Ana Julia Yeyé (31) llegó a la comedia por casualidad. Hace poco más de siete años vio un show de improvisación y le encantó. “Esta gente está jugando y les pagan por eso”, pensó. Entonces googleó cursos en la capital de México y no encontró ninguno para improvisar, solo uno para hacer stand up comedy. Empezó a ir los sábados, sin ninguna expectativa, pero cuando hizo su primera rutina de cinco minutos frente al público y los escuchó reír, supo que había encontrado lo suyo. Sus primeros chistes tenían que ver con su biografía. Por su aspecto, siempre la confundían con un hombre: incluso antes de asumirse como lesbiana, recién hace cuatro años, usaba el pelo muy corto, pantalones y camisa a cuadros. “Fui la última en darme cuenta de que era gay. Todo el mundo lo asumía, pero lo vi apenas me enamoré de una mujer. Mis amigos siempre me lo preguntaron, así que cuando salí del clóset los invité a celebrar y les dije: ‘Chavos, tenían razón, y les regalo esta fiesta por todos esos años de vivir en el error'”. Ana Julia hoy es una de las protagonistas de Zona Rosa, el especial de Netflix de humor para la comunidad LGBTQ+, y en su rutina habla de ser homosexual, gorda y pobre. Así, sin eufemismos.

¿Es difícil hacer comedia desde un lugar tan personal y sensible?

La comedia está para eso. Para que a la gente se le aprieten los botones, se les mueva algo al interior, que sientan alguna cosa. Estamos rodeados de información y con un constante bombardeo de estímulos todo el tiempo, pero no sé si nos detenemos a pensar y sentir. Si lo haces después de un show mío, no importa si estás a favor o en contra de lo que estoy diciendo, pero para mí es una ganancia.

Pero no son temas para la risa.

Hacer comedia no es fácil, todo lo contrario. La comedia siempre parte de cosas trágicas, nadie puede hacer chistes bondadosos, como por ejemplo de que un día uno fue a un orfanato y adoptó a un niño. Eso no da risa, tiene un final feliz. La comedia transgrede. Incomoda. Hace dos años, después de un show, una chica se tomó una foto conmigo, me presentó a su mamá y esa misma noche me envió un mensaje contándome algo importante: la señora se oponía a que ella fuera lesbiana, pero después del show cambió su perspectiva de las cosas. Destruyó esos pensamientos rígidos y conservadores. Se rió. Escuchó mis anécdotas, las sintió naturales, espontáneas y se dio cuenta de que no tenía que cuestionarse algo tan orgánico, sobre todo de alguien como su hija, una persona que ella ama. La comedia puede generar cambios, y cuando pasa eso, me vuela la cabeza.

¿Es complejo hacerse de la bandera de una minoría en un escenario?

Soy una lesbiana muy afortunada. Mi familia siempre me ha aceptado tal cual. No les importa cómo me visto, si soy lesbiana o si me gusta comer patas de pollo. Da lo mismo. Mi entorno me acepta, en mis ambientes de trabajo también, en la escuela nunca fui rechazada ni por mi aspecto, ni por ser quien soy, genuinamente creo que si vas por la vida haciendo lo que más te gusta y vistiéndote como quieres, al final la gente te reconoce como una persona honesta, que no oculta nada. Pero sé que no es el caso de la mayoría; en nuestro continente sobre todo, hay personas de las minorías sexuales que lo pasan mal. Pero no me gusta estigmatizar a las minorías en mi discurso, sino más bien demostrar que, al igual que a todos, nos han roto el corazón, hemos sufrido pérdidas, tenemos deudas al fisco, trabajamos cansados. Gay o no, estas cosas nos pasan a todos.

¿Te pasa que la gente intenta encasillarte en algún estereotipo solo por ser lesbiana?

Sí. Es común que las personas encasillen a los homosexuales. Si eres una lesbiana masculina, sospechan sobre tu orientación sexual y están a la espera de que les des la noticia. Cuando eres una lesbiana considerada socialmente femenina no te dan crédito: “¿Pero cómo? Si a ti te gusta vestirte de tacones”. La gente cuando piensa en una lesbiana piensa en una camiona, con camisa a cuadros, que puede construir una casa en el árbol. Las lesbianas son diversas como el resto de la gente, pero eso le causa conflicto a la mayoría. “¿Por qué si te gustan las mujeres te gusta una que se viste como hombre?”, te dicen. Y la respuesta es muy sencilla: no es un hombre. Sigue siendo una mujer. No importa cómo se vista, esta chica es una mujer que piensa y siente como una.

Netflix es una plataforma inmensa. Hoy se lleva premios Oscar, compite con el Hollywood de antaño, y por lo mismo estar ahí es, literalmente, salir al mundo. ¿Cómo ha sido exponerte a ese nivel?

Me he esforzado mucho en hacer reír, porque soy una buena comediante, y no una comediante mujer lesbiana. Creo que el especial de Netflix andaba buscando eso: comediantes que hicieran humor para las minorías y para las mayorías. Y la respuesta que recibí fue muy positiva. Me empezaron a seguir diez mil personas de toda América. No hubo hate. Eso fue lindo. Estoy enfocada ahora en escribir un nuevo show, en visitar otros países. A finales de este mes viajo a Guatemala, ya estuve en Argentina y Colombia, espero poder conocer Chile y Perú.

¿Crees que tus rutinas son exportables al resto de Latinoamérica?

Mi experiencia como mujer lesbiana en México es similar a la de otras mujeres lesbianas en el resto del continente. Son países distintos, pero con una cultura machista y tabúes muy parecidos. Es un lugar donde la violencia es parte de lo cotidiano. Acá los femicidios van en aumento, y por más que se discutan, las cosas parece que no cambian. Por eso aparecen manifestaciones como la de las chilenas Las Tesis. “El violador eres tú” se replicó aquí en México, y junta a mujeres que levantan la voz tras años de abuso. También aparece gente que se opone. “¿Por qué están rayando los monumentos? ¿Por qué están pintando las paredes? Esa no es la manera de manifestarse”, dicen. Pero estamos cambiando, un paso a la vez. A mí me encantaría que todo cambiara de un momento a otro y hacerle entender a la gente que si las cosas se tienen que caer, se tienen que caer. Si se tiene que cambiar, se cambia. Una exnovia me dijo que la violencia genera violencia, y lo que estamos viendo es la segunda violencia en la oración. Es una respuesta. No es esta violencia la que inició todo. Es algo que tiene que pasar, los que se oponen tendrán que entender, los homofóbicos y machistas tienen que meterse al clóset. Eso sería ganar una batalla dentro de una guerra gigante.

LEER MÁS