Contaba el fallecido líder de la revolución cubana, Fidel Castro, que en una ocasión le preguntó a Oswaldo Guayasamín cuántas víctimas indígenas, a su juicio, habían costado la conquista y la colonización en Latinoamérica. “70 millones”, habría respondido automáticamente, sin vacilar el legendario artista ecuatoriano.

En Guayasamín las heridas del pasado siempre estuvieron frescas. La angustia, la frustración y el desconsuelo marcan el expresionismo de sus piezas, por lo general, protagonizadas por figuras de rasgos autóctonos, caras y cuerpos alargados, huesudos, y una mirada vaciada por el terror del que han sido testigos.

Esa sed de reivindicación hacia los pueblos indígenas se ve en las piezas que conforman La edad de la ira, una de las dos series que conforman la exhibición de 32 obras que el Museo Artequín Santiago trae en conjunto con la Corporación Aldea Rural y Fundación Guayasamín.

La segunda serie, a diferencia de la anterior, resalta por sus vivos colores saturados en las expresiones cándidas de los rostros. Como el gesto condescendiente de una madre ante el llanto espontáneo de un niño que recién se va enterando de qué va el mundo. Es La edad de la ternura, dedicada a su progenitora, Dolores Calero. La serie es una de las últimas que realizó antes de morir, en 1999. Una especie de tregua con la vida para dejar la angustia de la existencia de lado.

Oscuridad y luz, polaridades del ciclo de la vida que termina como empieza, y de los que Guayasamín supo dar cuenta con un estilo que parece desbordarse en su visceralidad, pero siempre encuentra su camino. El sello de un artista que, a 100 años de su nacimiento, vale la pena revisitar.

Museo Artequín Santiago

Av. Portales 3530, Estación Central

Hasta el 31 de diciembre / Martes a viernes, de 09:00 a 18:00 horas

Fines de semana y festivos de 11:00 a 18:00

Entrada: $2.000 adultos / $1.000 niños, niñas, estudiantes y tercera edad

Entrada liberada los domingos

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