“La odisea de los giles”, película de Sebastián Borensztein (“Un cuento chino”) que paradójicamente es la escogida para representar oficialmente a Argentina en los Oscar, ha repercutido fuerte en estos tiempos de crisis financiera y moral por los que sobrevuela el poderoso fantasma del “Argentinazo” de 2001. La trama se instala, de hecho, pocos días antes del Corralito, cuando un exfutbolista (Ricardo Darín) y un anarquista (Luis Brandoni) buscan reunir, en una comunidad rural de Argentina, 300 mil dólares para iniciar una cooperativa agrícola. Con mucho esfuerzo, alcanzan el monto y logran depositarlo en el banco pero el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, anuncia en televisión las nuevas restricciones. El sueño de Darín y compañía se hunde junto al país.

Ahora bien, como en toda crisis hay beneficiados, un año más tarde se enterarán de que un abogado inescrupuloso se llevó el dinero tras una sucia estrategia bancaria. Entonces, deciden ir por lo que es suyo.

Borensztein saca a flote la misión haciéndonos empatizar con este grupo de perdedores que son víctimas de la corrupción de los poderosos. Para eso acude a un maniqueísmo de caricatura (los buenos son muy buenos, el malo es muy malo) que, a pesar de todo, no atenta en contra de la entretención. Un referente obvio en esta pericia es “Los desconocidos de siempre”, la hilarante comedia que Mario Monicelli estrenó en el año 1958, aunque también hay un componente melodramático pensado para que el espectador pase de una emoción a otra. Es la naturaleza esencial de este cine perfectamente diseñado que suma una serie de elementos benefactores en su búsqueda de éxito: un guion adaptado de una novela de Eduardo Sachieri (“El secreto de sus ojos”, otra historia sobre justicia por mano propia), una lista de actores bien cotizados en el mercado latinoamericano (Ricardo y “Chino” Darín, Brandoni, Daniel Aráoz, Rita Cortese y el colombiano Andrés Parra, más conocido como Pablo Escobar en “El patrón del mal”) y un guiño a la realidad (en este caso, una muy dolorosa para los argentinos) que siempre ayuda para hacer catarsis.

“La odisea de los giles” funciona a pesar de sus procedimientos sobrexpuestos, su latente predictibilidad y los talentos dispares que componen su elenco.

“La odisea de los giles”. Dirección: Sebastián Borensztein. Con Ricardo Darín, Luis Brandoni, Chino Darín, Rita Cortese, Andrés Parra. Argentina/España, 2019. Duración: 1 hora 56. ENTRETENIDA.

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La filmografía de Ang Lee debe ser la más heterogénea e irregular en la historia del cine contemporáneo. Incluye cintas costumbristas realizadas en Taiwán (“El banquete de bodas”), elogiados dramas de época (“Sensatez y sentimientos”), blockbusters de superhéroes (“Hulk”), apuestas oscarizables (“Secreto en la montaña”) y delirios new age (“La vida de Pi”), entre otras ofertas. Pero probablemente nunca antes hizo algo tan bajo como “Proyecto Geminis”, película que ni siquiera asombra por el recurso tecnológico del que se jacta. Es que Will Smith interpreta a un sicario de mediana edad que debe enfrentarse a su clon más joven. El efecto resulta tan impactante como, digamos, el rejuvenecimiento que ofrece la aplicación Face App. La tecnología CGI luce aún más precaria en escenas de acción que parecen como sacadas de alguna película realizada hace más de una década. Nada de esto importaría demasiado si el guion funcionara, pero está repleto de clichés, villanos de manual y conspiraciones gubernamentales. Ang Lee se entrega de lleno a las convenciones y queda reducido por contraste frente al ingenio de una película con la que tiene elementos temáticos en común: “Looper” (Rian Johnson, 2012). “Proyecto Géminis” es una buena ocasión para volver a revisarla.

“Proyecto Géminis”. Dirección: Ang Lee. Con Will Smith, Clive Owen. China/EE.UU., 2019. Duración: 1 hora 57. MALA.

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Estrenado en Sundance, este documental exclusivo de HBO cuenta la historia de David Kellman, Eddy Galland y Bobby Shafran, tres jóvenes que casualmente descubren que son trillizos y que fueron separados al nacer tras ser adoptados por tres familias distintas. El director Tim Wardle comienza narrando el caso con la liviandad de una comedia ochentera (los hermanos se convierten en celebridades mediáticas, abren un restaurante, seducen chicas) hasta que todo se transforma en una pesadilla insospechada. Es que, con la ayuda de un reportero, descubren que su separación respondió a un experimento cruel e inhumano.

“Vidas separadas” narra un caso insólito y hasta ahora desconocido que invita a reflexionar sobre los límites éticos de la ciencia. Recomendado.

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“‘Atlanta” (Netflix) y todo lo que haga Donald Glover, el último gran genio de la TV. Es el mejor retrato del lado B de EE.UU., de los perdedores, en una narración hipnótica y, a ratos, desquiciada”.

La periodista acaba de publicar “Los años chilenos de Raúl Ruiz” (Periodismo UDP-Catalonia).

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