El 7 de febrero de 2017, Antonia Garros dio el salto que terminó con su vida, a los 23 años. Se lanzó al vacío desde el piso trece tras una intensa discusión en el departamento de Andrés Larraín Páez (36) —en Concepción—, con quien mantenía un tortuoso pololeo.

Pasados las 00 horas se enteró Consuelo Hermosilla (52), madre de Garros. Una amiga de Antonia estaba en el lugar y le avisó a Rosario (24), la hija menor.

“A las 00 horas la llamé varias veces y no me contestó. La Rosario va a mi dormitorio y me dice: ‘Mamá, tengo una noticia que darte. La Anto cayó de un piso 13 en un edificio en Pedro de Valdivia'. No me calzaba, ningún amigo de ella vivía en ese sector. La información no fue muy puntual. Entonces cuando íbamos camino para allá, llamó el expololo de la Antonia y dice: ‘Rosarito, dime que es mentira que cayó del departamento de Andrés'. Ahí supimos. Llegamos y se veían las luces de bomberos y carabineros”, cuenta la progenitora.

Desde la muerte de su hija, Consuelo Hermosilla ha luchado incesantemente por combatir la violencia en el pololeo. Tan solo tres meses después del suicidio, creó la Fundación Antonia (www.fundacionantonia.org), dedicada a prestar ayuda a víctimas como su hija. Por otro lado, presentó en el Congreso la Ley Antonia, que busca penalizar la inducción al suicidio y la violencia en el pololeo. Esta, hoy descansa entre otros proyectos. Sin embargo, su primer logro fue instaurar el Día Nacional por la No Violencia en el Pololeo, que se conmemora hoy.

—¿En algún minuto pensó que podría ocurrir algo así?

—Nunca. La Antonia amaba vivir, tenía proyectos. Ella se enfermó, pero el suicidio nunca estuvo dentro de sus planes, eso te lo aseguro. Esto fue un impulso de no haber podido aguantar más lo que le estaba pasando.

Tengo entendido que una vecina grabó los momentos previos a que ella saltara…

—Sí. La vecina lo estaba pasando pésimo porque grabó estas agresiones. Es algo que hasta el día de hoy no lo he escuchado, porque mi abogado y familia me detienen, ya que fueron las últimas palabras de la Antonia —toma una pausa— que decían: “Ya no aguanto más”. Claro ahí ella también escuchó como él le decía: “Loca de mierda, maraca, tírate”.

¿Cuál es la justificación de Andrés para negar que la enfermó?

—Para él nunca hubo agresión psicológica. Ella era la loca, la culpable, una niña desatendida y una enferma psiquiátrica. Yo creo que él no ve todo lo que hizo. Pero aquí hay una realidad a todas luces: Antonia recibió atención psiquiátrica y psicológica durante el pololeo con Andrés. Antes no. Él tiene ese tipo de atención desde los ocho años, eso es una realidad, no estoy inventando nada.

Andrés dice que llamó a Carabineros porque Antonia ya se había acercado al balcón.

—La verdad es que no sé si él lo hizo. Yo sé que hubo una agresión de la que el conserje fue testigo. Ahí llegaron carabineros. Este conserje estaba con Antonia abajo en los jardines y le preguntaron a ella, “no pasó nada”, les dijo. Ahí el sargento les dice vamos a subir para hacer el procedimiento. El conserje se acercó al funcionario y le pidió por favor que no la subieran porque acababa de ser agredida, que él lo había visto. De igual forma el carabinero tomó la determinación de subirla (y terminó siendo testigo de los hechos).

¿Siente que su muerte pudo haberse evitado?

—Sí, por supuesto. No puedo decirte que no hubo negligencia porque sí hubo una. Un mal protocolo.

El caso de Antonia se enmarca dentro de lo que se conoce como el “suicidio femicida”. ¿De qué trata?

