Por Andrés Nazarala R.

@andresnazarala

Una familia aristocrática estadounidense pasa una temporada en una mansión de París. Anne (Toni Collette) es una mujer fría obsesionada con el linaje, Bob (Harvey Keitel) es distraído y amable. Preparan un banquete para doce, pero justo aparece Steven (Tom Hughes), el hijo que Bob tuvo de un matrimonio anterior. Ahora son trece. Pero Anne es supersticiosa y no quiere números impares. Entonces se le ocurre que María (Rossy de Palma), la sirvienta española, podría sentarse en la mesa como si fuese una invitada más, con el compromiso de que hable poco para no meter las patas.

Contra de todo pronóstico, y gracias a las acciones de Steven, quien resulta ser un agitador social, María quedará sentada justo al lado de David Morgan (Michael Smiley), un británico culto —especialista en arte— que sospecha que la mujer pertenece a una prestigiada dinastía europea.

“Madame”, segunda comedia de la francesa Amanda Sthers tras “Je vais te manquer” (2009), se construye sobre las confusiones que ocurren durante la cena. Son, por supuesto, enredos relacionados con la estirpe y la procedencia. Y también con los secretos que los personajes esconden detrás de las fachadas del cinismo y que abarcan infidelidades, problemas financieros, traiciones… y un cuadro de Caravaggio.

Sthers elige el camino de la comedia recargada y sale bien parada dirigiendo a un elenco con carisma de sobra. Pero, a pesar de la calidad del ensamble, la cinta se ve algo debilitada por algunas subtramas que no cierran del todo. Y también por una sensación de liviandad que se impone a pesar de la mirada desencantada que la directora tiene de las clases privilegiadas.

Lo mejor de “Madame” es, sin embargo, Rossy de Palma, quien viene explotando su singular fisonomía desde los salvajes años de la movida madrileña, antes de que Almodóvar la fichara como una de sus musas. La película es de ella: (casi) el único personaje con alma en medio de la cruel danza de la alcurnia y las vanidades.

“Madame”. Dirección: Amanda Sthers. Con Toni Collette, Harvey Keitel, Rossy de Palma, Michael Smiley, Tom Hughes. Francia/2017. Duración: 1 hora 31 minutos. ENTRETENIDA.

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José María Marín espera su condena.

Al cierre de este edición, se iniciaba en EE.UU. la lectura de la sentencia del primer dirigente considerado por la prensa internacional como uno de los “peces gordos” del escándalo de sobornos y corrupción en la FIFA.

Se trata de el ex jefe del fútbol brasileño José María Marín, de 86 años, quien fue el primer condenado y encarcelado por recibir US$ 6,5 millones en sobornos a cambio de ceder derechos de transmisión de torneos como la Copa Libertadores y la Copa América a las empresas Torneos y Competencias, Full Play y Traffic.

Marín fue uno de los ejecutivos de la FIFA arrestados en mayo de 2015 en un lujoso hotel de Zurich en una redada solicitada por la Fiscalía de EE.UU., que pidió 10 años de prisión y una multa de US$ 6,6 millones. La defensa de Marín busca rebajar a sólo 13 meses de cárcel debido a su frágil estado salud y avanzada edad.

La justicia estadounidense acusó a 42 personas y a empresas deportivas de 92 delitos y de aceptar más de 200 millones de dólares en sobornos. De estos 42 acusados, tres han fallecido y del resto, 22 se declararon culpables. De ellos, dos ya fueron sentenciados por la jueza, Pamela Chen, de la Corte Federal de Brooklyn, incluido el ex secretario general del fútbol de Guatemala.

Catorce directivos aún están en sus países, donde fueron juzgados por la justicia local, combaten la extradición o están en libertad, como los ex timoneles del fútbol de Brasil Ricardo Teixeira y Marco Polo del Nero. Este último nunca fue detenido ni inculpado en Brasil y no ha podido ser capturado, por lo que se ganó en su país el apodo de “Marco Polo que no viaja”.

A la fecha solo han sido juzgados los tres jerarcas que se declararon inocentes: Marín; el ex jefe de la Conmebol, el paraguayo Juan Ángel Napout, y el peruano Manuel Burga. Napout será sentenciado la próxima semana. En tanto, Sergio Jadue recibiría su condena en diciembre, a menos que logre aplazarla nuevamente.

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El pasaporte de Susanna Fogel para entrar en Hollywood fue “Life partners” (2014), una discreta comedia independiente que aborda las complejidades de la amistad a través de una chica heterosexual y otra lesbiana. Aunque no dejó una marca imborrable ni mucho menos, demostró que es una cineasta con sensibilidad y sensatez para retratar el universo femenino.

Cuatro años más tarde, ahora sobre la ola feminista que refresca a la industria, Fogel es contratada para encabezar una operación similar a la de “Cazafantasmas”; es decir, revisionar géneros masculinos desde la femineidad.

“Mi ex es un espía” adopta los lugares comunes de las películas de James Bond, pero a través de dos amigas (Mila Kunis y Kate McKinnon) que se ven accidentalmente involucradas en una misión por Europa, luego de descubrir que el ex novio de una de ellas es, en verdad, un agente de la CIA.

Al igual que en “Spy”, esa olvidable comedia con Melissa McCarthy, el humor (físico y de diálogos) está cronometrado y mezclado con largas escenas de acción en la que Fogel intenta ir un poco más allá en cuanto al nivel de la violencia. Pero, a pesar de la acentuación de algunos ingredientes, “Mi ex es un espía” es un producto bastante maqueteado y esperable. Un retroceso cinematográfico —aunque seguramente un avance financiero— para una directora que brillaba en los discretos territorios de la independencia.

“Mi ex es una espía”. Dirección: Susanna Fogel. Con Mila Kunis, Kate McKinnon, Justin Theroux. EE.UU., 2018. Duración: 1 hora 57 minutos. REGULAR.

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Slender Man es un personaje ficticio que nació de los “creepypastas”, relatos breves de horror difundidos por internet. Se trata de una criatura alta, delgada y de rostro blanco cuya viralización gatilló un par de producciones y un bullado intento de asesinato infantil en Wisconsin.

El realizador Sylvain White recoge ahora el fenómeno para construir una película (centrada en un grupo de adolescentes que invoca a la bestia) sobrecargada de lugares comunes y falta de imaginación. Otra desechable apuesta de horror en cartelera.

“Slender Man”. Dirección: Sylvain White. Con Joey King, Julia Goldani. EE.UU., 2018. Duración: 1 hora 33. MALA.

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