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Mike Naumenko es un músico activo en la Unión Soviética de comienzo de los 80. Apodado el “Bob Dylan de Leningrado”, tiene una legión de fans, un grupo de inseparables amigos y una esposa adorable que lo admira. También una colección de discos que consigue de forma clandestina. Son álbumes fundamentales de Velvet Underground, T-Rex, David Bowie, Talking Heads y Blondie.

Si no es fácil escuchar rock foráneo en ese contexto, menos lo es mantener una banda. Las letras de las canciones deben ser aprobadas por el Partido y en los conciertos está prohibido manifestar demasiado entusiasmo. Así y todo, estos jóvenes logran tomarse la noche soviética y vivir los excesos que propone el rock and roll.

Un día aparece en escena Viktor Tsoi, un joven tímido, de rasgos orientales, que demuestra ser un compositor aventajado. Naumenko se sentirá cautivado por sus canciones y su mujer, atraída por su exotismo. El director ruso Kirill Serebrennikov cuenta esta relación de mentor-discípulo con soltura, evitando las camisas de fuerza que los malos narradores usan en beneficio de la simetría argumental. En “Leto” las situaciones fluyen con naturalidad y las complejas dinámicas relacionales están de alguna manera determinadas por ese telón de fondo que es el totalitarismo.

Lo interesante del filme (y conviene explorar internet después de la función) es que Naumenko y Tsoi efectivamente existieron. El último es, de hecho, una suerte de James Dean soviético que perdió la vida en un accidente automovilístico con 28 años de edad. Serebrennikov celebra sus vidas con la pasión de un fan y contrapone la fuerza de las canciones a la represión. Esto se ve principalmente plasmado en algunos insertos que matizan el realismo de la apuesta con dosis de fantasías musicales, como cuando los habitantes de Leningrado entonan “Call me” (Blondie) o “Psycho killer” (Talking Heads) desde sus mundos grises y las imágenes se funden con trazos animados. En otros momentos, Serebrennikov rompe su apuesta cromática con coloridos planos en Súper 8, como si quiera replicar cinematográficamente el espíritu de las bandas que homenajea.

“Leto” —postulante a la Palma de Oro en Cannes— tiene actitud, frescura y revisita una escena marcada por melomanías ocultas en medio de represiones públicas. Una pequeña gran sorpresa.

“Leto”. Dirección: Kirill Serebrennikov. Con Teo Yoo, Roman Bilyk. Rusia/Francia, 2018. Duración: 2 horas 6. BUENA.

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No hay que subvalorar a los amantes del cine de terror, pero da la impresión de que hay un gran porcentaje de espectadores que enfrentan películas como “Annabelle 3: Viene a casa” sin expectativas de encontrar alguna novedad. Verlas es, para ellos, como un ritual desechable. Ahora bien, adoptar una actitud de autoengaño es probablemente la única forma de digerir esta tercera entrega de la saga que nace de “El conjuro”.

Esta vez, la trama se centra en la hija de los expertos en paranormalidad que interpretan Patrick Wilson y Vera Farmiga. Se trata de Judy, una niña que se queda sola en casa, junto a una babysitter y una amiga de ésta. Ahora bien, Annabelle, la muñeca infernal, yace en una bodega destinada a objetos “malditos”, pero, claro, un par de imprudencias desatarán nuevamente el mal.

El director, Gary Dauberman, no hace más que poner en práctica un manual de estilo demasiado visto, un juego de contraste entre silencios y jump scares que no levantarán a nadie de sus asientos. A esto sumémosle un desfile de detalles absurdos, la ausencia del más mínimo rasgo de crueldad, la artificialidad de efectos especiales que no contribuyen al miedo y un azucarado discurso sobre la culpa.

“Annabelle 3: Viene a casa”. Dirección: Gary Dauberman. Con Mckenna Grace, Madison Iseman. EE.UU., 2019. Duración: 1 hora 46. MALA.

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Sofía Oportot sugiere:

“Pieles”, en Netflix, del español Eduardo Casanova. Indaga en las vivencias de un grupo de inadaptados sociales que llevan a cuestas sus historias de forma poderosa. Tiene una estética particularmente soft, los dramas más retorcidos son retratados en tonos pasteles, logrando un contraste que nos invita a reflexionar”.

La cantante acaba de estrenar el video de “Sola y aburrida”, dirigido por Roberto Doveris.

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Cuando Fred Armisen (ex Saturdat Night Live y creador de “Portlandia”) visitó México quedó impresionado con la cultura gótica que abunda en el DF. Así se le ocurrió “Los Espookies”, la primera serie gringa en español de HBO que, por esas cosas de la vida, fue grabada íntegramente en Chile con un par de actores locales. La decisión se debe a la participación de Fábula en la producción, aunque el país donde transcurre la historia sea el ficticio Altotitlan. Aquí, un gótico, una dentista y un millennial consentido y millonario —todos expertos en fabricar efectos especiales— son contratados por un cura (Luis Gnecco) que pretende hacerse mediáticamente conocido por sus dotes exorcistas.

Así comienza una serie que apuestas por el absurdo, el humor seco, las referencias al Cine B y el exotismo latino for export con tanta gracia como arrojo. En definitiva, un excéntrico cóctel que lleva la marca trastornada de Armisen.

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