La industria gastronómica es una de las actividades más golpeadas por la pandemia. Y Valparaíso no es la excepción.

Si bien aún no están en régimen de cuarentena, en el puerto bares y restaurantes igual llevan meses sin abrir, y las consecuencias económicas ya se sienten.

Aunque el Cinzano desmintió que fuera a cerrar, otro de los puntos más tradicionales en el puerto también vive días difíciles: el Hamburgo, el local con apariencia de museo marítimo en calle O'Higgins, frente a la Plaza Blanco Encalada.

En La Cuarta, el presidente de la Agrupación de Locatarios Nocturnos de la ciudad también apuntó a que había cerrado la cortina, y aunque su dueño, el carismático y a veces polémico alemán Wolfgang Scheuber, no lo ha confirmado, lo cierto es que no ha podido abrir desde marzo.

Fundado en 1985, su techo y paredes están decorados con miles de objetos marítimos que le dan un sello distintivo, además de una carta donde la cerveza germana y el vino chileno se mezclan, así como las cazuelas y los perniles con chucrut.

“El Hamburgo siempre ha sido una verdadera postal turística de Valparaíso”, dice el crítico gastronómico Carlos Reyes. “Pero no cabe duda que todos los restaurantes se van a tener que reconfigurar después de esta emergencia. El rubro no volverá a ser lo mismo”.

22 años navegando

Scheuber nació en 1946 en la ciudad de Toba, en plena Alemania Democrática. Se fugó de ahí en 1960, un año antes de que se levantara el Muro de Berlín. “Muchos querían escaparse, pero no todos lo consiguieron”, dijo en El Mercurio en 1999, en una de sus escasas entrevistas.

En 1963 se subió al buque Riederstein, y nunca más regresó. No volvió a ver a su familia, y estando en altamar se enteró de que sus padres habían muerto.

Estuvo 22 años navegando, mientras aprendía a cocinar, transformándose en el chef de la tripulación. Era una vida plena, recorriendo el globo y con aventuras que darían para un libro. Pero el paso del tiempo le hizo tener ganas de asentarse en algún lado y, a la hora de elegir, en 1985 optó por ese bohemio puerto en la costa pacífica chilena, donde recaló por primera vez en 1965. Su “Vagpagaíso”, como le decía.

Pero la decoración demostraba que nunca olvidó completamente su vida pasada. Era cosa de visitar el Hamburgo, donde sus paredes y techos estaban literalmente repletos de objetos marítimos, en su mayoría regalados por comensales o visitantes de otras latitudes. Entre ellos, centenares de campanas y picarones (o banderines) y hasta algunos mascarones y cañones.

La fiesta “Los que pasaron agosto” era una tradición cada año.

“Ir era una verdadera experiencia. Era un lugar distintivo en la ciudad, y sin duda el preferido por los marinos mercantes”, dice Reyes. “Sus recetas, mezcla entre lo chileno y lo alemán, le permitían marcar una diferencia. Pero sobre todo por su estética marinera: quedan muy pocos lugares con esa vocación en Valparaíso. Siempre ha sido una postal turística de la ciudad”.

“Todos mis familiares

eran uniformados”

Entre los objetos que Wolfgang más atesora estaba una foto con dedicatoria de Augusto Pinochet. “En Alemania todos mis familiares eran uniformados. Es posible que lo lleve en la sangre”, decía a El Mercurio de Valparaíso en 2004. Sus meseras, era que no, atendían uniformadas.

Tal vez por reconocer su simpatía por el régimen fue que denunció “persecución política” en su contra, cuando en agosto de 1999 fue detenido como “cómplice del delito de sustracción” de un menor de edad, presunta víctima de abusos de Paul Schafer en Colonia Dignidad. Por orden del Ministro en Visita Hernán González, pasó 46 días encerrado en la cárcel de Parral, aunque le otorgaron una concesión curiosa: dos veces a la semana podía llamar por teléfono a Valparaíso, para seguir dirigiendo su local a la distancia.

Se le acusó de hospedar a un joven cuando su madre quiso retirarlo de Villa Baviera. Su defensa argumentó que, si así fue el caso, fue porque él nunca preguntó de quién se trataba. “Nunca lo conocí (a Paul Schafer). Una vez visité Colonia Dignidad, allá conocí la organización de ellos y, después como comerciante, compré su jamón y ellos compraron el pan de Pascua que yo importo. Solo existió una relación comercial”, aclaró en 2004.

Además, en 2014 la Corte Suprema rechazó su expulsión del país, junto a otros 4 ciudadanos alemanes presuntamente involucrados con el enclave.

No fue su único contacto con la justicia. En su estilo, el primero de abril de 2011 fue detenido en su propio local por infringir la Ley de Armas, luego que denunciaran que tenía en su vitrina de exhibición una granada de mano… algo que paradójicamente hacía para homenajear a Carabineros en su día.

“Tiene su carácter, y te podía ‘cortar' para siempre, pero a la vez es muy amigo de sus amigos”, dice Reyes.

Hoy, el panorama del Hamburgo es tal vez más complejo que otros locales en la región, ya que no hay nadie que pueda continuar con el legado de Wolfgang.

Como buen marino itinerante, nunca se casó ni tuvo hijos.

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