—Es llevarlas a tal punto psicológicamente que sienten que ya no pueden tomar otra determinación, que no hay otro camino a la desesperanza que les causa, a la desesperación que sienten. El estado psicológico es vulnerado, sin que antes hayan tenido una enfermedad mental, pero que tras todas las manipulaciones, el dolor es tan grande que no es que quieran dejar de vivir, lo que quieren es dejar de sufrir.

“No hay ningún tipo de violencia que como base no tenga violencia psicológica”

—¡Mamá, mamá! ¡Urgente! Hay un cachorro afuera de la disco, ven a buscarme.

—¡Pero Antonia, ya no puedo más!

Eran tres los perros que Antonia Garros recogió y cuidó. Era animalista y además, llevada de sus ideas. Se le cruzaba algo y debía lograrlo. Mala estudiante, Consuelo cree que tenía déficit atencional. Estudió dos años Psicología y dejó la carrera. Lo tradicional nunca fue lo suyo, quería brillar en el mundo de la producción estética y luego en la gastronomía. El 2014 fue a Buenos Aires a estudiar en un taller de la Revista Catalogue para trabajar allí. A los ocho meses ya quería irse, “le gustaba la buena vida y comenzó a cachar que ellos eran muy famosos pero que eran pobres. Eran muy hippies, y la Antonia de lana no tenía nada. Era muy cómoda”, cuenta su madre.

Aparte, nadie quería peinarse con ella. “Llegó con un maniquí porque tenía que peinar a las modelos, pero ellas no querían que las peinara porque el muñeco estaba todo quemado. Entonces obviamente ¿quién va a querer?”, añade riendo Hermosilla.

Se creía el cuento, siempre adelantada a las tendencias, Antonia fue de las primeras en Concepción en sacar del baúl de los recuerdos, el pantalón “pata de elefante”. Su esencia, un día cambió.

¿Hubo señales de que Antonia estaba siendo violentada?

—El cambio fue súper pronto, a los tres meses su forma de comportarse era diferente, andaba muy mal genio. Ella era alegre, no pasaba desapercibida. No tenía nada de mentirosa, era tan cara de raja que le daba lo mismo, pero ahí empezó a mentir. Era cariñosa, pero dejó de ser así. De lo preocupada que andaba de su apariencia, en el último tiempo tú veías que pasaban dos días y no se duchaba. Salía en pijama al negocio de la esquina. Cuando veo fotos de la Antonia yo sé perfectamente en qué tiempo son; si son con o sin Andrés. Ya no se veía que estaba bien su carita, su mirada... es súper triste.

¿Y señales físicas?

—Las señales físicas se dieron a los seis meses, la Anto era blanquita... —toma una pausa— yo la vi golpeada. Y como buena víctima, se enojan, se ponen a la defensiva porque estaba enferma, atrapada, a las mujeres les cuesta mucho salir de esto. No hay ningún tipo de violencia que como base no tenga violencia psicológica, pero es la más difícil de identificar, incluso para los profesionales.

¿Pidió ayuda?

—Pedí ayuda. La llevé a psicólogo y psiquiatra pero ella no dijo nada y ellos no se dieron cuenta.

Incluso ella fue al Centro de la Mujer

—Me da pena porque no me quiero echar a esta gente encima, pero el centro no funciona. ¿Puedes creer que el 7 de febrero me llamaron del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg) para saber cuándo la Antonia iba a ir a la próxima cita? Y yo les tengo que decir: ‘¿Saben qué? voy camino al Servicio Médico Legal (SML) a buscar el cuerpo de mi hija'... —toma otra pausa y se disculpa— Entonces, ¿qué es lo que pasó con ese equipo? fue despedido. Pero eso es lo más fácil porque esas cabras solo son la cara visible de lo mal que funciona esto, pero por detrás. Yo no voy en contra de las instituciones, pero por favor avíspense.

¿Le pidió a Antonia que terminara con Andrés?

