Calles vacías. Todos en sus casas. ¿Puede una ciudad china del tamaño de Wuhan, con sus 11 millones de habitantes, ser puesta en cuarentena de manera efectiva? “Se dice que solo un gobierno autoritario lo intentaría hacer”, afirma hoy The Wall Street Journal. Y cuando la emergencia sanitaria del corona virus termine, este experimento social sin precedentes entrará al debate.

“El sistema de crédito social orwelliano de China y sus crecientes capacidades de monitoreo sugieren nuevas posibilidades para el control de contagios en el futuro”, agrega el diario de un país del cual han salido la mayoría de los últimos virus.

Y es que a los chinos no les queda otra que hacer caso a lo que digan sus autoridades y portarse de la mejor forma posible. La razón: los están mirando y monitoreando todo el tiempo.

China busca que este año comience a funcionar oficialmente para que en cinco esté andando en un 100% el llamado Sistema de Crédito Social que a base de “puntos” evalúa la reputación de todos los habitantes del país de 1.300 millones, y también de todas las empresas y organizaciones privadas. El nuevo sistema de vigilancia se basa en reconocimiento facial (170 millones de cámaras de alta resolución), monitoreo online, inteligencia artificial y una gigantesca base de datos que crece exponencialmente día a día.

El mecanismo se ideó en 2014 y desde 2017 está en periodo de prueba, pero operativo en algunos lugares y para algunos tipos de comportamientos. Y en palabras simples funciona así: Quienes se portan bien reciben puntos positivos, quienes no lo hacen, puntos negativos.

En ese sentido son castigados quienes tengan, por ejemplo, un comportamiento financiero malo o fraudulento, también los que pongan música a todo volumen, violen las leyes de tránsito, hagan reservas en restaurantes u hoteles pero no aparezcan, no clasifiquen la basura, usen tarjetas de transporte público de otras personas, entre otros. Una lista de comportamientos que con el tiempo se le van agregando más faltas.

Desde que funciona el plan piloto, las autoridades chinas afirman que en este lapso de tiempo se les ha prohibido a 26 millones de personas, consideradas “no confiables”, que se suban a aviones o que casi 6 millones no puedan viajar en trenes de alta velocidad, según un informe de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, oficina que lidera el proyecto.

Además, a los que están mal calificados, se les hace casi imposible comprar una entrada al cine, atenderse en un hospital, tener acceso a internet de alta velocidad, postular a colegios o universidades (públicas o privadas), y hasta subirse al metro o a buses si eres considerado un inadaptado social por el gobierno.

Por otro lado, el comportamiento calificado como positivo y que sirve para subir puntos incluye donar sangre, o entregar dinero a organizaciones benéficas o ser voluntario en servicios comunitarios.

A quienes tienen una actitud social acorde a lo que busca el Partido Comunista gobernante, logran reducir sus tiempos de espera en hospitales y en oficinas del servicio público. Además de descuentos en hoteles y recibir mejores ofertas de trabajo y de manera más rápida.

En marcha blanca

En el periodo de marcha blanca, muchos gobiernos locales ya han probado planes del sistema de crédito social a nivel provincial y municipal.

Por ejemplo, en la ciudad de Suzhou, al este de China, se está utilizando un sistema de puntos donde cada residente se califica en una escala entre 0 y 200: cada residente comienza desde la línea de base de 100 puntos. Así cada residente puede ganar o perder puntos por desobedecer leyes, reglamentos y normas sociales. Según un informe de la policía, el ciudadano de Suzhou mejor calificado tiene 134 puntos por donar más de un litro de sangre y hacer más de 500 horas de trabajo voluntario.

El siguiente paso de Suzhou es usar el sistema de crédito social para castigar a las personas que, por ejemplo, eludan las tarifas de transporte, no paguen su cuenta en los restaurantes e incluso hagan trampa en videojuegos.

Mientras que la ciudad de Shenzhen también está haciendo lo propio. La policía del lugar, por ejemplo, lanzó un sitio web donde se “funa” (literalmente) a infractores de tránsito a los cuales vigila todo el día: en solo seis meses en un solo cruce de calles de Shenzhen, el sistema ya ha “funado” a 13.930 infractores, los cuales van desde peatones que cruzan mal la calle hasta automovilistas y ciclistas que no respetan las señales de tránsito.

Críticas y poder

El sistema es defendido por el Partido Comunista Chino ya que este regula el comportamiento social y promueve los valores morales tradicionales,

En octubre de 2019, el profesor Kui Shen, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Beijing, publicó un artículo en la revista China Legal Science, sugiriendo que el sistema de crédito social viola e infringe los derechos legales de los residentes y posiblemente estén violando el principio de respeto y protección de los derechos humanos, especialmente el derecho a la reputación, el derecho a la privacidad y la dignidad personal, y que además sobrepase los límites del castigo razonable.

Si el gobierno chino logra fusionar los proyectos piloto regionales y las inmensas cantidades de datos que existen para 2020, conocerá cómo se comportan las personas y así tendrá una herramienta de control social y político absoluto.

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