En enero de 2017 el empresario peruano Dionisio Romero renunció a la mesa de BCI (estaba desde 1997) y por esa misma fecha Luis Enrique Yarur (controlador y presidente de BCI) dejó tras 20 años el directorio de Banco de Crédito del Perú (BCP), perteneciente a Romero.

Ese hito marcó el fin del acuerdo de no agresión entre ambos grupos financieros el cual les permitía —a través de lo que se denomina interlocking— tener participaciones cruzadas en el BCI y el BCP.

Fin de un acuerdo que también significó la venta por parte de Romero de su inversión en el BCI (donde llegó a tener el 6%). Algo que el mercado chileno ya preveía luego que el empresario peruano adquiriera en 2012 la corredora IM Trust, para instalar en Chile a su holding Credicorp, matriz del BCP.

Así las cosas, Luis Enrique Yarur se demoró dos años siete meses en dar su respuesta. Ayer BCI informó que solicitará una licencia en Perú para operar como banco a partir de 2021. Y si bien, según el propio BCI, se trata de un plan orientado a la banca empresas, dadas las características del sistema peruano quedan pocas dudas de que el banco de los Yarur (que también informó ayer su expansión en el estado de Florida, EE.UU.) buscará su rápida expansión.

Y es que Perú presenta oportunidades, ya que su sistema tiene los mayores spread (margen entre la tasa de captación y de colocación) de América Latina y los menores niveles de intermediación financiera de la región (40% del PIB, versus el 100% o más en Chile), en un mercado con unos 14 bancos (dos estatales), entre ellos los de Cencosud, Ripley y Falabella, más varias financieras, cajas y cooperativas.

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Hoy el Presidente Piñera anunciará los principales lineamientos del Presupuesto 2020. En el marco de las negociaciones previas, el lunes pasado el Ministro de Hacienda, Felipe Larraín, se reunió con el Presidente de la Cámara de Diputados, Iván Flores. El encuentro generó una verdadera “competencia de maletines” (ver foto), entre la que portaba el ministro Larraín, con algunos adelantos del proyecto, versus la de Flores, con una extensa lista de peticiones, especialmente en las partidas de Medio Ambiente, Agricultura, Salud y Regiones.

Entre broma y broma, Flores le dijo al Ministro: “¿Y, con qué cifras nos quedamos, con las de Mañalich o con las de Larraín?”, en alusión a las críticas del domingo pasado del titular de Salud al manejo de las expectativas económicas desde Teatinos 120.

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JetSmart anunció que cancelará 4 de sus 18 rutas domesticas en Argentina, luego que fuese notificada de un fallo de la justicia federal que impide desde hoy las operaciones en horario nocturno (entre las 22:00 y 7:00 horas) en el aeropuerto bonaerense El Palomar. La medida también afectará a la compañía Flybondi. “La aerolínea debe reducir frecuencias y cancelar temporalmente” algunas rutas, por lo que “los pasajeros que estén afectados ya están siendo notificados”, dijo la línea aérea en el vecino país. En concreto, la compañía cancelará las rutas Córdoba–Tucumán–Córdoba, Córdoba–Neuquén–Córdoba, Mendoza–Neuquén–Mendoza y Mendoza–Tucumán–Mendoza, dijo a Clarín.

Los vuelos de JetSmart desde Santiago a El Palomar no se verían afectados.

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Nunca es fácil invertir, y hoy, no es la excepción. La renta fija está pagando tasas miserables, la bolsa en EE.UU. está en máximos históricos y Chile, aunque valorizado a precios atractivos, el ruido de la guerra comercial, no logra encontrar un catalizador que la haga despegar. Los precios de los bienes inmobiliarios en Chile, por su parte, también estarían por las nubes.

Las explicaciones que justifican los altos precios son razonables: los resultados corporativos en EE.UU. siguen firmes, y en el caso del sector inmobiliario, se explican por la escasez de terrenos y las limitaciones en el uso de los suelos.

Sin embargo, esos factores no parecen suficientes. En mi opinión, el tema pasa por las tasas de interés. Más específico, pasa por si el nivel de tasas actual está para quedarse. Un expresidente del Banco Central comentaba que las tasas bajas son consecuencia de un exceso de demanda por ahorro. ¿Por qué? Los proyectos de inversión no serían hoy lo que eran antes. Hoy, la necesidad de capital sería menor —Uber no tiene autos y Airbnb no es dueño de hoteles—, y entonces ese flujo de capital necesariamente busca otras alternativas. Lo anterior, sumado a que el pleno empleo ha probado hasta la fecha no ser inflacionario, hace suponer que podríamos tener tasas estructuralmente bajas por un buen rato.

Si no lo cree así, tome las precauciones del caso. Tasas más arriba significan una revalorización de toda la gama de activos. Por el contrario, si piensa que este escenario es “el nuevo normal”, ¿qué hacer? En renta fija hay alternativas interesantes en deuda privada y también, siendo cuidadoso, hay oportunidades en renta fija de mercados emergentes. Y en renta variable, como en renta inmobiliaria, siendo selectivos, todavía quedaría espacio. En el extremo, por pobre que sea un flujo perpetuo, si se descuenta a tasa 0, tiene un valor infinito.

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