Fue la figura del día y lo coronó anotando el último gol ante Uruguay, en un triunfo agónico por 4-2 que le dio la clasificación a Chile por sólo cuarta vez en su historia a un Mundial Sub 17.

Pero Alexander Aravena (16) ya puede contar con la presencia de su hincha número uno en Brasil: su madre, Romina Guzmán.

“Aunque me encalille o tenga que pedir un préstamo lo voy a ir a ver al Mundial”, le dice esta mañana a La Segunda. “Si es mi guagüita, ¿Cómo no voy a estar ahí con él? Anoche pudimos hablar y mi niño estaba tan contento, y me decía todo el rato: «te amo, mamá». Es muy amoroso”.

De la Pincoya al Mundial

Oriundos de Huechuraba, ni ella ni su esposo, Ernesto Aravena, pudieron ir al Sudamericano en Perú por temas económicos. Pero la distancia no disminuía su emoción.

“Me lo lloro todo cuando juega”, reconoce ella. “Y ahora que está en la selección, más todavía cuando lo veo por la tele cantando el himno”.

También cuando recuerda el mensaje que Alexander le dedicó en su Instagram en agosto, para su cumpleaños. “Perdóname madre si te hago enojar, perdóname si te hago rabiar, no hay mujer en este mundo que ocupe tu lugar porque madre hay una sola y no se puede reemplazar”, fue parte de su dedicatoria, que aún hoy le llena los ojos de lágrimas.

Los sentimientos aumentan recordando el largo camino, desde que Universidad Católica lo descubriera a los 9 años mientras jugaba en un campeonato escolar comunal, representando a la Escuela Carlos Prats. Y aunque le tomó varios meses quedar seleccionado —“no es fácil entrar a la Cato”, dice— desde entonces todo ha sido éxito y lleva 7 años siendo el goleador en las divisiones inferiores del club.

Becado por la Municipalidad de Huechuraba, en la UC le han ofrecido muchas veces llevarlo a vivir a la Escuela Deportiva que disponen para sus jóvenes talentos en San Carlos de Apoquindo, pero Alexander prefiere quedarse en su casa familiar en la población La Pincoya.

“Eso es más por el papá, porque es muy egoísta y dice que lo quiere tener en su casa, jaja”, dice Romina. “Pero por mí, ojalá se fuera, porque el entorno sería mejor y así se evitaría los viajes diarios, tomando micro y metro para llegar a entrenar y jugar”.

Un apego por las raíces que en su ex colegio quisieron destacar en redes sociales. “Tu escuela te saluda y felicita”, tuiteó la Escuela Carlos Prats en la madrugada. “Que tu éxito sea ejemplo para toda nuestra comunidad escolar que, cuando se quiere, se pueden lograr los sueños a través del trabajo duro, de la disciplina, del esfuerzo y del sacrificio… que todo el mundo sepa que en La Pincoya tenemos jóvenes destacados que hoy nos llevan a un Mundial”.

“Te recibimos desde pequeño en nuestras aulas y estamos orgullosos de haber aportado un pequeño granito de arena en tu formación como persona… que tu ejemplo sea motivación para nuestros estudiantes que sueñan, como tú, llegar a lo más alto”.

“No le gusta andar desordenado”

Además de sus jugadas y talento, una cosa que llama la atención sobre Alexander es que, contrario a la mayoría de los jugadores, él juega con su polera dentro de su pantalón, a la antigua.

“Es que no le gusta andar desordenado, siempre ha sido así. Y no sólo en la cancha. No anda con los pantalones abajo o vestido como flaite, como dicen. No por ser humilde no se puede vestir de forma decente”, aclara la mamá.

Y aunque a los 16 años ya tiene representante —el ex jugador argentino Sergio Gioino— y en marzo del año pasado firmó su primer contrato comercial con la marca Adidas que lo ayuda con zapatos, en lo que todos coinciden es que se mantiene, sobre todo: respetuoso y humilde.

“Nunca se le han subido los humos a la cabeza”, señala orgullosa Romina.

Los apoyos de su polola Priscilla y su apego en la fe son claves para el volante. De hecho, en sus redes sociales incluye un capítulo de la Biblia, Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Esa ruta también espera que lo lleve a cumplir su sueño: jugar en el Barcelona de España, donde brillan sus dos máximos ídolos, Lionel Messi y Luis Suárez.

“Desde chiquitito dijo que quería ser futbolista profesional y hemos tratado de ayudarlo en todo”, dice Romina. “Ni siquiera lo reto cuando juega mal, no sólo para apoyarlo, sino también porque estoy segura que al siguiente partido lo hará mucho mejor. Pero no importa dónde vaya o lo que decida para su futuro, siempre podrá contar con nosotros”.”

“Me lo lloro todo cuando juega”, dice Romina Guzmán, la madre del joven volante.

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