“La responsabilidad de los futuros constituyentes va más allá de la redacción de un texto. La recomposición de la discusión política comenzará con ellos”.

Luis Cordero Vega

Queda poco para iniciar el año más importante de las próximas décadas en nuestro país. Una nueva Constitución es más que la redacción técnica de unas normas sobre derechos e instituciones; es, ante todo, un proceso de diálogo para construir el relato y las palabras que definen nuestra vida compartida.

Hemos estado viviendo cambios acelerados, con un nivel de intensidad que ninguno de los textos constitucionales previos tuvo a la vista. La idea que la Constitución pueda gobernar el detalle de nuestras decisiones colectivas es un error ampliamente difundido en el último tiempo. Sus reglas no transforman; sólo deben permitir que los cambios ocurran bajo los criterios que legitiman cotidianamente el sistema democrático, sin restricciones artificiales.

En el discurso común que tienen los innumerables candidatos a la constituyente que han anunciado sus postulaciones estas últimas semanas está la necesidad de transformar la forma de hacer política, buscando en la nueva Constitución un camino que lo facilite.

El punto, sin embargo, es que para que eso ocurra los constituyentes deberán encontrar los espacios de acuerdo más que las diferencias. Si su aspiración no sólo es tener un nuevo texto, sino que cambiar las condiciones de la conversación pública, entonces recaerá sobre ellos la responsabilidad de una transformación que va más allá de las reglas que acuerden. Está en juego la dignidad de la política y la tolerancia que permite su ejercicio.

Pero para lograrlo el tiempo es breve. No tendrán más que doce meses desde su instalación, período en que el listado de asuntos será extenso; la revisión de los procesos previos será iluminadora para varios debates; dispondrán como nunca en la historia de Chile de la colaboración de los mejores expertos nacionales e internacionales en cada uno de los temas que deseen discutir, y deberán garantizar mecanismos de participación que no provoquen frustración.

Ese tiempo no sólo es acotado para la envergadura del desafío. Lo es también para crear un ambiente constituyente. Este es necesario para hacer posible la construcción del lenguaje común que nos une, de modo que todos perciban que sus proyectos de vida son respetados y que no deben temer ser arrasados sólo por manifestar sus diferencias.

Por todo ello, la responsabilidad de los futuros constituyentes va más allá de la redacción de un texto. La recomposición de la discusión política comenzará con ellos. Fracasar en ese intento hará el futuro más difícil. Por eso quienes asuman esas funciones no deberían olvidar la advertencia del juez Taylor en “Matar a un Ruiseñor”, la novela de Harper Lee: a veces, pese a todos los esfuerzos en la sala de audiencias, “la gente ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oír”.

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Marcelo Sánchez Fundación San Carlos de Maipo

En el último tiempo, el hurto a través de los llamados turbazos parece aumentar su frecuencia en algunos territorios. En general los involucrados se encuentran entre los 13 y los 40 años, desertores escolares en su mayoría, con inicio temprano de trayectorias delictivas y sin control de agresividad e impulsos, por lo que suelen ser violentos.

Este tipo de ilícitos es muy delicado, no sólo por las consecuencias económicas en el pequeño comercio y la extensión de la cadena delictiva, sino porque tiene devastadoras consecuencias entre los niños y jóvenes que participan en él, normalizando la conducta criminal. Dicho itinerario, a tan temprana edad, abre espacios a graves vulneraciones, como el consumo de drogas, la asociación a bandas delictivas o de narcotráfico, el abandono escolar temprano, y otras. Por ello es fundamental fortalecer los dispositivos de protección y prevención efectivos que interrumpan estas trayectorias. Es evidente que la oferta pública es limitada en esta materia; no obstante, hay iniciativas que articulan programas con evidencia e impacto en la reducción de factores de riesgo delictivo, como el Sistema Lazos de la Subsecretaría de Prevención del Delito. Sin embargo, se requiere que tanto el Sename como la Subsecretaría de la Niñez colaboren y dispongan de oferta con los mismos parámetros de calidad, enfocada en dotar de factores protectores a familias, escuelas y comunidad.

