No creo que haya una desconexión de la élite, la élite nunca tuvo conexión”

“Yo me eduqué toda la vida en un sentido numérico en ingeniería civil, después en el área finanzas. Torturaba los números hasta entenderlos, pero ahora de viejo cambié la mentalidad. Antes yo era pienso y luego existo, ahora soy, siento y luego existo”.

Con esa frase, el director ejecutivo de Sencorp y director de Valle Nevado, Ricardo Senerman explica su actual momento en la vida.

Hace seis meses, el hijo de Abraham Senerman volvió a Chile tras estudiar en la escuela de negocios de INSEAD “Consultoría y Coaching para el Cambio”, master que mezcla economía y sociología. Desde el piso 52 de la Torre Titanum, analiza el estallido social y apoya una nueva constitución.

—Ya que ésta a favor de una nueva carta fundamental, ¿a su juicio quién debe ser constituyente?

—Deben haber personas que representen diversos sectores: académicos, emprendedores, actores sociales, trabajadores, empresarios e innovadores, organizaciones sin fines de lucro, como fundaciones y quienes tengan conocimiento de temas constitucionales. Además, representantes de los trabajadores, del poder judicial y actores políticos, pero no necesariamente parlamentarios.

—Vamos al origen de esto ¿Cómo ve el proceso que se inició hace un mes exacto?

—Tengo una mezcla de sensaciones. Tengo cierta culpa, responsabilidad, preocupación, miedo y esperanza. No fueron 30 pesos, fueron 30 años.

El estudio “La protesta Social en América Latina” del PNUD muestra que en los países más desiguales hay más protestas sociales. A su juicio, ¿por qué se produce esta crisis?

—La explosión de la calle se produce por una sensación de no representatividad. La calle tuvo que hablar porque no hablaron por ella. Somos 17 millones de personas en el país, hay muchas personas que están de acuerdo que en el país se abusa desde muchos años. El sector empresarial, papel confort, las farmacias, pero también el paco-gate, el milico-gate, la gente se cansó de los abusos de influencia.

—La asimetría al momento de castigar conductas, ¿fue clave?

—La influencia y la ley son una mezcla catastrófica. El que haya grupos de poderes fácticos es trágico para la gente. Viví en EE.UU. y si tú estás dentro del marco de la ley no te pueden tocar, pero si te sales de la ley tendrás consecuencias, un castigo, no importa quién seas. La ley es mucho más estricta e impersonal de lo que es en Chile. Acá, la violencia se rebalsó desde aquel 18 de octubre, pero la tolerancia que ha tenido que sufrir la gente frente a los abusos ha sido por más años.

—El autor de “Por qué fracasan los países”, James Robinson, postula que en Chile hubo una desconexión de la élite. ¿Coincide?

—No creo que haya una desconexión de la élite, la élite nunca tuvo conexión, ese es el problema. Un político que lleva 30 años en su oficio y que su negocio es ganar elecciones se desconectó quizás. Pero hay una elite en Chile muy importante que viene de muchas generaciones, esa élite, salvo honrosas excepciones nunca estuvo conectada. Y tú me preguntarás cómo me hago cargo desde mi posición.

—Efectivamente.

—Para mi fue una bendición la movilidad social. El hermano de mi padre fue taxista, mi abuelo fue obrero —ponía durmientes en ferrocarriles— yo puedo hacer un mea culpa de desconexión, yo creo que hay una desconexión de la élite y aún hay una barrera importante que romper. Para que todos tengan esa oportunidad de movilidad es importante la educación. Creo que no sólo debería estar en la Constitución, sino que debería ser un derecho humano.

—Muchos empresarios han sido autocríticos, a su juicio ¿cómo se construye la empresa en este nuevo escenario?

—Lo primero es ver que las empresas como generadoras de utilidad es un concepto obsoleto. Las empresas que se dedican a maximizar la utilidad como único fin van a morir.

—¿Cómo se implementa eso en Sencorp?

—No somos una empresa B, pero algo hacemos. Implementamos una organización que se llama Micolab, donde cada persona tiene derecho a usar un mínimo de horas al mes para ir a un hogar, acompañar viejitos, limpiar plazas, reinserción en cárceles, lo que quieran. Esas horas las pagamos como si fueran de trabajo, incluso si son durante el fin de semana. La idea es tener una sociedad más rica, pero no más rica en plata.

—Según Sebastián Edwards, esto no fue un tema de indicadores como el Gini o el PIB, sino que de percepciones.

—Toda la razón, los números no bastan. Yo me pregunto, qué indicadores me van a indicar que yo me llevo bien con mi pareja. Tendría que hacer indicadores de a qué hora llego a la casa, de cuántas veces a la semana vamos a comer.

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