Nicolas Eyzaguirre pasa el día en zoom haciendo clases, conversando con varios grupos, uno del PPD, su partido y otro en el que participan socialistas como Ricardo Solari, Clarisa Hardy y Francisco Javier Díaz. Todas estas reuniones las alterna con su guitarra, que mantiene en su escritorio, desde donde compone y ha grabado junto a su hermano Juan Cristóbal Meza, dedicado a hacer música para películas.

Esa es una nueva faceta del exministro de carteras como Hacienda, Secretaría General de la Presidencia y Educación, quien en estos meses ha tenido una introspección, que lo ha hecho recordar sus tiempos de infancia, cuando debió separarse de su madre, Delfina Guzmán, a quien no ha podido visitar por la pandemia.

“Mi familia en general es artista, yo soy el caso raro, entonces alguna de esa parte tenía que tener. Yo partí siendo ingeniero y llegué a la economía por mi pasión por las matemáticas. Después me agarró la política, la sociología y terminé ingeniería comercial, pero toda mi formación matemática viene de ingeniería. Y las matemáticas están muy emparentadas con la música. Hay mucha gente que afirma que las cabezas matemáticas tienden a procesar bien la música. Y al parecer yo soy una de esas personas”, afirma.

Debió interrumpir completamente sus viajes a Costa Rica, Salvador y México, donde tenía invitaciones y consultorías, pero espera retomarlas apenas volvamos a la normalidad.

“He estado confinado igual que todo el mundo”, cuenta sobre su rutina. “Una de nuestras hijas, hija de mi señora, que vive acá tuvo coronavirus en marzo, fue uno de los primeros casos, entonces nos agarramos el confinamiento por ella, y salgo ocasionalmente cuando me invitan a la televisión”.

-En este tiempo , ¿ha logrado ver a su madre, Delfina Guzmán?

-No la he visto, debido a su edad. Le llevo los remedios, le llevo cosas, pero no entro al departamento para evitar cualquier contagio posible. La visito, pero puertas afuera. Para ella ha sido durísimo.

-¿Está sola en su departamento?

-No, está con un par de personas que la cuidan. Sin duda, la parte peor se la ha llevado ella porque yo vivo con mi señora, con los tres chicos. Con mis dos hijos mayores que viven en Valparaíso hablamos por video, pero somos cinco personas, por tanto interactuamos harto. También uno goza de la posibilidad de tener actividades, yo hago clases por zoom, participo en muchas conferencias por zoom. Mi señora (Bernardita Piedrabuena) trabaja remoto todo el día. En el caso de mi madre, está confinada, entonces es francamente desesperante. Estaba muy acostumbrada a que la visitara mucha gente.

-¿Se comunican por video también con ella?

-Por teléfono solamente…

Días de encierro

“El hecho de estar más encerrado genera mas reflexión, más introspección, más recuerdos”, comenta. “La propia incertidumbre del futuro te hace revisar lo que ha sido tu vida. Todo el mundo está un poco más existencialista y menos absorto en la acción. La acción tiene la virtud de hacerte sentir vivo, pero también es como una especie de distanciamiento de tu ser interno”.

-¿Una especie de enajenación?

-No sé si enajenación, pero de alguna forma uno sublima, posterga las reflexiones interiores cuando está demandado por el mundo externo, que es lo que pasa con la acción. El distanciamiento con los otros te hace plantearte las relaciones. Es curioso porque es una especie de distanciamiento con los otros y acercamiento con uno mismo, por las circunstancias. Entonces uno recorre más su vida, su niñez.

-Usted tiene dos hijos en Valparaíso. Nicolás es actor. El otro, Andrés, es cineasta. Nada que ver con las matemáticas.

-Andrés estaba haciendo una maestría en cine en Nueva York y había vuelto justo antes del coronavirus. Entonces decidió irse a Valparaíso, porque Nicolás tiene una casa más o menos grande; viven juntos con mi nieta que pasa la mitad del tiempo con ellos. Es hija de Nicolás y es la única nieta que tengo. No poder ver a la Lupe y a mis dos hijos, a pesar de que hablamos seguido con zoom, me ha entristecido mucho.

-¿Y ve a Juan Diego, el menor?

-Él pasa dos o tres días a la semana conmigo y los otros días los pasa con su mamá.

Televisión en crisis

-Luego de haber sido director y presidente del directorio de Canal 13, ¿qué le parece el enfoque que están teniendo los medios en esta pandemia?

-Desde la crisis social hemos sido testigos de un problema de distanciamiento de la ciudadanía respecto no solo de la política, sino que también de los medios de comunicación, de todo lo que parezca “oficial”. Los canales tienen a la gente más cautiva, porque no puede salir, y están tratando de recuperar cercanía con ella. Hacen muchos programas con invitados, con temas de actualidad. Claro uno quisiera que fueran un poco más imparciales, por lo menos los grandes canales de televisión.

-¿Usted tuvo la oportunidad de plantear la necesidad de introducir esos cambios en el matinal del 13 cuando fue director o no?

