“La crisis de salud mental es la crisis sanitaria más importante en Chile. Uno de cada cuatro chilenos tiene una enfermedad mental. En el último estudio que midió la salud de menores de 6 años, salimos el peor entre 24 países del mundo. Somos el segundo país de la OCDE que más ha subido en suicidio adolescente. Es la primera causa de muerte entre los 20 y 29 años y segunda entre los 10 y 19. Pasamos a ser el país con más consumo de drogas y alcohol en Latinoamérica. Las licencias médicas por salud mental representan el 57% del total. Y se han incrementado en un 600% en los últimos años”.

El diagnóstico lo hace Alberto Larraín, psiquiatra de 37 años, magíster en bioética, exmiembro de la comisión presidencial de discapacidad de la Presidenta Bachelet; trabajó en el Plan Nacional de Demencia, en el de prevención del suicidio y en el nuevo modelo de salud mental para el Sename.

Es el director de ProCultura, la fundación que creó hace casi 10 años en pro del rescate del patrimonio a lo largo de Chile. “La psiquiatría tiene que ver con poner en valor la historia de las personas. Con la fundación ponemos le damos significado a las comunidades”, explica. “Los grupos con sentido de pertenencia tienen menos enfermedades mentales. En Chile se homogeniza la diferencia. Se trata de igual manera a un niño de Tierra Amarilla o de Tierra del Fuego, cuyos entornos y biografías son totalmente distintos”.

—Los estudiantes de Arquitectura de la U. de Chile levantaron la voz por la sobrecarga académica.

—¿Cuál es la vida que queremos? Esa era la frase en común. Fueron 7 u 8 universidades en paro por lo mismo. Es fácil decir: “Son generaciones más blandas” o “se están aprovechando”. Pero podríamos ver cuánto de verdad hay en lo que proponen. Si uno mira los indicadores, te das cuenta que sus quejas no son disparatadas.

—Has dicho que en el sistema público hay 617 psiquiatras. Menos de un tercio de lo que pide la OCDE.

—El tema es el desbalance entre el sector el privado y el público, aunque en este último tampoco hay especialistas. Yo traté de conseguirlo en Lota, la ciudad de mis amores, y no lo logré.

“Los niños son muy permeables al estrés que viven los padres”

Alberto dejó su trabajo en la Subsecretaría de Salud para dedicarse a la campaña presidencial de la ahora senadora Carolina Goic. En la DC fue fundador del grupo Cardumen. Y, actualmente, trabaja junto al diputado Gabriel Boric en su programa de salud.

Es padre de dos hijos, y en su paso por Lota hace cinco años se enamoró de la región. Hoy viaja dos días a la semana para trabajar con ProCultura y atender una consulta gratuitamente. Tiene unos 80 pacientes. “Todos los casos son gravísimos. Y jamás me falla ninguno”, advierte. “Esa es la comunidad de la que yo me siento parte ahora. Es la comuna con más cesantía en Chile, con más campamentos y con más patrimonio también”.

Explica la salud mental como “el bienestar necesario para desarrollar una vida plena”.

Cuenta que en el último informe de la CUT les preguntaron a los trabajadores qué harían si tuvieran más tiempo libre. La primera respuesta fue “dormir”.

—Mario Waissbluth hizo un informe en 2017, en el que habló de un problema “retorcido” que, como sociedad, preferimos no enfrentar.

—Es complejo, pero hay países que han logrado avanzar. Cuando extendimos la jornada escolar para fomentar el deporte y el arte, no sucedió. Hoy, hay más horas dedicadas a las asignaturas duras. El foco debería estar en que los niños disfruten y descubran la forma en la que ellos aprenden. Y que los currículos tengan pertenencia cultural. En Lota llevamos a 1.200 niños de colegios municipales a rutas patrimoniales y vimos que el 85% de ellos nunca había bajado a una mina. Las nuevas generaciones invisibilizan lo que les da origen a su comunidad.

—Pierden identidad.

—No solo eso. Se vive una especie de violencia, porque si anulo lo que eres, lo que te digo es que no eres valioso.

—Y la mitad de los niños responden al Simce que se sienten “tontos”.

—Alejandra Arratia, de Educación 2020, ha hecho una pega bien bonita en entender lo que pasa en el aula. Esos niños sienten que no pueden aprender porque les enseñan contenidos que no tienen conexión con su vida. Necesitamos un desarrollo armónico, donde la calidad de vida sea prioritaria.

—Para que no respondamos que nuestra meta es “dormir”…

—¿Qué queda para el deseo? ¿Los hobbies? Las comunidades han encontrado en la droga una satisfacción que la propia vida no les puede otorgar. Lo mismo sucede con el vacío que uno intenta llenar comprando. Hay comunidades que siempre se han sentido maltratadas. Acaba de llegar el primer restaurante de comida rápida a La Pintana, donde viven 250 mil personas.

—¿Por qué entre el 12 y 16% de los menores de 6 años sufren ansiedad y depresión?

—Los niños son muy permeables al estrés que viven los padres; por el día a día o los traumas transgeneracionales. Donde mejor se ha estudiado esto es con los Inuit en Alaska, una población nómade que el estado canadiense hizo sedentaria. Es la población que más se suicida en el mundo. Los padres les transmiten a sus hijos que da lo mismo lo que hagan, alguien los va a violentar. El estrés que ellos tienen, midiéndoles el cortisol, es equivalente a que estuvieran con una crisis de pánico permanente. Segundo: influye el medio en el que se desenvuelven. La inequidad es directamente proporcional a las enfermedades mentales. Y tercero: ponemos una presión sobre los niños que no es sana.

