Fernando Riera

Cuando manda el DT

En los 60 se produjo el siguiente diálogo en un entrenamiento:

—Oiga, Enrique, súbase las medias. No puede jugar así.

—¿Ah? Nooo, poh, don Fernando. Yo en Colo-Colo juego así, con las medias abajo.

—Entonces vaya a vestirse y a jugar a Colo-Colo. Porque aquí el que manda soy yo. Si quiere volver, tiene que seguir las reglas.

Fue al inicio del proceso de preparación para el Mundial de 1962 cuando Chile perdió a su mejor jugador. Enrique “Cuá Cuá” Hormazábal era la estrella de Colo-Colo, un mediocampista de técnica soberbia y con una personalidad desbordante. Pero la disciplina imperial del técnico Fernando Riera estaba por sobre cualquier nombre.

“Cuá Cuá” era un tipo duro que nunca quiso quejarse en los medios. Era muy amigo del capitán Sergio Navarro y siempre se juntaba con él después de los entrenamientos de Colo-Colo, en la fuente de soda del Chiporro Orellana, un exjugador, en la calle Chacabuco con San Pablo. Allí fue donde años después miró a Navarro y le confesó algo que nunca más repetiría: “¡Cómo fui tan hueón! Por prepotente y soberbio me perdí un Mundial. Yo creía que me la iba a poder porque en Colo-Colo yo hacía lo que quería, pero no me di cuenta de que en la selección no era así”.

Francisco “Chamaco” Valdés

El capitán Chamaco

Francisco “Chamaco” Valdés tenía una forma sencilla de negociar. “Decía que les preguntaba a los jugadores cuánto querían ganar como premio. Si ellos pedían 200 dólares, él iba y le decía 350 a los dirigentes. Volvía con 300 y todos lo amaban”, cuenta Axel Pickett, autor del libro “El partido de los valientes”, quien auscultó a la selección que clasificó al Mundial de Alemania 74. “Eran otros tiempos”, aclara el escritor. Los jugadores de Colo-Colo 73 pidieron 100 dólares por si le ganaban a Botafogo en el Maracaná y los dirigentes se negaron. “Cuando se produjo la victoria, estos dirigentes entraron eufóricos al camarín y los jugadores ni los miraron, con desprecio absoluto”.

Chamaco se convirtió en el líder de la Selección pese a que entonces la gran figura era Elías Figueroa. Pero el defensa del Inter de Porto Alegre no estaba interesado en discutir la jineta. Ambos se complementaban, y si había un rival para “Chamaco”, ese era Carlos Reinoso. Pero “Chamaco” flotaba sin esfuerzo. “Tenía un sistema especial de liderazgo. Compartía toda la información. No era autoritario, era un chileno medio adorable y buena persona”, cierra Pickett.

Como Jorge Sampaoli le insistía en filtrar de alguna manera lo mal que lo estaba pasando, Milton Millas accedió a conversar con él, pero con testigos.

El periodista y director del programa radial “Deportes en Agricultura” invitó a cuatro periodistas a su casa y entonces el técnico de la Selección pudo desahogarse, sabiendo que estaba guardando una carta ante la catástrofe que estaba por venir.

“Es difícil que Chile llegue al Mundial de Rusia”, presagió el argentino. Habló de jugadores metidos en la bebida, habló de indisciplina.

El liderazgo supuesto no era tal. “Decía que Claudio Bravo era calladito, que no se metía con nadie, que solo hacía su trabajo”, recuerda Millas.

“A él lo hacen poner la cara, pero son otros, los de la banca Pitillo, los que lideran el equipo”, complementa Sergio Gilbert, otro de los asistentes.

Toda aquella descripción no solo acabó en el mal camino a Rusia, sino que revive con la exclusión de Claudio Bravo y Marcelo Díaz en la lista del técnico Rueda.

La Selección no había tenido remezones similares. En momentos de la verdad, el liderazgo asomó oportunamente.

Roberto “Cóndor” Rojas

El ímpetu

del Cóndor

Casi no se viaja y casi no se juega. No había arreglo posible para la selección que en 1987 llegaría a la final de la Copa América, y que finalmente perdería con Uruguay por 1-0. Roberto Rojas se levantaba como imponente líder del combinado que dirigía Orlando Aravena. En esa condición, había decidido que el equipo no viajara a Argentina si no se arreglaban los premios. Todos lo miraban para arriba, excepto el vicecapitán, Fernando Astengo, el único que pasó por sobre su decisión y acordó el viaje con el presidente Miguel Nasur. “Tú puedes negarte, pero para los muchachos es una oportunidad. Tú tienes la carrera hecha”, argumentó Astengo al arquero del Sao Paulo.

Una vez en la concentración, en la villa Carlos Paz, el tesorero de la asociación llegó para cerrar el acuerdo y trató a los jugadores de “mercenarios”. Los compañeros tuvieron que detener a Rojas, quien iba a lanzarle una silla al representante. El ímpetu del Cóndor demostraba que no estaba para especular. Fue un capitán ejemplar con sus compañeros, preocupado y protector; frontal con los dirigentes. Como se vería después, ese ímpetu no tenía límites.

Iván Zamorano

Poderoso Iván

Recuerda Milton Millas una escena para definir el liderazgo de Iván Zamorano. “Había ido a comprar los derechos de transmisión del fútbol español y esperaba a Iván a la orilla de la cancha del Real Madrid. Le conté que necesitaba hacer unas promociones con algunos jugadores. Me hizo pasar al camarín, se subió a una mesa y les dijo a sus compañeros: este es amigo mío y necesita entrevistarlos. Todos los jugadores se pusieron en fila para hablar. Todos, excepto Butragueño, que se acercó para decirme que él no daba entrevistas sin corbata. Me dijo que vendría en la tarde, y a las 15 horas me estaba esperando, solo en el estadio, para que lo entrevistara. Así de líder era Iván”.

El capitán de la Selección en Francia 98 fue un caso excepcional, porque era un líder en lo interno y también en la parte externa. A diferencia de Marcelo Salas, que era incuestionable dentro del equipo, Zamorano era vocero, conductor, anfitrión. Fue quien anunció el veto a la prensa, cuando los primeros relumbrones de la farándula enturbiaron la atmósfera de la Roja tras Francia 98. El “silenzio stampa” lo importó desde Europa y todos cerraron filas con él. No era amigo de Salas, pero se respetaban.

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