“Todas las mujeres de Valparaíso traen sus sombrillas para pasear a todos los pingüinos de Valparaíso”, asegura la voz en off del actor Roger Pigaut mientras vemos a una mujer elegante, de sombrero negro y paraguas blanco, bajando las escaleras junto a su mascota-pingüino. Es una de las tantas libertades que se toma este poético retrato de Valparaíso que el gran Joris Ivens filmó en 1963 junto a Chris Marker (y con las colaboraciones de Sergio Bravo y el director de fotografía Georges Strouvé, quien trabajó con Agnes Vardá).

“Esta es obra es fascinante por los puntos de vista de ambos cineastas y la tensión existente entre ambos: el realismo de Ivens y las fluidas asociaciones de Marker”, analiza la plataforma Mubi en la presentación. Y con justicia: “…A Valparaíso” es una carta de asombro por una ciudad laberíntica. Un recorrido por cerros, ascensores, escaleras, bares, circos, mares y pobrezas dignas. Un catastro de terremotos, inundaciones e incendios (“cuando se quema, se quema bien. Toda la población masculina lleva un bombero dentro”, destaca el narrador). Es también una galería de niños, ancianos, trabajadores, marineros, payasos, jóvenes, piratas y gaviotas. Un filme que no le teme a la experimentación y a la psicodelia. Una ofrenda a una ciudad que es descrita como “el valle del paraíso después de las pesadillas de las travesías”. Una joya.

“…A Valparaíso”. Dirección: Joris Ivens. Francia/Chile, 1963.

MUY BUENO. En Mubi.

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Las reacciones mediáticas que ha provocado la miniserie documental “Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico” (informe de Anonymous incluido) entregan la ilusión de que la cultura popular aún puede luchar contra la corrupción del poder aunque, en honor a la verdad, lo que hace la realizadora Lisa Bryant es ordenar hechos noticiosos ya conocidos e indagar en expedientes judiciales con un rigor destacable. Es decir, no suma nuevas aristas ni revela personajes vinculados a la red de contactos del magnate pederasta que se suicidó en la cárcel el año pasado. Lo que ofrece es, sin embargo, lo que le da sentido al género documental: rostros, voces, lugares, gestos, detalles que humanizan la información. La cámara se detiene especialmente en las víctimas, todas abusadas por Epstein cuando eran niñas o adolescentes. Ellas revelan pormenores escabrosos de violaciones cometidas en las residencias que el millonario tenía en Palm Beach, Nueva York y, especialmente, en Little Saint James, conocida por los habitantes de la zona como “la isla de la pedofilia”. Uno de los trabajadores confiesa haber visto a Bill Clinton ahí.

En segundo lugar están los héroes públicos y anónimos –como el jefe de policía de Palm Beach, quien no abandonó el caso hasta el final– que tuvieron que luchar contra la impunidad, las trabas judiciales y los acuerdos a puerta cerrada. Y en tercer lugar, hablan los socios y ejecutivos que ayudaron a encumbrar a un arribista que construyó su imperio a fuerza de engaños y mentiras. Su aparición se reduce principalmente a fotografías y videos de audiencia en los que, por recomendación de sus abogados, se atiene a la quinta enmienda de la constitución para guardar silencio.

“Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico” es convencional (como un largo reportaje televisivo) pero también minuciosa y temeraria. Es curioso ver a otros enjuiciados como Kevin Spacey, Harvey Weinstein y Woody Allen junto a Epstein. También a Donald Trump en varias fotografías y al Príncipe Andrés en un episodio difícil de desmentir. Ese trasfondo funciona como un gran aderezo: el hecho de que un caso particular retrate las bajezas secretas de la elite mundial.

Algo que falta es que no se indague más en Ghislaine Maxwell, pareja de Epstein y principal cómplice de sus perversiones. Una suerte de Lady Macbeth de las altas cúpulas financieras que da para otro documental.

“Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico”. 4 capítulos.

INTERESANTE. En Netflix.

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“Reír es un asunto de salud en este tiempo, por eso recomiendo ‘Buen viaje: aventuras psicodélicas' (Netflix), una mirada inteligente y divertida sobre el uso de los alucinógenos, con testimonios y recreaciones que, sin hacer una apología, educan más que cualquier campaña antidrogas”.

El realizador audiovisual es autor y protagonista de “Interesante Material”, fenómeno de YouTube.

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El “We Are One: A Global Film Festival” –colaboración entre Tribeca, Cannes, Berlín, San Sebastián y Rotterdam, entre otros certámenes capitales– debutó el viernes en YouTube y ofrece una contundente programación diaria. En los estrenos de hoy destaca el largometraje “Mary Is Happy, Mary Is Happy” (2013), del tailandés Nawapol Thamrongrattanarit, quien construyó el guion basándose en 410 tweets de una adolescente anónima. A través de ellos perfiló a Mary, una escolar que se ve enfrentada a conflictos y epifanías extrañas. El filme es comisionado por el Festival de Venecia.

Locarno, en tanto, ofrecerá una charla entre el director Bong Joon-ho (“Parasite”) y el actor Song Kang-ho sobre el cada vez más valorado cine coreano. Todo se puede ver en la cuenta de YouTube de We Are One. Hasta el 7 de junio.

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