jorge espinoza

Cuando tenía 25 años, en el 2015, su nombre comenzó a sonar con fuerza en la comunidad científica internacional, cuando apareció en la revista de la Real Sociedad Astronómica de Londres por haber descubierto un planeta fuera del sistema solar que tiene una masa tres veces superior a la de Júpiter. Fue una casualidad. Estaba en el observatorio La Silla —donde suele realizar sus observaciones— estudiando estrellas gigantes rojas y ahí vio que un cuerpo orbitaba en torno a la estrella denominada HD110014, de la constelación de Virgo, que duplicaba el tamaño del sol. El planeta descubierto fue identificado con el mismo código alfanumérico que los astrónomos usan para ordenar los datos de las estrellas conocidas, pero ella lo llamó, para sí misma, Andrea, en honor a una gata que tenía cuando chica. “Nunca pensé que iba a descubrir un planeta, sólo estaba revisando datos de estrellas y terminé apareciendo en la televisión”, dice.

No pasaron tres años cuando volvió a descubrir dos planetas más, que orbitan en torno a estrellas diferentes y que tienen una masa levemente superior a la de Júpiter. Pero estos dos nuevos hallazgos no fueron casuales, sino el producto de una búsqueda basada en información que entregó una sonda espacial de la NASA. “Esa sonda monitorea a muchas estrellas al mismo tiempo, por varios días, y busca disminuciones en la luz de estas estrellas, que serían producidas por un planeta que está pasando justo al frente”, explica.

Ya con tres planetas en su lista de hallazgos, a sus 28 años la doctora en Astronomía apareció entrevistada en distintas revistas, periódicos y noticieros de televisión del mundo, y luego quedó seleccionada para liderar un equipo internacional de astrónomos que investigan estrellas pequeñas en la Universidad Queen Mary de Londres, centro académico que ostenta 8 premios Nobel. Desde la capital inglesa, donde está viviendo hace 7 meses, asegura que su trabajo es como cualquier otro y que no es tan romántico ni apasionante como la gente imagina.

“Tengo una fascinación

por mis uñas”

Hija de una pareja de abogados, criada en Cerrillos y Padre Hurtado, Maritza no siguió la tradición familiar (su hermano estudia leyes) por un hallazgo que tuvo a los 11 años: en unas enciclopedias que encontró en su casa vio imágenes del cielo. De inmediato sintió interés por saber más y tuvo el apoyo de sus padres, que siguieron comprándole libros sobre el tema. Luego, cuando estaba estudiando en la secundaria, se metió a una escuela de verano de Astronomía de la Universidad de Chile y también fue con sus padres al observatorio del Tololo: ya estaba decidida a incursionar en esa ciencia. Así que cuando terminó el colegio entró a la misma Universidad, donde hizo la licenciatura y el doctorado.

—¿En qué consiste tu pasión por el cielo?

—Es que yo no siento pasión por lo que hago, lo hago no más. Mi papá es abogado, es su trabajo. Yo ahora trabajo como investigadora, lo hago y me pagan bien.

—Ya, pero de chica decidiste ser astrónoma. ¿Qué fue lo que te llamó la atención?

—Lo que me interesó fue que los astrónomos pudieran saber acerca de cosas que estaban tan lejos, quise entender cómo ellos podían obtener conocimiento de algo que no se puede ver directamente. Lo mío, más que otra cosa, es una curiosidad por saber.

—Eres muy joven y has descubierto tres planetas. ¿Qué te pasa con eso?

—Nada, lo tomo sin ponerle mayor color. Es que en el ámbito de la astronomía no soy tan joven. Generalmente en esta ciencia la gente termina el pregrado y de inmediato va a un posgrado. Hay que tener doctorado para investigar. Y bueno, investigando uno puede descubrir cosas. Y eso es lo único entretenido, creativo y emocionante: llegar a resultados, porque el proceso de investigación es fome, es lento e incierto. Es puro análisis de datos.

—Has tenido bastante reconocimiento…

—Sí, es bonito y me encanta que distingan a las mujeres. Mucha gente me dice “saliste harto en la tele”. ¿Me pagan por aparecer? No. ¿Me ha influido? No. Es algo que pasa, lo agradezco y sigo trabajando.

—¿Y no es fascinante estar en un observatorio y apreciar las estrellas y los planetas?

—Poder ver el cielo en todo su esplendor es algo maravilloso. Pero el tiempo de observación es mínimo en comparación con el tiempo que uno pasa en computadores haciendo cálculos matemáticos y físicos a partir de datos que se obtienen. Además, incluso en el observatorio, cuando uno está investigando no está directamente en el telescopio. Uno está en la sala de control dando instrucciones a un operador de un telescopio para que observe tal coordenada, tal estrella, por 30 minutos. Y el operador tira mediciones al computador. Te quedas frente a la pantalla analizando datos. Es sumamente fome. Pero hay que aprovechar todas las horas de noche para investigar. Porque cada minuto en un observatorio vale mucho. Lo peor es cuando está nublado, y pasas toda la noche esperando que se despeje. Ahí te pones a ver películas de Netflix, y empiezas a hacerte amigo de todos los otros observadores, hablas por WhatsApp, vas a buscar comida.

—¿Crees que hay mucho mito con la figura del astrónomo?

