Se define como representante de una “centroderecha social” preocupada por la pobreza y la desigualdad. Y subraya sus diferencias con esa “otra derecha” que solo piensa en la productividad y el rendimiento económico. Se declara miembro del Opus Dei, conservadora en lo valórico, contraria al aborto y la adopción homoparental. Casada hace 35 años, madre de nueve hijos y abuela de seis nietos, la diputada RN Ximena Ossandón (55) también se reconoce “huasa”, “impulsiva” y “deslenguada”.

De su carácter le echa la culpa a su crianza campesina, en los terrenos de Pirque, donde su familia se ha dedicado a labores agrícolas. Pero su “huaserío” natural le ha valido más de un dolor de cabeza. De hecho, saltó a la fama cuando en 2010 tuvo la infeliz idea de calificar de “reguleque” su sueldo como vicepresidenta de la Junji. Y lo hizo por Twitter.

—Le costó cara la ocurrencia.

—Las excusas atrasadas no valen y tuve que asumir las consecuencias de mis dichos, aunque encuentro que se ensañaron conmigo y me sacaron de contexto. Me dieron como caja y eso causó sufrimiento a mis hijos, hasta el día de hoy los molestan. Pero yo dije: “Esta huevada no me la va a ganar, porque a mis hijos nos los voy a dejar con esta mochila encima”. Fue el motor que utilicé para reivindicarme en la política. Creo que a una mujer le dan mucho más duro que a un hombre cuando comete un error, y tenemos derecho a volver a hacer lo que queremos y a no dejarnos sepultar.

—¿Y ahora mide más sus comentarios?

—La experiencia me ha hecho consciente de que uno está muy expuesto en política, y que siempre te pueden reventar. Pero no puedo negar que mi forma natural es muy “pensamiento hablado”. Cuesta controlarse. Todo el mundo se ríe porque yo chiflo, se cagan de la risa. Soy poco calculadora, me gusta la talla, la ironía y a veces un buen garabato bien puesto.

—Su educación huasa.

—Total. Crecí buena para la piedra, para el caballo, para el deporte, para jugar. Me gusta ser suelta, pero ahora he tenido que aprender a cuidarme más y a tener el cuero duro. En el Congreso se sorprenden porque creían que era más peleadora, más avasalladora, y no es mi estilo.

—Además les sorprende que sea amiga de gente como Pamela Jiles o que apoye a Camila Vallejo.

—A mí me gusta dialogar, me gusta la diferencia, soy amiga de diputados de distintas tendencias políticas. Yo trato de mirar detrás de las máscaras y valoro mucho a la gente honesta, más allá de sus ideas políticas. Nunca voy a dejar de decir lo que pienso.

—¿Aunque deje la embarrada?

—Es que no puedo mentir, no me resulta. Tengo demasiada mala memoria, entonces se me olvidaría repetir igual el cuento, cometería errores y me pillarían al tiro.

—¿No la estresa ser diputada?

—Para nada. Yo duermo tranquila, dejo los fines de semana para mi familia, no soy trabajólica, priorizo lo humano y hago lo mejor que puedo. Las críticas constructivas las escucho, las destructivas me resbalan cada vez más.

—¿Prefiere ser amiga de un comunista honesto que de un Opus Dei mentiroso?

—Mil veces, mil veces. Prefiero ser amiga de un comunista honesto que de un Opus mentiroso. No puedo funcionar con el doblez. Y también me aburren el prejuicio y la ignorancia. Como cuando hay cierta gente de derecha que dice: “¡Tal persona es comunista!”, como si fuera algo moralmente reprobable. Son prejuicios muy antiguos, que quedaron pegados desde dictadura y que muchos no han superado. Yo no le tengo fobia a la palabra “comunista”, aunque creo que el comunismo no ha funcionado en ningún lugar del mundo.

—De hecho, apoyó ahora a Camila Vallejo con su proyecto de las 40 horas. ¿Es cercana a ella?

—No soy amiga-amiga, pero la respeto y encuentro que su proyecto es bueno. Y sectores de la derecha me critican, me acusan de desleal. Yo creo que en Chile tenemos un tema que resolver como sociedad, que es súper potente. Descalificamos a las personas y no escuchamos sus ideas. Eso entre los parlamentarios es patético. Si una persona de otro sector político dice algo, de inmediato es descalificado. Yo quiero que trabajemos en beneficio de la gente y no nos entrampemos en rencillas mezquinas. Si tú lo vieras de repente en la Cámara, a mí se me paran los pelos. Hay gente que no quiere dialogar. Hay actitudes intransigentes y muy infantiles, groseras, de boicotear al otro sector político sin escucharlo.

