric. Quizás hasta podamos estar de acuerdo con la tesis de que la socialdemocracia está más en crisis que el neoliberalismo, y éste último y la institucionalidad clásica liberal son un trofeo mayor. Hacia allá apuntan. Y para eso sólo sirve el populismo, como lo explican Laclau, Mouffe, y Rosanvallon. No creo que manejen un posible esquema tipo chino. Pero, quién sabe, en una de éstas así se salvan del posible desfonde económico que tendrán que presidir, administrar o ahondar.

—Usted ha dicho que la exConcertación está “artrítica” y que el Frente Amplio es “cínico”. ¿Será viable un gobierno con una izquierda que hoy, en el mejor de los casos, está reordenándose?

—He dicho también que el principal impulso histórico es la fuerza del anacronismo. Por tanto, si logran ganar elecciones también pueden administrar un gobierno tan o más despelotado y esquizofrénico que el de la UP con sus días contados.

—¿Cómo ve el rol del PC en el nuevo Gobierno? Ya no se trata de un invitado de piedra como en Bachelet II, sino el principal partido de Apruebo Dignidad.

—El PC en Chile nunca ha sido hegemónico a la hora de formar parte de un gobierno. Ni desde el Frente Popular, pasando por Allende y Bachelet. Por eso, Camila Vallejo que más que cerebro gris, es vocera, viene insistiendo desde tiempos de Bachelet que hay que tener un “pie adentro y otro afuera”. Todo parece indicar que este va a ser un gobierno centrado publicitariamente en la figura del “Señor Presidente”, aun cuando el gobierno va a ser colegiado en la práctica. Hasta Arturo Fontaine, el más insistente defensor del presidencialismo, va a estar contento. Sigue el presidencialismo y sigue la lógica estatal. Si ello se logra en la nueva Constitución de Atria, más crucial que Boric mismo, el establishment va a conseguir transversalidad. Los militares, la derecha, el empresariado, los medios, todos se van a cuadrar. Un esquema así puede incluso permitir lo que ocurrió el 73, que se instale una dictadura, porque persistirá el Estado, y a este lo puede dirigir cualquiera pues tiene una lógica autónoma de la sociedad, y dispone de los mayores recursos en un país que volverá a ser más pobre, versión “chilena” tradicional, que lo que ha sido últimamente. Prefiero ser pesimista, sirve para resistir, que optimista, que es un grito a menudo desesperado; la realidad no lo acompaña.

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