-En general los medios estaban más orientados a la entretención, y a la brutal campaña por el rating, pero nosotros sí hicimos durante ese periodo un esfuerzo grande por traer temas de actualidad. Por ejemplo, a través del programa Contacto, pero eso generaba una tremenda polémica. Por eso mismo yo terminé saliendo. Cada vez que tocabas algún tema que afectaba a la elite, las respuestas eran brutales. Me acuerdo un programa sobre los conflictos de interés en el parlamento, de cómo los parlamentarios podían votar leyes que afectaban su patrimonio personal en el 2013 y la reacción fue brutal. Todavía la elite reclamaba para sí un cierto sigilo o celo muy grande. Aprendí mucho de una área distinta y tuve mucha conciencia de las limitaciones que todavía tenemos con respecto al pluralismo informativo.

-¿Renunció o lo renunciaron?

-Yo renuncie voluntariamente porque no me entendía con el directorio que quería más entretención y yo quería más actualidad con una mirada más pluralista.

-¿Qué le parece la participación destacada que tiene Andrónico Luksic en twitter?

-No sigo las redes sociales, es algo que tengo que cambiar. Pero me parece que está en su derecho.

-En el tema del 10%, la derecha y algunos expertos vaticinaron que el país se derrumbaría, pero no sucedió.

-El diálogo político está sumamente polarizado. Cada vez que planteas algo deseable, se te dice que es imposible porque genera alguna suerte de desequilibrio o caos. En tanto, la oposición tiende a plantear que la coincidencia entre lo deseable y lo posible es enorme. Entonces hay un diálogo de sordos, pues de un lado creen que nada se puede mover sin que se precipite el caos y del otro de que todo se puede sin consecuencias.

-¿Existe ese espacio común, a tres meses del plebiscito del 25 de octubre?

-El espacio entre lo deseable y lo posible, existe. Es posible tener una mejor salud pública, es posible tener un mejor sistema previsional, es posible tener políticas de transferencias que garanticen un ingreso básico. Pero no todo es posible: no puedes tener un ingreso básico generalizado elevadísimo, sin que eso te genere algún desequilibrio. No puedes tener pensiones altas si es que no cotizas más. Hay un espacio de coincidencias, pero es más delgado de lo que desde la oposición quisieran reconocer. Y mucho mas ancho de lo que el gobierno quisiera aceptar.

-¿Cómo se puede avanzar para que no siga siendo un diálogo de sordos?

-Es indispensable cambiar el régimen político, porque el actual hiperpresidencialismo polariza y evita los acuerdos, traba la posibilidad de actuar en común. Entonces como las cosas no se hacen porque se traban, la ciudadanía cada día se distancia más de la política y cree que son un conjunto de personas que se dedican a pelear unos con otros. Estamos en una situación muy delicada porque si cada uno sigue asilado en sus propias certezas, pero sin espacio para conversar, no se logra avanzar y si eso ocurre la gente se impacienta y el país se caotiza.

-¿Ese peligro lo proyecta en la convención constituyente?

-El único hilo conductor que tenemos entre el presente y el futuro es poder sentarnos a conversar sobre cuáles son las reglas del juego a nivel común, porque las reglas actuales están completamente deslegitimadas. Y dado que las distintas partes de la nueva Constitución se van a aprobar con 2/3, va a exigir que encuentres espacios en común. De lo contrario, no vas a poder aprobar nada. Si la política sigue tan polarizada, van a llegar unos convencionales diciendo que no hay que cambiar nada y otros diciendo que hay que cambiarlo todo.

-Con el tema del 10% la opinión pública pauteó a los políticos.

-En el caso del 10% el gobierno se hizo una trampa en solitario gigantesca. Si la centro derecha viene por 30 años trasmitiendo que la plata de la previsión es individual y propiedad privada, pero a la hora de los quiubos eso no se lleva a la práctica. El gobierno tuvo un muy mal diagnóstico de la intensidad de la pandemia, tanto así que la estrategia sanitaria ha sido pésima, ha mejorado un poco últimamente. Por algo estuvimos entre los top 3 del mundo entre contagios y muertes por habitantes. Todo eso se coronó con una estrategia económica que no decía relación con lo que le estaba pasando a la gente todos los días.

-¿Habría sido una buena alternativa haber dado dineros directos desde el inicio de la pandemia?

-Claro que sí, porque tú terminas gastando más, cuando gastas a cuenta gotas, ya que no eres capaz de solucionar la raíz del problema. Es un contrasentido completo.

-Santiago y Estación Central partirán el lunes el desconfinamiento. ¿Cómo proyecta esta nueva etapa?

- Estoy con los dedos cruzados de que no tengamos rebrote. Y si ello ocurre la economía se va a volver a hundir. Se requiere una consistencia de lo sanitario y lo económico, porque si lo sanitario no va bien, lo que tenemos ahora, lo vamos a tener que gastar después. Si piensas en el esfuerzo logístico de repartir cajas de alimento, si ese mismo esfuerzo lo hubieras ocupado en testear y trazar en vez de repartir cajas, todo habría sido muy distinto. Las prioridades están completamente alteradas. Lo que en ese momento se imponía era un ingreso familiar de emergencia universal para que la gente no saliera de la casa y usar los recursos logísticos del gobierno para trazar y aislar. Eso fue lo que hicieron los países que les fue bien como Nueva Zelanda, ahora Australia e Israel y Alemania. En todo caso, nunca hay que descuidarse. Se habían relajado un poco y les rebrotó con fuerza otra vez. No hay que perderle pisada al virus, por eso tengo un más que moderado grado de preocupación de que nos estemos precipitando y tropecemos con la misma piedra por segunda vez.

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