En los años setenta, los psicólogos Marion Forgatch y Gerald Patterson hicieron estudios longitudinales basados en teorías sociales, del comportamiento y del apego, y aplicaron un modelo de acompañamiento terapéutico en un grupo de familias de alta vulnerabilidad, contrastando con un grupo de control. Luego de nueve años de seguimiento vieron que los niños, ya adolescentes, habían tenido distintos resultados: los del grupo de control habían caído en conflicto con la ley, drogadicción y sexualidad temprana cuatro veces más que los de las familias intervenidas. Ello dio origen al Programa Generation PMTO, que ha sido calificado con el más alto estándar de evidencia en Estados Unidos y que hoy está evaluándose al interior de Senda. Es urgente replicar estas iniciativas a nivel nacional, para contribuir a una oferta de calidad y con evidencia que llegue antes e interrumpa la trayectoria que impida un desarrollo positivo de la infancia.

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“Como Jackson, sus hijos y nietos los excluyen sin pudor ni remordimiento. Para ellos, mucho mejor el PC”.

Claudio Alvarado R. Instituto de Estudios de la Sociedad (IES)

“Para nosotros es más natural una alianza con el PC que irnos con la ex Concertación”. La entrevista de Giorgio Jackson fue muy reveladora. Ya no más pactos por omisión (así llegó Jackson al Congreso), ya no más colaboración crítica con la centroizquierda (así llegó RD a comandar el Mineduc de Bachelet). Justo cuando Daniel Jadue sube en las encuestas, los rostros del viejo movimiento estudiantil aspiran a la máxima pureza. Si se quiere, el sueño es revivir algo así como el tercio que representó la Unidad Popular. Menos democracia burguesa y más ímpetu revolucionario, es el sueño latente.

Desde luego, la apuesta tiene mucho de nostalgia sesentera y poco de renovación política —la actitud del PC ante Venezuela habla por sí sola—, pero la decisión de Jackson tampoco sorprende demasiado. Su mundo siempre ha mirado con recelo —casi con repugnancia— la transición y los gobiernos posdictadura. Además, hace varios años el futuro residente del Reino Unido ya se jactaba de andar con “Atria en la mochila”. Lo del diputado RD simplemente se veía venir.

Con todo, este giro (aún más) a la izquierda de Jackson y su lote confirma ciertas tendencias del Chile postransición. Por de pronto, refleja un fenómeno que subraya Sol Serrano en su lúcido comentario a “Nos fuimos quedando en silencio”. Se trata del abandono de las ideas y de la cultura —de la teoría de la democracia— por parte de la centroizquierda. Este sector, en palabras de la premio nacional de historia, no advirtió a tiempo que “las distintas corrientes del posmodernismo, del lenguaje sólo como instrumento de poder y dominación estaba bien cerca del nihilismo y de la acusación de ilegitimidad de todo el sistema”. No es fortuito que la Concertación sea observada con casi tanta distancia como Augusto Pinochet.

El efecto de todo esto, aunque parezca paradójico, no es un proyecto de futuro. Es más bien el retorno a las mismas lógicas que la centroizquierda supuestamente había abandonado luego de su autocrítica ochentera. Como recuerda Max Colodro en su reciente libro “Chile indócil”, la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por una permanente e irresuelta confrontación histórica. Las planificaciones globales y los proyectos excluyentes —el propósito de erradicar al adversario político, desde el terrateniente hasta el militante de izquierda— sólo fueron parcial y momentáneamente superados con el retorno a la democracia. El desprecio de esta trayectoria por parte de sus protagonistas, la forma en que los artífices de ese frágil entendimiento (no) narraron ni explicaron su propia biografía, tuvo consecuencias. Como Jackson, sus hijos y nietos los excluyen sin pudor ni remordimiento. Para ellos, mucho mejor el PC.

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