El pueblo unido

—Usted dice que pertenece a una “derecha social”. ¿Qué significa eso?

—Vengo de una tradición de derecha austera, con más contacto con el pueblo y con los trabajadores. Eso yo lo viví en mi casa, en el campo de Pirque. Mis papás tenían una relación muy cercana con los trabajadores, convivían estrechamente con sus familias, había cariño, preocupación y compromiso mutuo. Eso me marcó. Yo pasaba las navidades con la gente del campo. Y siempre vi a mis viejos metidos en sus problemas. De hecho, mi papá aún les sigue pagando un sueldo a las viudas de trabajadores que murieron hace veinte años. Así eran los viejos de antes. Eso ya no pasa. Yo creo que reconozco cosas que otros no quieren reconocer, porque tienen miedo de perder sus privilegios. Yo digo que en Chile hay una tremenda desigualdad que hay que combatir, y para eso estoy dispuesta a dialogar con otros sectores políticos. Yo soy incómoda para muchos sectores de derecha.

—¿Y por qué sigue siendo de derecha?

—Hay cosas que comparto. Por ejemplo, la importancia que tiene la productividad y la idea de que los recursos son limitados y que el Estado no puede resolverlo todo. Pero dentro de esa idea muy general, hay matices y diferencias. No estoy de acuerdo con que todo sea lucro. Creo que la economía tiene que estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la economía. Creo en la familia y pienso que fortalecerla es un objetivo que deberían tener todos los países. Por eso mismo apoyo el proyecto de las 40 horas, porque beneficia el contacto familiar.

—No debe haber sido fácil para usted criar a nueve hijos.

—Yo habría tenido más. Me gusta mucho ser mamá. Y he podido trabajar y arreglar los tiempos, he trabajado de forma desordenada, por períodos, entrando y saliendo de la casa, y también llevando mucho a mis niños a los trabajos.

—No ha sido culposa por trabajar.

—No. Porque yo creo que si uno tiene dos o nueve hijos es la misma atención, solo varía lo que cada hijo recibe per cápita. Pero uno es siempre mamá. Me imagino que tener un solo hijo debe ser mucho más estresante, porque se concentra mucho la preocupación. En cambio con nueve hijos se reparte. Si yo no me relajo un sábado en la noche con todos los hijos en la calle, no puedo vivir. Entonces no me queda otra que confiar y relajarme. Por otro lado, creo que a los hijos les gusta ver a una madre que trabaja. Yo también siempre vi a mi madre trabajar. Hasta ahora, a sus 85, produce manjar en Pirque que distribuye a distintas pastelerías.

—¿Y es rico el manjar?

—Es el más rico de Chile.

Carrete Opus

—Dígame, ¿le han salido bien los hijos?

—De todo, en mi casa pasa de todo, como en cualquier casa. Los dolores más grandes vienen de los hijos, pero también las mayores alegrías.

—¿Son carreteros?

—Los mayores no, pero los más chicos sí. Y de repente me pongo paca con el alcohol y empiezo con inspecciones. Pero son cabros buenos.

—¿Pertenecen también al Opus Dei?

—No. Pero todos tienen una inquietud espiritual y social potente. Y compartimos los valores fundamentales.

—Hablando de temas valóricos, ¿por qué usted no está de acuerdo con la ley de adopción homoparental?

—Porque creo que los niños merecen criarse en una familia con un padre y una madre. Aunque tengo hartas parejas de amigos homosexuales…

—¿Del Opus Dei?

—No, no, no. Amigos de mi distrito, amigos de la vida.

—¿En el Opus no hay parejas homosexuales?

—Hay hartos hijos de gente del Opus Dei que son homosexuales, y te diría que las charlas más lindas que yo he escuchado en mi vida, del respeto hacia el mundo homosexual, han sido en el Opus Dei. Pero no estoy de acuerdo con la adopción homoparental.

—No es homofóbica como Bolsonaro, entonces.

—¡Cómo se te ocurre! Si tengo un hijo gay, lo único que tengo que hacer es amarlo.

—Y hablando de líderes de derecha, ¿qué le parece José Antonio Kast?

—Hace lo que tiene que hacer, pero no tiene nada que mostrar, no tiene experiencia en terreno, trabajando con la gente.

—Del Presidente Piñera, ¿qué opina?

—Es un tipo muy inteligente.

—Con eso todos se sacan el pillo cuando les preguntan por Piñera…

—La gente es lo que es no más. Pero yo nunca he tenido mucha relación con él.

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