“RN estuvo precedido por personas como Francisco Bulnes y Ricardo Rivadeneira, tótems de la política chilena. Este gallo, aspiracionalmente quiere llegar allá y no va a llegar”. Así, sin filtro, el periodista Fernando Paulsen se refirió al presidente de Renovación Nacional, Mario Desbordes, en LUN el sábado pasado.

Paulsen niega ser clasista. Desbordes acusa discriminación.

El diputado se crió en La Cisterna, hizo la educación básica en la escuela pública E-556 y la secundaria en el Liceo A-109 de El Bosque. “Vengo de liceo con número”, se enorgullece. En 1987 entró a la Escuela de Carabineros, y renunció en 1994 (cuando era teniente) porque no lo dejaban casarse con su polola de entonces, madre soltera de un hijo. Ese matrimonio duró cuatro años y tuvieron dos hijos. Hoy es casado por segunda vez con Carolina Perreira, con quien tiene una niña de 4 años. Después de un paso por Gendarmería (entre el 94 y 2000), llegó a la empresa; primero, como gerente de Lotería entre 2001 y 2005, y hasta el 2007 como dueño de tiendas de de Kodak Express. Militante de RN desde 2000, en 2010 Piñera lo nombró subsecretario de Investigaciones, cargo que dejó cuando asumió la Secretaría General del partido, a fines de ese mismo año.

Contenido, parece que midiera hasta sus sonrisas. Pero en el transcurso de la conversación revela algunas de sus intimidades, como que suele juntarse en su casa con sus pocos amigos en política: el presidente del Tribunal Supremo RN, José Ignacio Pinochet, o el especialista en redes y asesor suyo, Pablo Matamoros. “Soy vinero, mi apellido es francés. Mi abuelo me enseñó a los 13 años a tomar una copita de vino en la mesa. Con amigos como Francisco Undurraga (diputado Evópoli) o Jorge Saint Jean, cada cierto rato nos conversamos una botella de vino”.

También reconoce que con la vocera Cecilia Pérez “nos reímos harto con esto de la discriminación… yo no sé si le hubieran dicho lo que le dijeron en un programa de TV si no fuera la Negra Pérez, si no fuera de La Florida, nieta de un suboficial de Carabineros”.

“El clasismo se distribuye en todos los sectores y todos los partidos. Les cuesta acostumbrarse a que alguien que no viene de esa élite ocupe un cargo más o menos relevante. Paulsen se sale de casillas más de lo normal, pero representa lo que piensan muchos. Lo he escuchado a mis espaldas muchas veces: que yo no podía ser presidente de partido, ¿cómo Desbordes va a ser presidente de RN? Yo no pensaba ser candidato a diputado, pero cuando dijeron que no podía presidir el partido por pedigrí y porque no era parlamentario, tomé la decisión a último minuto e inscribí mi candidatura”, dice.

Se entusiasma y sigue contando: “El mismo Paulsen que me trata de aspiracional, y cuando entrevista a Carlos Larraín le dice “don Carlos”. Pero para mí es un aliciente. No me molesta. Lo veo en Twitter: gente que dice que soy de una universidad rasca (es egresado de Derecho de la Universidad La República), que qué me creo. O me dicen ‘el paco', que es lo más habitual, creyendo que me ofenden. Y con un tono muy peyorativo, “si usted es paco, ¿qué se puede pedir de un paco?”.

—¿Te lo dicen también en el Congreso y en RN?

—Sé que por detrás se dice. Cada vez menos, porque uno se va ganando el espacio. Twitter refleja lo que piensan realmente las personas. Mi asesor, Pablo Matamoros, me dice que tengo que tuitear a las 9:00 de la mañana, a las 12:00 del día y a las 6:00 de la tarde todos los días, para ir agregando seguidores, marcando pautas. Pero la verdad es que tengo aversión a meterme a Twitter, porque lo que más cunde es la descalificación, el insulto. Y de repente me pico y contesto. Ahora, la descalificación constante lo único que hace es darme más motivos para seguir. Yo perfectamente podría privatizarme. Me fue bien en el mundo privado. Pero la política es como un vicio, y eso me obliga a poner el cuero duro y estar dispuesto a escuchar tonteras.

—En una derecha donde aún predomina la “fronda”, ¿quiénes han sido tus aliados?

—Hasta 2008 sólo participé del grupo de profesionales, porque seguía privatizado. Quienes me invitaron a meterme más fueron Carlos Larraín, a quien le tengo harto aprecio. Es una de las personas que si bien no hay duda pertenece a la élite chilena, siempre trata de incorporar gente que no pertenece a esa fronda. Y también la Lily Pérez, de la que era bien amigo, aunque nos distanciamos cuando se fue a Amplitud.

