Me prometí no involucrarme más en la política y no apoyar a nadie. Sólo espero para mí y para mi gente que podamos mejorar como país. No más corrupción. No más hambre

Ronaldo Luís Nazário de Lima está saboreando una rebanada de jamón ibérico cuando llego al Mesón Txistu, un restaurante vasco en Madrid, adornado como una clásica taberna española. Él lo conoce muy bien. Está a pocos minutos del estadio Santiago Bernabéu, sede del Real Madrid, el club de fútbol más rico y exitoso del mundo. “Incluso el rey de España viene aquí”, dice, explicando por qué eligió este lugar. Ronaldo, por supuesto, era parte de la otra realeza de la ciudad, los portadores de la famosa polera blanca del Real. “Dos monarquías”, dice con una sonrisa.

A este legendario jugador brasileño, se le otorgó dos veces el Balón de Oro, el premio anual que se le entrega al mejor jugador del mundo. En su apogeo, poseía una tremenda velocidad, confundía a los oponentes con deslumbrantes maniobras, y disparaba con una precisión letal. Los aficionados lo apodaron “O Fenômeno”.

Ahora que estamos en a la espera de la final de la Champions League, he venido aquí a hablar de fútbol con uno de los grandes de todos los tiempos y a averiguar si un delantero superestrella realmente puede transferir sus habilidades al puesto de directivo de equipo. La trayectoria desde el terreno de juego hasta el sector empresarial quizás sea muy transitada, pero Ronaldo pertenece a la primera generación de futbolistas capaces de ser dueño de sus clubes.

Las paredes del restaurante están cubiertas de fotografías de clientes que incluyen luminarias futbolísticas como el propio Ronaldo, su “gran amigo” David Beckham e incluso su tocayo Cristiano Ronaldo, quien compite con Lionel Messi de Barcelona como la celebridad más sobresaliente del deporte. ¿El Ronaldo original extraña la atención y el estruendo de la multitud?

“Por supuesto, la gente todavía me reconoce en todos lados, pero todo es más relajado”, dice. Hay, añade, “ahora tengo la oportunidad de vivir”.

Del Bernabéu a Valladolid

Su nueva vida se ha centrado en una serie de iniciativas empresariales. En septiembre, adquirió el 51% del Real Valladolid, un equipo en los puestos más bajos de La Liga, la primera división de España, por €28 millones. Esto fue en parte una cuestión de oportunidad. Ronaldo se había beneficiado del momento decisivo del deporte: el dictamen del caso Bosman, una decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 1995, les facilitó a los jugadores moverse entre clubes, lo que permitió a la élite del juego llenar sus equipos de talentos mundiales después de que las cadenas de TV pagaron sumas astronómicas para transmitir partidos entre los mejores equipos. Una cascada de dinero financió mega salarios para las superestrellas del juego.

A la edad de 21 años, Ronaldo había sido transferido dos veces por sumas históricas a nivel mundial. Según se informa, alguna vez fue el futbolista mejor pagado, y su sonrisa adornaba las campañas publicitarias internacionales. Ganó entre US$200 millones y US$250 millones en salarios y patrocinios corporativos a lo largo de su carrera, según Forbes.

Ahora está invirtiendo parte de esa riqueza en el Valladolid, y ha hablado de planes para renovar su estadio y construir un campo de entrenamiento. Y promete ser un dueño diferente a los de los equipos donde jugó. “Sé lo que quieren los jugadores. Sé lo que necesitan”, dice.

Los “consejos” de Berlusconi

¿Y qué es exactamente? Bueno, por un lado, no entrará a los vestidores ni antes ni después de los partidos. Ésa sería una injerencia egoísta en el santuario interno del equipo, violada por personas como Silvio Berlusconi, el ex presidente de AC Milan, magnate de los medios de comunicación y ex primer ministro de Italia.

Con simulado acento italiano, Ronaldo recuerda los consejos tácticos de Berlusconi cuando jugaba para el AC Milan. “Es muy fácil anotar en un tiro de esquina. Pongan a todos fuera del área y cuando él patee la pelota, ¡todos se meten al área pequeña!”.

Se ríe: “Cuando Silvio decía algo, todos decían: ‘Está bien, lo haremos'. Pero después de eso lo hacíamos a nuestra forma”.