—Traté con todas las estrategias de mamá. Terminó el 9 de diciembre, después de que él le pegó y hubo testigos. Desde ahí estuvo súper bien, volvió a juntarse con sus amigas... pero después nadie sabía que había vuelto con él.

“Tenemos que dejar de creer que esto solo pasa en las poblaciones”

El pololeo de Garros y Larraín comenzó el 2015. Se conocieron en una fiesta del hermano menor de Andrés, y con el tiempo iniciaron una relación. Él, constructor civil, tenía 33 años; y ella 21.

El 8 de junio de 2019, el hombre fue declarado culpable de cometer una agresión hacia Antonia dos meses antes de su muerte. Pese a que se pudo comprobar que él sí ejerció violencia hacia su polola, hoy cumple su condena en libertad.

¿Se siente conforme con cómo trabajó la justicia?

—Ese juicio lo ganamos. Ahí se determina que la Antonia fue golpeada, y él salió culpable. Ahora esa es una sentencia de mentira porque sin duda la pena fue un chiste.

¿Influyó de donde venía Andrés?

—Lo que tiene la familia de él es poder. Sin duda hay favores que se hacen y deudas que se cobran. Ellos tenían una firma de abogados de bancos importantes en Chile. Son oscuros para funcionar. He intentado hacer las cosas de forma correcta y sin que me mueva el odio, hay que ser justa. Tampoco tengo una campaña en contra de esta familia, sí me parece que no han actuado bien. Yo hubiese sido humilde, pedido disculpas, decir: “Saben, no importa quién fue el enfermo, tu hija ya no está acá”.

Desde el suicidio de Antonia, el hombre y su familia han solicitado audiencias con dos parlamentarios, Ramón Farías (PPD) y José Miguel Ortíz (DC) para plantear su punto de vista con respecto al proyecto de ley. El padre del agresor, también contrató a Imaginaccion para abordar el tratamiento mediático de la Ley Antonia. “Ellos no querían que el proyecto prosperase. No tengo ni idea de qué tanto eso habrá retrasado el proyecto o si es por la desidia propia del Estado”, indica Consuelo.

“Cuando tú le hablas a la gente de la violencia en el pololeo, es como la ‘tontera que se les ocurrió ahora'. No le dan la importancia, nos acostumbramos a que la gente se muera. A pesar de que existen muertes tremendamente violentas, vemos números. Es frustrante, pero me frustro un rato y pienso en que tengo que seguir porque la muerte de la Antonia debe servir de algo”, agregó.

Hace unos días se aprobó la Ley Gabriela (que castiga el femicidio en el pololeo). ¿Es un paso para que aprueben la Ley Antonia?

—Por supuesto. ¿Cuánto tuvo que hacer la familia de la Gabriela para que tuviese que ocurrir eso? Tenemos que dejar de creer que esto solo pasa en poblaciones vulnerables, porque pasa en todas partes. La diferencia está en que una mujer aguanta por un plato de comida para sus hijos y la otra aguanta por la membresía en un club o la 4x4.

¿Siente que, finalmente, la muerte de Antonia puso en la palestra la violencia en el pololeo?

—La Antonia tuvo una vida corta, pero súper apasionada. Yo creo que venía con una misión, la de lograr todo lo que hacemos hoy día. Eso es algo de lo que yo quiero entender desde el punto espiritual. Es lo que me hace levantarme cada día.

¿Le alivia un poco el dolor saber que está ayudando a muchas niñas y mujeres víctimas de violencia?

—El dolor no se me alivia con nada. Lo que sí me da conformidad y siento que de alguna forma la ida anticipada de la Antonia sirve para poder ayudar a muchas personas.

¿Qué le diría a otros padres que pueden identificar este proceso en sus hijas?

—Acérquense a sus hijos. Pidan ayuda, comuníquense con otros miembros de su entorno. No se cierren a nada. La violencia no es algo de lo que se tengan que avergonzar las víctimas ni su familia, sino los agresores. No hay ningún esfuerzo que sea poco para tratar la violencia.

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