El suicidio y el consumo

Larraín cursa un doctorado en salud pública en la U. de Chile, en la temática del suicidio. Explica que los datos que existen están con dos años de retraso, pero se estima que acaban con su vida 5 o 6 personas a diario. Y el grupo que más se suicida son los adultos mayores. “Por sensación de soledad, desesperanza y enfermedad”.

—Se acaba de tirar otra persona del Costanera Center y la gente mira como si fuera un espectáculo.

—Hay una tremenda irresponsabilidad del mall que no ha tomado las medidas mínimas: las barandas siguen midiendo 1,10 m en vez de 1,60. El Costanera Center ya se constituyó como un espacio de suicidio, se transformó en un ícono. Es muy simbólico que también sea ícono del consumo. Está estudiado que cuando estamos en la vida más superficial, los hechos más dramáticos nos hacen sentirnos más vivos. Y que no sean capaces de implementar un plan de prevención es el mejor reflejo de que no hay una visualización del ser. ¿Es legítimo que en Lota sigan existiendo 4 mil familias sin agua ni luz? En Twitter alguien contaba que llegó con su hermano psicótico al hospital y lo mandaron de vuelta a la casa con pastillas para dormir. Eso es violencia.

—¿Qué se hace hoy con un paciente que requiere atención psiquiátrica y no tiene lugar en el sistema de salud?

—Sufrir. Algunos centros no los reciben porque consideran que son un cacho. Solo las clínicas universitarias lo hacen, pero con valores altísimos. Ni hablar de las 800 mil personas con consumo problemático de drogas; tenemos 30 mil cupos de atención. La crisis de salud mental es un síntoma. Nada va a cambiar mientras no generemos un nuevo pacto social.

—Considerando que en el sector alto todavía es mal visto reconocer alguna enfermedad mental.

—En Chile, enfermarse del cuello hacia arriba no es lo mismo que del cuello hacia abajo. Las enfermedades mentales son las únicas que se utilizan como adjetivos: tú eres loco, esquizofrénico, bipolar... nadie dice tú eres diabético. Peyorativo totalmente. Hoy, el cerco se ha corrido; hablaron Mon Laferte, Camila Gallardo, Anita Tijoux, Tamara Acosta...

—Boric asumió un alto costo político al reconocer su TOC el año pasado.

—Parte fue costo político, pero ante la sociedad es una ganancia. La fortaleza nace de la fragilidad. El gran aporte que terminó haciendo el diputado Boric es decir que él, siendo un líder, tiene una enfermedad permanente y requiere tratamiento.

—¿Aún cuando algunos pares puedan pensar que no resulta apto políticamente?

—Sí, pero su mayor virtud es cómo lee la sociedad, y logró entrar en sintonía con lo que a la comunidad le hace sentido. Los liderazgos tienen que ver con arriesgar lo propio en pro de lo común.

—En el Congreso deben haber unos cuántos más con enfermedades de ese tipo no declaradas.

—Al menos un tercio del Congreso debe tener alguna enfermedad mental no declarada. Y nadie habla. La Marisela Santibáñez dijo algo cuando murió su hija. Boric ahora puede tener un TOC y tener una muy buena salud mental. No lo inhabilita. Carolina Goic con su cáncer llegó pelada y mostró una realidad.

—Enfermedad que probablemente lleva a una depresión en muchos casos.

—Entre un 50% y un 70% de los pacientes con cáncer se cruza con cuadros anímicos. Para ella, el tema de la salud mental era prioritario; fue una de las personas que más me ayudaron cuando yo estaba en el ministerio. Ojo, que ambos son de Magallanes, tienen una relación distinta con su comunidad. El orgullo magallánico es potente. Y han tenido que pelear por que Chile los mire distinto. Los dos logran poner en el centro a la comunidad ante una dificultad personal.

—Jonathan Davidson, profesor de Psiquiatría en Durham (EE.UU.), escribió un libro donde analizó a 51 primeros ministros británicos, en el que concluía que el 75% sufrió trastornos mentales “significativos”.

—Hay una teoría que se llama The Great Madness, que dice que los liderazgos que han sufrido enfermedades mentales son más permeables a percibir el dolor del otro y poder acogerlo. Churchill, Lincoln, Gandhi, todos ellos tuvieron depresión y pudieron leer el sufrimiento de su gente y transformarlo en acciones concretas para su mejoramiento. El estrés permanente es un factor de riesgo de enfermedades mentales, sin duda.

—¿Es habitual que no podamos observar nuestras enfermedades mentales?

—Tenemos normalizada la violencia. Mis profesores de psiquiatría me decían que las mujeres eran las que consultaban más, porque tenían más tiempo. Una forma muy sutil y machista de no ver la violencia estructural que sufren las mujeres. Tenemos normalizado el cansancio, el estar mal. Se nos hace más difícil captar una depresión. Son más frecuentes de lo que la gente cree, y tiene síntomas inespecíficos: insomnio, ansiedad. La angustia, uno la tiene muy normalizada, la gente se automedica. Tenemos que dirimir qué es lo que queremos como país.

LEER MÁS