Es un sector que no se ve, pero está presente en las celebraciones más importantes. Son los banqueteros/as —en su mayoría, mujeres— y dueños de centros de eventos, que organizan matrimonios y eventos empresariales. Y uno de los más golpeados por la pandemia, porque recibieron pocos créditos Fogape (solo el 15% recibió en promedio el 30% de un mes de ventas como crédito) y tienen las mayores restricciones sanitarias. No importando el tamaño del espacio, están autorizados para atender 25 personas en recintos cerrados y 50 en exteriores en las comunas en Fase 3, y 50 y 100, respectivamente, en etapa 4.

Mientras, la Cámara de Diputados aprobó la semana pasada un proyecto de acuerdo (de manera unánime) que pide al gobierno eximirlos del pago de IVA y de contribuciones en 2020 y 2021 y que se les aplique una nueva regulación sanitaria.

“Si nos dan viabilidad en el corto plazo y nos permiten un aforo de 50% (4 personas por m2) con un máximo de 300 personas de aquí a enero, la industria se salva. Si no, el 95%, casi nueve mil empresas, en su mayoría pymes, va a quebrar y se perderán 50 mil empleos con contrato indefinido y 200 mil part time”, dice la presidenta de la Abach, Sofía Jottar, una de las cinco banqueteras más grandes del país y dueña del centro de eventos Casona de La Laguna en Piedra Roja, Chicureo.

En un año normal Jottar atiende 120 matrimonios. “Este 2020 quizás llegue a 30, sumando los que alcancé a hacer hasta el 14 de marzo. Por el toque de queda solo resultaban los sábados, pero ahora que se extendió hasta las 12, se van a reactivar los viernes”.

La nueva modalidad son fiestas con dos turnos: de 17 a 20 el primero; de 20 a 23:30 el segundo, donde van los jóvenes y el precio es más económico, ya que en lugar de platos a la mesa hay carritos de hamburguesas, pizzas y papas fritas.

“De alguna manera nos ponen también un límite de ventas por la cantidad fija de público que podemos atender”, dice Jottar, quien este sábado organizó su primer matrimonio desde marzo. Eran 84 invitados, por lo que bastó un turno, hubo nueve mesas en un salón donde caben 60 mesas, cada una con alcohol gel y mozos con mascarilla. Para hacer más acogedor los espacios vacíos, puso sillones y mesitas. Cuenta que se emocionó cuando vio llegar a los novios, “es echar a andar de nuevo el negocio, le mandé un audio a mi marido (Jorge Dacarett, embajador en Emiratos Árabes) y me respondió mabruk, que en árabe significa bendición”. Ella es de origen libanés; él, palestino.

Matrimonios reagendados

Ingeniera civil de la UC, 50, llegó por azar a la banquetería. A los seis años aprendió a cocinar con su mamá y a los nueve preparó su primer pato a la naranja. “Fuimos al supermercado, compramos un pato congelado, lo metí al horno y obtuve una carne seca en vez de untuosa y jugosa, pero mis seis hermanos y mis papás se lo comieron por solidaridad”.

Por su marido —de la misma profesión y universidad— llegó a vivir recién casada a Buenos Aires. Como no podía trabajar por falta de visa, hizo clases de cocina. De vuelta, siguió enseñando medio día y el otro lo dedicó a su profesión hasta que el fallecido Marcelo Ruiz, socio de la firma dueña de la Casona de Las Condes, la contrató en 2000 como banquetera.

En 2008 se independizó, en 2010 compró un terreno en Piedra Roja, Chicureo, y no paró de crecer hasta esta crisis.

—¿Lo tuyo es negocio o pasión?

—Es una pasión que también es un negocio, pero no existe nadie que sea banquetera y amase una fortuna.

—Los novios reservan con un año de anticipación. A raíz de la pandemia, ¿cancelaron?

—No, la mayoría reagendó para 2021, con la esperanza de que habiendo una vacuna, las restricciones van a terminar.

—¿Cuándo crees que van a normalizarse los eventos?

—Después de que salga la vacuna, que debiera ser el segundo semestre de 2021, la gente va a celebrar en grande. La gente quiere abrazarse y volver a encontrarse con locura, y terminar con esta cosa tan poco humana que es guardar distancia del prójimo.

—¿Volverán los matrimonios de 300 o 400 personas?

—Yo creo que al principio van a ser fiestas más chicas, porque la gente está con una situación económica más difícil, pero hacia el segundo semestre y fines de 2021 debieran volver las fiestas grandes como antes.

—¿La gente no quedará con temor?

—No creo, la gente va a mantener un canon de conducta más responsable, porque existe una cultura sanitaria distinta. Pero no va a ser por temor, sino por respeto por el otro.

A las banqueteras les anticipan un 20 o 30%, por lo que Jottar contó con esos ingresos para pagar las imposiciones de sus 45 trabajadores contratados —cocineros, tramoyas, decoradores— a los que acogió a la Ley de Protección del Empleo en abril. Acaba de recontratar a diez y este viernes el BancoEstado le aprobó un crédito Fogape por el equivalente al 30% de un mes de ventas cuando el tope son tres meses. “Es lo máximo que nos dan. Y solo un 15% de los socios lo obtuvo. Yo tuve que dar mi aval personal y el de mi sociedad inmobiliaria (dueña del centro de eventos)”. También renegoció con el BCI ocho cuotas del crédito hipotecario de Casona de La Laguna.

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