Dice que, como a cualquier padre, a don Manuel le habría encantado que siguiera sus pasos y jugara fútbol. “Pero la vida es muy sabia y si no tienes condiciones, lo mejor es entender lo antes posible que por ahí no va la cosa. Y él es muy crítico y creo que se dio cuenta, por eso me empujó más a la parte académica”.

Manuel Pellegrini Pucci no se arrepiente. Médico cirujano de la Universidad Católica, con estudios en Estados Unidos y Alemania, es especialista en ortopedia y traumatología deportiva en pie y tobillo de la Clínica Universidad de Los Andes, que desde esta semana atenderá a los mejores deportistas olímpicos del Team Chile.

“Si en muchas casas el fútbol es como la religión de los domingos, en la mía era la de todos los días. Crecí en un ambiente futbolero, obviamente por mi padre, pero también por mi madre. Siempre estuve ligado al deporte, aunque entré por otra vereda”, explica.

“En el tobillo todo calza milimétricamente”

“Cuando yo estudié Medicina duraba 7 años, y después tienes la especialidad en traumatología ortopédica, que son tres años más. Y recién ahí vienen las subespecialidades. O sea, ya llevas diez años antes de decidir a qué segmento del cuerpo te vas a dedicar”, recuerda. “Mi primer entrenamiento fue en medicina deportiva, que es básicamente rodilla y hombro, pero no me llenaba completamente. Sentía que era todo muy igual todo el tiempo, y ahí apareció tobillo y pie”.

—Una zona anatómica delicada.

—Cada articulación es difícil, sobre todo en los deportistas que te exigen que quede “perfecto”. Y el tobillo es una articulación de carga muy congruente, donde todo calza milimétricamente y donde el cartílago es mucho más fino que en la rodilla, por ejemplo. Y si lo piensas en términos conceptuales, un pequeño daño tiene una significancia mucho más grande.

—¿Sobre todo si se trata del talón de Aquiles?

—Por supuesto, es como nuestra columna vertebral. El talón de Aquiles es el tendón más fuerte del cuerpo, y cuando estás corriendo puede aguantar hasta ocho veces tu peso corporal. Todo eso cae sobre el tobillo. Por eso cuando se rompe es tan complicado.

—¿El deportista siempre quiere volver lo antes posible?

—Esa es la mayor diferencia con un paciente “regular”: la forma en que enfrentas su rehabilitación. Necesita un enfoque que le permita acortar los plazos, pero de manera segura, porque si yo lo empiezo a apurar al final le estoy haciendo un flaco favor.

—¿Cómo se le explica que no todo puede ser tan rápido?

—Por eso no puedes ser hincha cuando eres médico deportivo. Yo todavía soy de la U, pero si por cualquier motivo me tocara atender a otro equipo, el cien por ciento de mis sentidos va a estar puesto en hacer mi trabajo, no en ayudarlo o perjudicarlo, independiente de mis simpatías. Obviamente en cierto punto tienes que tomar decisiones subjetivas, pero debes distanciarte: eso diferencia a un buen médico, de un médico top.

Dice que, por un tema de confidencialidad médica, no puede revelar el nombre de qué futbolista tuvo la peor lesión que ha tratado. Pero aclara que, si bien el fútbol es un “deporte de riesgo para el pie y el tobillo”, no es la actividad más peligrosa. “Para mí, la peor es el running, sobre todo los corredores de larga distancia como los maratonistas. Es una actividad tremendamente intensa para el pie y el tobillo en particular”.

—¿Más que los deportes de salto y rechazo constante?

—Lo que encuentras en el básquetbol, el voleibol son los esguinces de tobillo porque, a la larga, producen un daño crónico. A medida que el cartílago se va desgastando paulatinamente termina produciendo artrosis. Por eso hay que cuidarse y entrenar la zona”.

“Llevar el mismo nombre ha sido un lujo”

Manuel sabe que, para quienes no notan la semejanza física, su nombre llama la atención de inmediato. Pero no le complica, y hasta siguió la tradición con su hijo de dos años. “Creí que era lindo continuar con la dinastía, es como una retribución al cariño paterno”.

—¿Fue una carga llamarte “Manuel Pellegrini”?

—Estoy orgulloso de llevar el mismo nombre de mi padre, es un lujo y me ha abierto más puertas de las que me ha cerrado. Ahora, puedes llamarte como quieras, pero si no haces bien tu trabajo, al final el apellido no te va a mantener.

—Tu padre lleva casi 20 años fuera de Chile, ¿eso ha tenido un efecto en su relación?

—Hablamos muy regularmente, pese a la distancia siempre ha sido un padre muy presente. Hoy es más fácil, porque antes tenías que marcar un carrier y todo eso, mientras hoy podemos hablar por FaceTime o video WhatsApp. Siempre ha dejado espacio para su familia, no importa el club o el país donde ha estado, siempre se hizo un tiempo en las concentraciones para nosotros. Hoy, por ejemplo, le interesa mucho saber cómo están sus nietos. Ellos también lo han sentido como un abuelo que está ahí.

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