Los niños suecos y los extranjeros se juntaban sólo con los suyos y la rivalidad terminaba a veces en peleas”.

La ultraderecha ya no tiene que salir con banderas con runas y cabezas rapadas a la calle levantando el brazo derecho. Las cambió por flores y otros símbolos más amigables. Eso al menos en Suecia. Anoche, en la sede del Partido Demócratas Suecos (DS) en Estocolmo, por lo colorido del lugar, más que un mitín de xenófobos antiinmigrantes, parecía una celebración de cumpleaños infantil. Pero el discurso era el mismo: los extranjeros son los culpables de muchos de los males del país, incluyendo el aumento de los delitos violentos.

Los motivos para festejar eran evidentes. En el país de la socialdemocracia, de la igualdad, de la integración de los inmigrantes —que corresponden al 12% de los habitantes del país—, el líder del DS, Jimmie Åkesson, celebraba que su movimiento se convertía en la tercera fuerza política tras el partido socialdemócrata y la centroderecha que empataron según los últimos resultados.

Así, el partido de la ultraderecha sueca confirmó su ascenso electoral. Si en 2010 obtuvo el 5,7% de los votos y consiguió por primera vez entrar en el Riskdag (el Parlamento), ayer obtuvo un 17,6% en las elecciones.

Niños peleando

Åkesson, de 39 años, llegó al DS desde el Partido Moderado, la principal fuerza de centroderecha del país, hace unos 20 años pero rápidamente le decepcionó su liberalismo económico y el apoyo que entrego ese partido al ingreso de Suecia a la Unión Europea en 1995. Cuando estudiaba en la Universidad de Lund (sur de Suecia) tomó cursos de filosofía, economía, política y derecho, sin acabar ninguna de esas carreras. Fue ahí donde conoció a miembros de la cúpula de DS.

Así y con 19años de edad, fue electo concejal de Sölvesborg (en el sur del país) y comenzó su acenso. En 2005 ya era líder del partido, reemplazando al abiertamente neonazi Anders Klarström. “Siempre fui nacionalista. De chico me negaba a jugar al hockey de mesa (un símil del tacataca pero del deporte sobre hielo) si no me dejaban usar a los jugadores azules y amarillos”, colores de la bandera sueca, explicó en 1999.

Castaño (en un país de rubios), corpulento y con aires de nerd, perfectamente peinado con gomina, barba de tres días, anteojos y fanático del rock pesado que mezcla música con letras nacionalistas, Åkesson se propuso “cambiarle la cara” a la ultraderecha. Una de las primeras metas que se planteó fue expulsar del partido a todos los nazis y neonazis reconocidos que habían fundado el partido.

El partido había nacido en los noventa tras la fusión de movimientos de ultraderecha y ex voluntarios suecos de las SS alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso algunos de sus miembros hasta hace poco subían consignas hitlerianas a las redes sociales y alardeaban de simbología nazi. Con Åkesson esto se acabó de inmediato e instaló una política de tolerancia cero contra el racismo. De hecho, varios afro-suecos lo apoyaron.

Con este discurso no racista, pero culpando a la ola de inmigrantes que comenzó a llegar al país en 2015 de todos los males que aquejan a Suecia, Åkesson logró seducir a parte del electorado debido a la incapacidad de los dos partidos tradicionales de frenar de enfrentar la situación y dar respuesta ante lo que fue el tema central en el debate político durante la campaña. Por ejemplo, asegura que en la sureña localidad de Sölvesborg, “los niños suecos y los extranjeros se juntaban sólo con los suyos y la rivalidad terminaba a veces en peleas”.

Para lograr ser la tercera fuerza política del país, Åkesson ha sobrevivido a la aversión de la élite política sueca de lado y lado, de los medios y de gran parte de la sociedad. También al estrés, la depresión y la ludopatía, que lo llevaron a tomarse seis meses de licencia tres años atrás.

Escribió dos libros, una autobiografía y otro reciente sobre la moderna “folkhemmet” (casa del pueblo) de la socialdemocracia, haciendo suyos el discurso del Estado de bienestar, especialmente en políticas de familia, salud y pensiones, para así atraer a electores que no sólo estuviesen obsesionados con la inmigración.

Además, reprueba el liberalismo económico y se ha alineado con el nacionalismo comercial al estilo del Presidente de EE.UU., Donald Trump, con cuyos asesores electorales estuvo en contacto.

Como en el resto de Europa

Aunque no tiene ninguna opción —por ahora— de acceder al poder, su influencia sí aumentará significativamente. Además marca la entrada de Suecia a la tendencia que crece en otros países de Europa, con el ascenso al poder de líderes nacionalistas y con posiciones de extrema derecha. Así, Åkesson se acerca al líder de ultraderecha italiano Matteo Salvini, al partido Geert Wilders líder del partido por la Libertad en Holanda, al Primer Ministro húngaro Viktor Orbán o el Canciller austríaco Sebastian Kurz. Y el partido Demócratas Suecos se une a partidos similares como el UKIP del Reino Unido (cuyo mayor logro fue el Brexit), los Auténticos Finlandeses, Alternativa por Alemania, el Frente Nacional francés y el Partido Popular Danés.

De hecho los daneses son la principal inspiración política de Åkesson. Desde 2001, el Partido Popular Danés ha sido un poderoso aliado parlamentario de los gobiernos de centroderecha que han dominado la política danesa en este siglo. En cambio, los partidos suecos tradicionales todavía no quieren saber nada de Åkesson y sus Demócratas Suecos.

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