La gran experiencia de Ronaldo en el fútbol podría no ser relevante para los jugadores del Valladolid, quienes luchan para evitar el descenso de la Liga esta temporada. En su primer partido como dueño, Ronaldo observó como el extremo del Valladolid, Keko, perdió una simple oportunidad de anotar.

“Después del juego le dije: ‘Ve con calma, espera al portero y él decidirá por dónde lanzas tu disparo'. Él me miró y me dijo: ‘Es fácil para ti decirlo'”.

Se puede ver fácilmente por qué Ronaldo era un compañero de equipo tan popular. Creció en una pequeña casa de dos habitaciones en Bento Ribeiro, un suburbio de clase obrera de Río de Janeiro. Las trazas de la fama no parecen haberle dado aires de grandeza.

Cuando era niño, se le ofreció una prueba en el Flamengo, un famoso club de Río al que él apoyaba de niño, pero no pudo pagar la tarifa del autobús para asistir. Terminó en los menos prestigiosos equipos brasileños São Cristóvão y Cruzeiro antes de partir al equipo holandés PSV Eindhoven en 1994. Ronaldo, un fenómeno marcando goles, jugó para algunos de los clubes más grandes del continente: Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid y AC Milan.

Le recuerdo el gol milagroso que marcó para el Barcelona contra el SD Compostela. Los jugadores rivales jalaban su camiseta y pateaban las piernas de Ronaldo mientras él driblaba a través de lo que parecía un laberinto desde la mitad de la cancha. Cuando el delantero perforó la red, el difunto Sir Bobby Robson, en aquel momento DT del Barcelona, se llevó las manos a la cabeza con incredulidad. Nike, el mayor patrocinador comercial de Ronaldo, creó un anuncio basado en el gol con el lema: “¿Qué pasaría si le pidieras a Dios que te convirtiera en el mejor futbolista del mundo y Él te escuchara?”.

Al mencionar ese momento de inspiración divina, Ronaldo comparte otra anécdota, volviendo a su hábito de imitar los diálogos.

“La semana pasada estuve en un restaurante y un tipo se me acercó y me dijo: ‘¿Te acuerdas del gol que anotaste en Compostela?'”

“Por supuesto que lo recuerdo, sí”.

“Yo estaba ahí”.

“Oh, ¿estabas allí? Qué bien”.

“No, yo estaba allí jugando. Yo era el defensor”.

Las finales del Mundial

A pesar de estos grandes goles, la carrera de Ronaldo se recordará más por los dos partidos más importantes de su carrera: las finales de las Copas Mundiales de 1998 y 2002. En la primera de ellas, a Brasil se le consideraba el favorito contra los anfitriones del torneo, Francia. Ese día, Ronaldo sufrió un ataque convulsivo en su habitación durante una siesta después del almuerzo. Hubo histeria en los medios cuando el nombre de Ronaldo no apareció en la formación inicial. Pero después de que los médicos le dieron el visto bueno, Ronaldo exigió estar en el once inicial. Él y Brasil tuvieron un mal desempeño. Francia ganó 3-0.

Abundan las teorías sobre qué le provocó el ataque: agotamiento mental, intoxicación alimentaria deliberada, una reacción adversa a un analgésico. Ronaldo aún no sabe a ciencia cierta por qué ocurrió. “A la gente le encantan las teorías de conspiración”, dice. “Tonterías”, continúa.

De forma retrospectiva, ¿debería haber jugado? “No fue mi mejor juego. Pero estaba listo para jugar. Es difícil de explicar”.

Ronaldo continúa: “Ves cómo Messi juega con el Barcelona, y cómo juega con la selección argentina. Es totalmente diferente. No es fácil jugar con la selección nacional en grandes competencias. Todos los mejores jugadores del mundo están ahí. No es fácil ganar una Copa del Mundo, especialmente cuando juegas contra Francia en París y todo el estadio es azul”.

En Brasil, un país apasionado por el fútbol, la derrota conmocionó el espíritu nacional. Hubo audiencias en el congreso sobre el resultado, enfocadas en si Nike, que había pagado US$160 millones en un acuerdo de equipamiento con el equipo nacional brasileño, le exigió a su cliente Ronaldo jugar la final (una acusación que todas las partes negaron vehementemente).