—Tengo entendido que con Larraín no pelearon por política, sino por religión. Él se molestó cuando supo que eres masón.

—Carlos me pidió que me saliera del gobierno cuando era subsecretario de Investigaciones. Creo ser el único bruto que ha hecho el camino al revés: de un alto cargo de gobierno a un partido. En la primera conversación que tuve con Carlos Larraín, antes de salirme del gobierno, lo primero que le dije fue: “yo soy católico y también soy masón”, aunque estaba retirado desde hacía muchos años de la masonería. Larraín siempre supo qué era yo, no lo descubrió hace un año o dos. Tuvimos en algún minuto un distanciamiento por eso.

También se molestó porque siendo secretario general recibías a grupos pro derechos homosexuales como el Movilh, y creaste un departamento de la diversidad en el partido.

—Yo tengo una estupenda relación con la gente de Iguales y del Movilh. Una de las primeras cosas que hice fue invitarlos a RN porque quería hacer un gesto de apoyo público al AVP en ese minuto. Carlos Larraín no estuvo de acuerdo, pero tampoco me hizo tanto problema. Lo único que me pedía era saber cuándo iban estos invitados para no coincidir.

Partido chico o partido grande

—Además tuviste problemas con Andrés Allamand.

—Pasamos un período difícil con Andrés cuando éramos directiva Cristián Mockeberg y yo. No fue fácil, porque teníamos posturas encontradas sobre lo que había que hacer con la coalición. Nos planteamos una serie de estrategias que Andrés no compartía, y que se demostraron finalmente exitosas. Ahí se produjo un quiebre, pero ya quedó atrás. Con Andrés mi relación era muy buena antes, se echó a perder y ahora es muy buena de nuevo. Quizás el quiebre con Larraín fue paralelo a la rosca que tuvimos con Andrés, en que ambos pensábamos que el partido tenía que ir para otro lado: yo decidí mantenerme firme en el apoyo a Monckeberg y no competirle en algún minuto, porque no me parecía correcto. Había que tomar una decisión: un partido chico y ordenado o volver a un partido amplio, grande, que tenga diversidad, que es lo que yo quiero. Cristián y yo estábamos de acuerdo en que eso era el partido que deseábamos y a algunos no les gustaba ese partido tan diverso, porque es incómodo, molesta.

—¿Ahí cortaste el cordón umbilical con quienes gobernaban RN?

—Mi primer corte fue con la Lily, cuando se fue del partido. Luego se forma esta imagen, injusta o no, de que yo era casi un apéndice de Carlos Larraín. No me gustan los caciques ni los liderazgos mesiánicos. El partido es un proyecto colectivo.

—¿Fue en ese mundo de los Larraín y los Allamand cuando te dijeron que no llegarías a liderar el partido?

—Sé que se dijo, porque me llegaba: esto de que yo no iba a poder ser presidente porque no tenía las redes. Pero hoy somos el partido por lejos más representativo de la clase media. Y la élite de RN frontalmente nunca me ha puesto problemas. Un pequeño grupo a mis espaldas más de alguna vez hizo comentarios que también me llegaban alusivos a mi origen, a mi liceo con número…

—Te dicen “el paco”, lo tienes claro.

—Sí. Probablemente algunos pensando en ofenderme, pero estoy orgulloso de haber sido carabinero. Feliz de que me digan “el paco”, no tengo ningún problema con eso. Ser carabinero no tiene menos mérito que alguien con otra profesión. Yo quiero mucho a la institución; como dicen en Carabineros, al final uno tiene sangre verde.

—Hoy RN es el partido con más diputados (36), pero con facciones internas. ¿Cómo convives con eso?

—Nosotros estamos por fomentar que aparezcan todas las sensibilidades: liberales, conservadores, evangélicos, católicos... Y eso se demuestra no sólo tolerando, sino estando cómodos con las diferencias. Porque en el tema de los evangélicos, por ejemplo, hay una caricatura. No veo ninguna idea que defiendan los evangélicos muy distinta a la que defienden los católicos conservadores, y jamás he escuchado una crítica a la gente que es del Opus o de Schoenstatt. ¿Por qué no se critica a los católicos y sí a los evangélicos? Por clasismo, así de simple. Ese clasismo hace que al evangélico le digan canuto y lo apunten con el dedo, con frases muy peyorativas, versus el silencio absoluto cuando las mismas ideas o los mismos votos se producen desde sectores conservadores.

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