Hablamos de adicción, pero no estamos inhalando Facebook. No nos estamos inyectando Instagram. Son cosas que podemos solucionar, pero nos encanta pensar que la tecnología nos está afectando”. Nir Eyal.

Nir Eyal no se arrepiente de haber escrito el manual de introducción a la tecnología de Silicon Valley “Enganchado: cómo construir productos y servicios exitosos que formen hábitos”, aunque ahora está a punto de publicar un nuevo libro sobre cómo liberarnos de esa misma adicción.

En el primero explica cómo crear aplicaciones de teléfonos inteligentes para que capten la atención, describiendo trucos “para alentar de manera sutil el comportamiento de los clientes” y “lograr que los usuarios regresen una y otra vez”.

Los literatos tecnológicos de Silicon Valley alabaron “Enganchado”. Sin embargo, eso fue en 2014, cuando el “seductor diseño de la interacción” y el “diseño para cambiar el comportamiento” eran frases aspiracionales. Ahora, en 2019, Eyal tiene un nuevo éxito de ventas:“Indistraíble: cómo controlar tu atención y conducir tu vida”, que sería una guía práctica para desconectarse.

Eyal no está solo en esta tendencia. Desde “Enganchado”, informáticos, como el exespecialista en ética de Google Tristan Harris, han popularizado la idea de que los teléfonos son dañinos y adictivos. Ejecutivos que trabajaron para Facebook y WhatsApp se han convertido en críticos de la tecnología. En la Universidad de Stanford, el investigador B. J. Fogg, quien dirigía el Laboratorio Tecnológico Persuasivo, lo ha renombrado como Laboratorio de Diseño Conductual y ahora está empezando a lanzar herramientas para reducir el tiempo que la gente pasa frente a las pantallas. “En 2020, surgirá un movimiento para ser ‘posdigital'”, escribió Fogg. “Comenzaremos a darnos cuenta de que estar encadenado al teléfono móvil es un comportamiento que representa un estatus bajo, parecido a fumar”.

Sin embargo, a diferencia de otras personas que acaban de volverse recelosas, Eyal no cree que el problema sea la tecnología. Somos nosotros. “Hablamos de adicción, pero no estamos inhalando Facebook. No nos estamos inyectando Instagram”, comentó. “Son cosas que podemos solucionar, pero nos encanta pensar que la tecnología nos está afectando”.

Por lo tanto, en “Indistraíble”, que será publicado el próximo mes, Eyal ha escrito una guía para liberar a la gente de una adicción que, según él, nunca tuvo. Solo trataba de desprenderse de responsabilidades personales.

No es ninguna sorpresa que el nuevo libro de Eyal haya provocado la burla de algunos críticos.

“Nir Eyal está queriendo cambiar”, señaló Richard Freed, psicólogo infantil que apoya la idea de pasar menos tiempo frente a las pantallas. “Ahora están intentando vendernos la cura. Pero son los que empezaron a vender las drogas en primer lugar”.

Eyal dijo que no busca retractarse. Su modelo fue útil y cree en esa táctica. Sin embargo, no fue lo que volvió adictas a las personas. Según él, es nuestra culpa y no la de Instagram, Facebook o Apple.

No obstante, sostener el negocio fue difícil. Se fue a la Universidad de Stanford a estudiar administración de empresas y fundó una firma para vender publicidad en las aplicaciones de juegos de Facebook. Ahí aprendió la táctica que usan las empresas tecnológicas para involucrar a la gente. Decidió reunir esas técnicas. “Quería democratizar estas herramientas”, comentó. Escribió “Enganchado” y difundió ese modelo.

Se pone a la defensiva cuando habla sobre el tema. “¿Quién dice que estar enganchado en las redes sociales es algo malo?”, cuestionó. “Para muchas personas, las redes sociales son algo muy bueno, y los juegos son algo muy bueno. Lo importante es el uso que les das”.

Harris, el especialista en ética que trabajaba para Google, se ha convertido en el contrapunto de Eyal. En 2016, Harris popularizó la idea de que la tecnología era excepcionalmente adictiva y “secuestraba” cerebros. Sus eslóganes, como “el buen uso del tiempo”, se han convertido en mantras de la industria.

“Desintoxicación digital”

Según Harris, debido a que la tecnología misma es adictiva, el responsable de solucionar este problema no son los individuos.

A la distancia, Eyal observó cómo se desplegaban las reacciones negativas del sector tecnológico. Eso le molestó y no termina de creer en el argumento de Harris. Si las pantallas fueran tan malas, se preguntó Eyal, ¿por qué la gente no era adicta a LinkedIn? ¿Por qué tantas aplicaciones no tienen éxito?

Sí, había un problema, pero el razonamiento estaba totalmente equivocado. El problema no eran las pantallas, sino las mentes de las personas, y para resolver el problema debían ver su interior.

“Si digo que la tecnología es algo a lo que la gente se hace adicta, debe haber alguien que la venda, un traficante que te la provea”, comentó Eyal. “Pero si digo que la tecnología es algo que la gente usa en exceso, entonces debes pensar: ‘Demonios, ahora debo hacer algo para solucionarlo'”. Y las soluciones fueron inútiles, recordó.

“Conseguí un teléfono especial sin aplicaciones. Compré un procesador de palabras en eBay y lo único que puedes hacer es escribir. Configuré mi teléfono en escala de grises, lo cual solo arruinó mis fotos”, mencionó. “Intenté una desintoxicación digital, pero extrañaba los audiolibros y el GPS”. Y seguía distrayéndose. Ordenaba y limpiaba. Lavaba la ropa. Leía libros al azar.

“La tecnología no era el problema, o al menos no era la raíz del problema”, confesó Eyal. “No había solucionado por qué seguía procrastinando”. En 2015, estaba viendo su teléfono mientras su hija pequeña quería hablar con él, sin lograrlo. Eso provocó que comenzara a escribir “Indistraíble”.

Después de “Enganchado”, Eyal fue festejado en el mundo de la tecnología. Esta vez, está recibiendo una aceptación más silenciosa en Silicon Valley. “Ese es el último malo del cuento, y a la gente le encanta”.

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