Ronaldo recuerda que los parlamentarios incluso lo interrogaron sobre las tácticas del equipo: “Me preguntaron: ‘¿Quién debería estar marcando a Zidane durante los tiros de esquina?'”. “Fue increíble”, dice.

El Ronnie político

Esas experiencias pueden ayudar a explicar la desconfianza de Ronaldo por la élite gobernante de Brasil. Formó parte del comité de que organizó la Copa del Mundo 2014 en el país, después de lo cual varios ejecutivos del fútbol fueron acusados de corrupción por las autoridades estadounidenses en relación con el evento. Ese incidente refleja las revelaciones generalizadas de sobornos que han llevado a la destitución de muchos políticos y líderes empresariales brasileños, la indignación pública magnificada en una nación donde la desigualdad sigue siendo rampante.

“Finalmente”, dice Ronaldo sobre este clamor, “la gente siente que alguien los está escuchando”. Le pregunto si esto significa que él está de acuerdo con el presidente Jair Bolsonaro, un polémico derechista cuyas promesas de acabar con la corrupción han ganado apoyo en su país, incluso de famosos ex futbolistas como Ronaldinho y Rivaldo. “Lo digo en general, sin nombrar a nadie”, dice.

Ronaldo ha respaldado candidatos anteriormente, pero luego ha descubierto que ellos también se han beneficiado de sobornos: “Me prometí no involucrarme más en la política y no apoyar a nadie. Sólo espero para mí y para mi gente que podamos mejorar como país. No más corrupción. No más hambre”.

En los años posteriores a la final de 1998, Ronaldo sufrió una serie de lesiones que amenazaron su carrera. Un doctor en EE.UU. le aconsejó una cirugía que le habría impedido jugar de nuevo. Ronaldo ignoró el diagnóstico, y regresó, contra todo pronóstico, a tiempo para la Copa Mundial 2002. Se convirtió en el máximo goleador de esa competencia. En la victoria por 2-0 contra Alemania en la final, Ronaldo anotó ambos goles. Fue la redención para él y para su país.

Antes de ese juego, Ronaldo admite haberse sentido atormentado por lo ocurrido cuatro años antes: “El partido final en Yokohama (Japón) fue a las ocho de la noche, la misma hora que el de París. Después del almuerzo, todos se fueron a dormir, pero yo no dormí ese día, temiendo que algo volviera a suceder lo de Francia” Dida, el portero suplente de ese equipo, se quedó despierto con el 9.

Al final de nuestra comida, sugiero el postre, pero Ronaldo se acaricia el torso. El postre es un “problema”, dice. Ronaldo ha ganado algunos kilos después de su retiro. Esto ha provocado comentarios públicos algo crueles. Pero la razón principal del aumento de peso de Ronaldo es que padece de hipotiroidismo, una condición que ralentiza su metabolismo. Ronaldo toma medicamentos para contrarrestar el efecto. Pero se toma el asunto a la ligera.

“No me arrepiento”

Sigue habiendo una sensación persistente de que, a pesar de su fama, Ronaldo, amante de la diversión, nunca aprovechó al máximo su talento. Todo un mujeriego en su juventud, dos de sus matrimonios fracasaron. ¿Se arrepiente de la afición a la fiesta? “No, porque nunca fue mi prioridad”, dice. “Mi prioridad siempre fue el fútbol, así que no me arrepiento. Los futbolistas son jóvenes. Quieren salir. Quieren andar con una chica”.

Ronaldo insiste en que ha madurado. Me muestra orgullosamente las fotos de tres de sus cuatro hijos. ¿Quiere tener más? Ronaldo hace con sus dedos la forma de unas tijeras imaginarias. Se hizo la vasectomía. Pero la novia de Ronaldo quiere un hijo, por lo que está considerando cambiar de parecer.

¿Qué, revertir el procedimiento? Nada tan drástico, pero a Ronaldo le es posible tener más hijos porque ha congelado su esperma. “Tengo bastante congelado”. Suficiente, me dice, para “formar un equipo de fútbol”.

Cuando se levanta, el fotógrafo del restaurante salta. El dueño quiere otra foto para las paredes. Se forma una cola de personas que quieren selfies; comensales, el maître, los camareros. Después de todos estos años, Ronaldo todavía atrae a las multitudes.

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