En los pasillos del nuevo Teatro C, en el subsuelo del setentero caracol Lo Castillo, en Vitacura, el actor Pedro Fontaine enfrenta la cámara con rostro serio. Alto, guapo, a simple vista no es obvio que sea hijo de Juan Andrés Fontaine, el mateo ministro de Economía de Sebastián Piñera, Chicago Boy. También es sobrino de Arturo, ex director del CEP y de Bernardo, acérrimo opositor a las reformas de Bachelet.

Si padre e hijo no se parecen físicamente, menos lo hacen en lo ideológico. “No creo en los partidos, desde la UDI al Frente Amplio”, asegura este actor con estudios en la Neighborhood Playhouse School de Nueva York, que pusieron una suerte de lápida a su cartón de Ingeniero Comercial de la PUC, carrera que terminó a duras penas y de la cual egresó sabiendo que nunca la ejercería.

En cambio, se dedicó al teatro, con una incipiente carrera como productor y actor de cine, actividades que hasta ahora le han permitido darle duro a la élite. Detrás de las cámaras, fue parte del equipo de producción de “Aquí no ha pasado nada” (2016), del director Alejandro Fernández Almendras, inspirado en el polémico caso judicial que involucró a un hijo del entonces senador, Carlos Larraín, quien fue liberado tras protagonizar un fatal accidente automovilístico.

Hoy, Pedro Fontaine está en las salas como uno de los protagonistas de otro filme de alto calibre político: “Araña”, la nueva película del director Andrés Wood, donde encarna a uno de los líderes de Patria y Libertad. Una historia que se cuenta a través de flashbacks entre el presente y el pasado, sembrando entre los espectadores incertidumbres respecto de un futuro amenazado por la discriminación y la violencia ideológica.

“Voté nulo”

“Estudiar ingeniería comercial fue una parada innecesaria. Hoy miro para atrás y digo: ¿qué hacía ahí? Claro, en el colegio me iba bien, tenía muy buenas notas y a la vez participaba mucho de los talleres de teatro. Tal vez me faltó valentía, pero era una etapa de mi vida en la que estaba muy confundido, me costó confiar en mis intereses y me dejé influenciar por mi entorno. Seguí el camino predeterminado, porque era lo más fácil y cómodo”, asegura este egresado del Colegio Grange.

—¿Respondiste a lo que tu familia esperaba de ti?

—Es indudable que los padres sienten aprensiones respecto de una carrera artística. Pero no me presionaron. Simplemente, me pareció una buena idea entrar a ingeniería comercial, pero pronto me di cuenta de que no me gustaba. Cuando egresé, tenía súper claro que no quería ejercer.

—¿Qué cara puso tu papá?

—Ninguna. De hecho, me apoyó bastante. Otro de mis hermanos es músico y todos tenemos una veta artística, así que no me sentí pasando a algo muy rupturista.

—Igual es una especie de lujo estudiar una carrera y al final no ejercerla. ¿Eres un privilegiado?

—Tuve mucha suerte de venir de un lugar que me permitió dejar una profesión que no quería hacer. No todo el mundo puede, así que lo asumo como una responsabilidad. Cuando vienes de un entorno en el que se te han ofrecido muchas oportunidades y herramientas, una forma de hacerse cargo de esos privilegios es aportar en los lugares donde más se necesita. Como actor, me interesa dar voz a problemáticas que son acalladas o silenciadas.

—¿Por quién votaste en las últimas presidenciales: por Sebastián Piñera, Beatriz Sánchez o Alejandro Guillier?

—Voté nulo.

—¿Votarías por J.A. Kast?

—De ninguna manera.

Está claro que Fontaine evita entrar en profundidades políticas. No se siente cómodo.

Señala: “Las problemáticas que me importan no se resuelven necesariamente desde un partido. Intento comprender el mundo a partir de mi trabajo, de proyectos que planteen preguntas que yo también me hago. Por ejemplo, me involucré en “Aquí no ha pasado nada”, precisamente, porque comparto las críticas a la justicia en Chile y que se representa en la capacidad de una cierta parte de la élite de hacer lo que quiera. Ese es un problema de la sociedad chilena y que se reflejó con el caso del hijo de Carlos Larraín. Luego, con “Araña”, se formulan interrogantes muy interesantes: ¿es la violencia inherente al ser humano? ¿Estamos construyendo una sociedad que está condenada a repetir los errores del pasado?”.

—Hoy, en el mundo, según varios analistas hay un resurgimiento del fascismo…

—Por eso es importante establecer este debate ahora, porque lo que estamos viendo da miedo. Somos un país muy nuevo con respecto a la inmigración, y la película está planteando un futuro cercano posible. El germen de Patria y Libertad es un miedo que se mantiene y que lleva a la gente a querer imponerse sobre otro con tal de proteger sus privilegios.

—¿Hay espacio hoy para un nuevo grupo extremo como ese?

—La violencia se sigue ejerciendo; el ultranacionalismo, el extremismo de derecha, es algo que está sucediendo en el mundo; lo vemos con Bolsonaro, Trump; el KKK se está rearticulando en EE.UU. ¡Claro que hay espacio para que se reformule algo así en Chile! No estamos lejos.

Reflexiona:

—Capaz que nunca nos reconciliemos (con nuestro pasado político), pero esta película nos permite unirnos y dialogar. Es fundamental tomar conciencia de que hemos vivido experiencias condenables desde todo punto de vista y que no se debieran relativizar, como la catástrofe humanitaria que significó para Chile la dictadura de Pinochet.

—¿Son complejos los almuerzos con tus papás? ¿Discuten de política?

—No somos una familia muy intensa ni de discusiones fuertes; nos llevamos muy bien, convivimos en paz, nos apoyamos. Pinochet no es un tema que nos enfrente. Yo vengo de una familia que me ha incentivado el uso de la imaginación, la creatividad, y que es muy diversa. Claro, se da que mi papá tiene un rol activo en política y que ese es su trabajo, pero he cultivado mis propias curiosidades e intereses, con la suerte de poder vincularme con gente que también se plantea inquietudes similares y las expresa artísticamente. Me siento muy afortunado de provenir de ese entorno.

El rol de las corporaciones

—Ya que hablaste de Pinochet, ¿cómo es tu relación con la figura de Salvador Allende?

—Lo admiro profundamente. Tuvo ideas por las cuales fue muy castigado. No lo dejaron gobernar, no pudo. Lo curioso es que sus ideas hoy no son tan lejanas y son muy interesantes. Admiro su coraje para plantarse ante un mundo tan adverso y querer lograr una revolución en democracia. Es muy valioso. De verdad, lo admiro mucho.

—¿Qué ideas suyas aplaudes?

—Cuestionó el rol de las corporaciones en una época en que eran más débiles que hoy. Darles poder a los trabajadores y devolver la propiedad de las riquezas naturales a los chilenos exigían coraje.

—¿Cómo te cae Sebastián Piñera?

—No lo conozco personalmente. Pero como mi papá trabaja en el gobierno, prefiero no opinar. Para qué. Mi papá está en una pega súper difícil, no quiero entramparlo.

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