Estar a cargo de estos chicos me ha permitido crecer como papá, como abuelo y coaching. Mi academia me ha hecho mejor persona”

Es un sábado cálido de enero en Tampa (Estados Unidos) y Hans Gildemeister pasó la tarde junto a su mujer, Margarita Domínguez, en una de las playas de Anna María Island (al norte de la ciudad). Al teléfono cuenta que fue un día “espectacular”. “Estoy muy contento y agradecido de la vida que hemos construido en Estados Unidos”, dice.

«El Biónico», como lo apodaron en Chile, llegó allá hace siete años para fundar su academia: “Hans Gildemeister Tennis Center”, que convoca a jóvenes (hombres y mujeres) de diferentes nacionalidades. En el sur de Estados Unidos ha forjado sus pasos como coaching de una nueva camada de jugadores (entre 12 y 18 años). Además, ha entrenado en su academia a jugadoras del circuito internacional como la tenista mexicana Renata Zarazúa y la chilena Alexa Guarachi.

Reconoce que su experiencia —llegó a ser número doce del ránking mundial— “fue crucial” para montar la academia en Estados Unidos. Estuvo entre los mejores jugadores del mundo (entre 1978 y 1979), ganó 27 títulos en el circuito mundial de la ATP y es el chileno con más victorias en dobles en la historia del equipo chileno de Copa Davis. “No me podría catalogar como una leyenda del tenis nacional, eso lo deben decir los expertos; solo sé que di todo por Chile”, afirma.

—Naciste en Perú y llegaste a vivir a Chile cuando tenías dos años, ¿qué recuerdos tienes de tu infancia?

—Recuerdo que con cinco años tomé la raqueta por primera vez. Empecé jugando a dos manos, porque la raqueta era de mi hermano mayor, Federico, y como era muy pesada no me la podía con una mano. A los catorce años era callado, introvertido y me gustaba jugar tenis todo el día. De las 24 horas del día, pasaba más en el Stade Francais que en mi casa.

—Tienes cinco hijas: Margarita (40), Natalia (38), Josefina (34), Camila (31) y Catalina (27). ¿Alguna vez esperaste el hijo hombre?

—Uno obviamente espera que el quinto sea hombre, pero tengo tres nietos hombres. Estoy muy feliz con mis niñitas, tres están casadas y todas viven en Chile. Mi mejor partido ha sido casarme con mi mujer, tener a mis cinco hijas y a mis once nietos.

—¿Cuál ha sido el partido más duro de tu vida?

—El más doloroso fue un viaje en el año 80 con mi señora y mi hija mayor, cuando ella era guagua. Íbamos de Montecarlo a París y a mi hija le vino fiebre altísima. Luego, en pleno avión, de París a Nueva York, empezó con convulsiones. Fue terrible, creíamos que se había muerto. Estuvimos diez días en el hospital de Nueva York; finalmente fue solo una infección al estómago que demoraron en detectar.

“Puro aprendizaje”

Su academia cuenta con diez canchas y tiene capacidad para alojar a doce niños. Los jóvenes entrenan cinco horas diarias y provienen principalmente de Chile, México, Suiza, España, Aruba y Rusia. “Nuestra misión es ayudar a que estos chicos consigan una beca deportiva que les permita ingresar a una universidad estadounidense. Trabajamos con ellos de manera personalizada, les entregamos material audiovisual, estrategias técnicas, preparación física y psicológica; y los entrenamos para torneos en Estados Unidos”, explica.

En los últimos cuatro años la academia de Gildemeister ha logrado que 30 jóvenes ingresen a universidades estadounidenses como la de Denver, San Buenaventura (Nueva York) y de Minnesota. “Para compatibilizar sus estudios con el tenis, los chicos pueden tomar clases escolares online o asistir a colegios particulares en Tampa”, comenta.

—¿Cuál es el mejor consejo para ellos?

—No solo a ellos, sino también a sus papás. Muchas veces llegan a la academia pensando que serán jugadores profesionales, pero esa posibilidad es mínima. Les aconsejo que estudien, entrenen, se consigan una beca y que terminen la universidad. Y que después vean si pueden jugar profesionalmente.

—Has becado a niños de bajos recursos como al iquiqueño Hanamichi Carvajal, quien estuvo seis semanas en tu academia, ¿cómo vives estas experiencias?

—Me llenan de satisfacción. Agradezco y me emociona poder recibir a jóvenes tan talentosos como Hanamichi. Él con 15 años tiene un futuro promisorio en el tenis. Estar a cargo de estos chicos me ha permitido crecer como papá, como abuelo y coaching. Estos años en Tampa han sido puro aprendizaje, he crecido mucho en todo aspecto. Mi academia me ha hecho mejor persona.

—¿Hasta cuándo te ves en el tenis?

—Siempre estoy en la cancha con los chicos. Continuaré hasta que tenga las fuerzas, las ganas de enseñar y de estar en una cancha de tenis.

—Viajas a Santiago dos veces al año, en diciembre y marzo. ¿Piensas regresar a vivir a Chile?

—Volvería por períodos, no puedo dejar la academia, pues muchas familias están depositando la confianza en mí. Espero abrir una sucursal de la academia en Santiago pronto. Cuando viajo a Chile me encanta ver a la familia, también comer empanadas y erizos que me fascinan.

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