En diciembre de 2016, Pedro Claro escribió una columna para la revista CorpAraucanía donde parte contando que lleva cuatro años viviendo en Temuco. “El modelo de negocios de la industria en que estoy y el de otras debe estar a la altura del desafío, debe pensar en entender el lugar donde se instala. Para ello es requisito vivir ahí, para que de esta forma entre empresas y comunidad seamos capaces de crear una realidad que obligue a los políticos a ponerse al día en un diálogo inclusivo”, planteó.

El segundo de los tres hijos del reconocido empresario y ex presidente de Sofofa, Juan Claro, se quedó viviendo en Temuco hasta 2017 —fueron algo más de cuatro finalmente— para promover varios proyectos en la zona. Hizo amigos, participó en distintas ceremonias mapuche, conoció múltiples historias y participó en actividades públicas como el encuentro 3xi que organizó la CPC en esa capital regional. Hoy, ya de vuelta en Santiago reconoce que “la Araucanía es un lugar dificíl”.

Eso sí, Energía Llaima, donde es gerente de desarrollo, vivió ayer un momento importante, que él prefiere no calificar como “triunfo”, sino más bien como “desafío”. Luego de tres horas de sesión, ayer la Comisión de Evaluación Ambiental de La Araucanía —que integran 11 autoridades regionales— aprobó de manera unánime (cinco votos con condiciones) el proyecto Hueñivales, una central de pasada en el río Cautín, en las cercanías de la ciudad de Curacautín, que con una inversión cercana a US$50 millones tendrá una capacidad de generación de 15 MW.

Pero la sesión no estuvo exenta de críticas. Estuvieron presentes en la Intendencia algunos representantes de comunidades mapuche que no fueron consideradas en la evaluación y que acusan sentirse afectadas. Claro dice que todas las que están insertas en el proyecto fueron integradas en las conversaciones, y que fueron definidas por el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), organismo que realizó la consulta indígena. No obstante agrega que esta oposición deja la puerta abierta para continuar conversando y recibiendo puntos de vista.

“Nos hubiera encantado dialogar con otras organizaciones, pero siempre hemos tenido las puertas abiertas (...) Hay que tratar de establecer un nuevo diálogo con todas estas personas”, plantea.

Instalarse, la fórmula

Eso de irse fuera de Santiago está en el ADN de Pedro Claro. La primera vez fue a los ocho años cuando su padre se trasladó a Puerto Chacabuco para dar inicio a la salmonera Friosur, de la familia Del Río. Saltó del colegio Saint George a la escuela municipal de Aysén y no fue fácil. En Revista Capital contó el año pasado algunos detalles de las cosas que hizo para empatizar e instalarse: “Todos mis compañeros tenían libros usados. Yo era más cuico y los tenía nuevos, entonces en las noches los rayaba y borraba para que se viera que también eran heredados”.

Terminó sus estudios en el San Benito en Santiago y de ahí optó por Ingeniería Comercial en la Universidad de los Andes. Su primer trabajo fue en Friosur, y al poco andar aceptó irse a vivir a Puerto Varas para echar a andar una piscicultura en Hornopirén. Tenía 26 años. Fue un par de años más tarde cuando su padre le ofreció entrar a Energía Llaima, la empresa que comparte junto a los empresarios José Antonio Garcés, Jaime y Gonzalo Said, mismos socios de Embotelladora Andina, donde Claro padre es presidente.

El primer proyecto de Llaima fue Guayacán, una central de 12 MW en el Cajón del Maipo, y tras el éxito vinieron las centrales Duqueco, que compraron el año pasado junto a la canadiense Innergex, una planta solar térmica en el norte (Pampa Elvira Solar), y varios otros proyectos en carpeta: las centrales de pasada Frontera (que tuvo una disputa con la lechera Ancali, de Carlos Heller), Canelo en el Cajón del Maipo (donde el conflicto fue con las Carmelitas Descalzas) y GEN100.

Compartir propiedad

Este último proyecto, GEN100, también está siendo dirigido por Pedro Claro, también con su sello. Es una central de pasada en el lago Maihue, que ocupará el caudal de tres ríos para producir unos 100 MW, mediante una inversión de US$ 240 millones. Aún es un proyecto en evaluación, que ni siquiera ha sido presentado a evaluación, pero en el que ya hay harto trabajo avanzado con comunidades.

Entre las novedades, ahí por ejemplo se está discutiendo cómo avanzar en una fórmula para acceder a la petición de las comunidades de participar en la propiedad del proyecto. Por eso, dice que es una historia que todavía tiene para hartos años.

Hueñivales, por ejemplo, estuvo tres años y medio en evaluación ambiental, y Claro describe que antes de tomar la decisión de construirla, buscarán cerrar los flancos que evidentemente ayer quedaron abiertos tras la aprobación en la Intendencia.

En lo personal dice que sigue creyendo en el camino propio asociado al diálogo y comunicación permanentes. “Establecerse es la única forma, el único camino, hay que dar el 100%. No es fácil en lugares donde básicamente hay conflictos de mucho antes. Creo en el diálogo”, culmina.

Central Hueñivales

l Es una hidroeléctrica de pasada, considerada energía del tipo renovable no convencional.

l Se ubica en el río Cautín, cercana a la ciudad de Curacautín.

l Tendrá una potencia instalada de 15,5 MW

l Su inversión es cercana a US$ 50 millones.

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