—Sí. Por un lado es bueno, porque es una forma de atraer el interés hacia la Astronomía. Pero es un error exagerar la pasión y convertirlo en algo excesivamente romántico, porque no es real. Si yo me apasionara mucho me frustraría cuando fracaso. Siempre puede que algo salga mal, que no llegues a resultados y uno tiene que estar abierta a realizar otros trabajos o cambiar de planes. Los astrónomos no somos nada especiales, no hablamos de las cosas profundas de la vida. Cuando yo salgo del trabajo no sigo pensando en eso, me gusta hacer cosas que requieran la mínima capacidad mental posible.

—¿Qué te gusta hacer cuando no estás investigando?

—Pintarme las uñas. Desde que estoy en el colegio tengo una fascinación por mis uñas, de manera seria. Siempre ha sido un súper plan B dedicarme a pintar uñas. Cada dos semanas me las pinto y me hago diseños y adonde voy soy famosa por eso. Pero es un gran gasto de dinero, porque compro esmaltes y modelos para hacer diseños en cantidades y son caros.

—¿Y le pintas las uñas a otra gente?

—Acá en la universidad le pinté las uñas a una amiga y en Chile, antes irme, hice una megafiesta y les pinté las uñas a todas las asistentes y quedaron súper lindas.

—¿Qué otras cosas haces cuando no estás estudiando?

—Leo libros sobre crímenes, policiales, me encantan.

—¿Qué hay de común entre descubrir una trama policial y descubrir planetas?

—Nada.

—¿No es descifrar un misterio?

—Eso es demasiado romántico.

“No creo en la meritocracia”

—Insistes en bajarles el perfil a tus logros como astrónoma joven.

—Sí, porque no creo que yo sea una genia. Si me ha ido bien es porque me he esforzado. Tal vez hay gente que es mucho más inteligente que yo y no necesita esforzarse tanto. En la Universidad igual reprobé ramos, pero perseveré. Es importante que los niños entiendan que para ser astrónomo no hay que ser genio, que dejen de verlo como algo tan misterioso e inaccesible y que entiendan que es un asunto de estudio y perseverancia.

—Se acusa a los millennials de no valorar el esfuerzo. ¿Qué piensas?

—Encuentro que cuando esa crítica se generaliza es injusta. Siempre va a ver gente que quiera todo fácil y sin esforzarse, y está bien. Cada cual puede hacer lo que quiera. Pero no puedes condenar a una generación por la tecnología con la que se crió. Yo hago las cosas y estoy feliz de trabajar en la época de internet porque si tengo una duda la puedo buscar en Google y no tengo que aprender un montón de datos de memoria. Me ahorro un esfuerzo que es innecesario, ciertamente, pero es parte de un cambio más global, cambian los trabajos y cambian las formas de relacionarse, de moverse. Es más fácil estudiar y trabajar en otros países, etc. Además, si lo piensas, las personas que nacieron hace 50 años y que critican a los millennials también son millennials para los que nacieron hace 100 años. En el fondo, uno es producto de su época, simplemente.

—¿Pero tú crees en el esfuerzo?

—Absolutamente. Pero no creo en la meritocracia. En el mundo ideal bastaría con el esfuerzo, pero sabemos que no todos tienen el mismo acceso a las oportunidades. No logras nada si no tienes las condiciones para desarrollarte, si no accedes a una buena educación, si tus padres no te apoyan. Hay mucha gente que por mucho interés, mucha capacidad y mucho esfuerzo no puede estudiar ciencia, por ejemplo. Porque cuando llegan a la casa tienen que cocinar o hacer el aseo o cuidar a los hermanos. O peor: porque definitivamente no entran a la universidad. Yo me considero una privilegiada y creo que gracias a mi privilegio, mi esfuerzo puede tener sentido. ¿Por qué? Porque mis padres tuvieron los recursos para pagarme la universidad y porque me facilitaron las condiciones para poder estudiar y dedicarme a esto.

—Hay muy pocas mujeres en la Astronomía. ¿Cómo vives eso?

—Personalmente nunca he sentido una desventaja por ser mujer, pero es cierto que siempre fuimos un porcentaje muy inferior a los hombres, un 20% tal vez. Y eso viene desde la infancia. Las niñas reciben muchos mensajes en el transcurso de su vida que les dicen que la ciencia no es para mujeres, y también reciben muchas imágenes de científicos que son masculinas. Todo esto hace que no se sientan tan confiadas. Yo espero poder ofrecer un modelo de mujer femenina que se interesa por la ciencia.

—¿Viste la manifestación del Día de la Mujer en Santiago?

—Sí, impresionante. Si hubiese estado en Chile, me habría encantado ir.

—¿Qué echas de menos de Chile?

—A mis animales. Tengo 4 gatos y 9 perros.

—No te creo

—Sí, están en la casa de mis padres y los extraño. Porque con mi familia y amigos me comunico por chat, pero con mis gatos no puedo hablar por Skype ni WhatsApp, no pueden saber cómo estoy.

—¿Y qué es lo que más te gusta de Londres?

—La diversidad. En Chile nos choca que haya inmigrantes, en cambio acá está lleno de gente de todas las culturas, de todas las razas y todos van al mismo colegio, a los mismos lugares… Blancos, negros, musulmanes. En Chile aún hay miedo a la diferencia, porque siempre hemos vivido muy aislados.

—Por último, y con base en tus conocimientos, ¿crees que haya vida en otros planetas?

—Creo que sí, aunque pueden pasar muchos años antes que lo detectemos. Pero si ya se han descubierto más de 4 mil planetas de distintos tamaños ¿cómo va a haber vida solamente en la Tierra? ¡Cómo vamos a ser tan especiales nosotros!

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