Usted es una serpiente que vive en Las Condes. ¿Es esta una comuna ideal para las víboras?

No soy una víbora, así que no te podría responder esa pregunta tan resentida. Ellas tienen veneno en sus colmillos, un adelanto tecnológico que mejora su efectividad en la caza, pero que para mi gusto, ha hecho perder el antiguo arte de la constricción, más popularmente conocida como estrangulación. Cazar con veneno es como manejar con Waze: fácil, pero aburrido. Me quedo con mi viejo y querido oficio: el de saltar sobre el ratón semanal que me traen al terrario, hundir mis dientes en ese suave cuello blanco que es como un malvavisco tibio y peludo, y en veinticinco centésimas de segundo traerlo hacia mi cuerpo para envolverlo como una bufanda asesina, con tanta fuerza que su sangre deja de circular hacia el cerebro y su bondadoso e ingenuo corazón renuncia a seguir latiendo.

Eso suena muy perverso, y de alguna manera confirma esa fama bíblica que tienen las serpientes de ser traicioneras, siempre tramando un plan maligno. ¿O no?

Ahí de nuevo te equivocas. En esta era donde la transparencia es un imperativo, no hay nada más probo que una serpiente. Lo que ves es lo que soy: no tengo articulaciones bajo las cuales pueda esconder nada, ni una caparazón donde ocultarme. ¡Incluso cambio de piel para mostrarme en plenitud! No existen en mí dobles intenciones: si veo a un ratón o a un pajarillo, no simularé que me simpatiza, ni lo pondré en los libros para colorear para después meterlo en una olla, como hacen ustedes. En ese sentido, una serpiente jamás se morderá la cola.

Lizarda Antonia

Dueño: Sebastián Rojas

Especie: Serpiente del maíz (Pantherophis guttatus)

Edad: 8 años

Comida favorita: ratones vivos

Lugar preferido: la estufa

No soporto: el frío

Me fascina: trepar

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