Desde lo más alto de una de las nuevas torres de Apoquindo, lidera como gerente general el grupo financiero Euroamerica, ayer una compañía de seguros y hoy un gigante que administra activos por US$3.500 millones.

Pero cuando el ingeniero de la UC Henry Comber llega a casa y se va a su refugio, su recién estrenado estudio de grabación, se dedica a una pasión musical que lo supera, que lo ha llevado a hacer más de una locura y a conocer a nombres insignes como Cat Stevens y Roger Waters.

De hecho, tiene dos guitarras eléctricas con las firmas de sus ídolos, con quienes ha compartido en más de una ocasión para hablar de rock.

“Esto no es algo que tenga que compatibilizar con mi vida, porque es algo que siempre está ahí”, comenta mientras muestra sus trofeos musicales.

Hojeando revistas especializadas con portadas diversas que van desde Blondie, Bon Jovi a David Bowie, cuenta que “por fin” logró armar su estudio de grabación, donde aplica sus conocimientos de ingeniería en sonido, la que estudió con clases particulares un par de años.

“Los estudios me han hecho ver la música desde una manera plana a verla desde una forma multidimensional, donde cada voz es un plano distinto”, explica el ejecutivo quien junto a su esposa forman parte del coro de la Universidad Autónoma. Él como tenor y ella como contralto.

—¿Cómo nace su interés por la música?

Mi abuelo era doctor, pero su pasión era la música. Fue pianista, uno de los fundadores del Festival de Viña; tenía una banda con amigos y mi abuela cantaba, por eso está el factor familiar. Un segundo elemento es que cuando tenía 10 años escuchaba en la radio AM un programa que se llamaba Los Cuentos del Doctor Mortis. En realidad, era el tema de fondo lo que realmente me apasionaba. Lo escuchaba todos los días y me demoré seis años en saber quién estaba detrás.

—¿Qué disco era?

— Era The Dark Side of The Moon de Pink Floyd. Desde ahí y hasta hoy, es mi banda favorita y mi disco favorito, me encantó su complejidad, lo conceptual de su propuesta, rompió barreras tecnológicas.

En cuanto a las diferentes épocas de Pink Floyd, se queda con la inicial de Syd Barret, con la influencia de Roger Waters o con el sello de David Gilmour, quien lideró hasta el final al grupo.

—La primera época yo la dejo un poco de lado, es la más sicodélica, cuando Syd Barret se estaba volviendo loco y eso se notaba, fue mucho para mí. La entrada de Gilmour fue clave, le entregó solidez y unos solos de guitarra que sólo él puede hacer. Es el más músico de los cuatro. Mientras estaban buenas las relaciones, la dupla de Waters en lo conceptual y las letras y Gilmour en lo musical, era imbatible.

—¿Le entusiasma ir al concierto de Roger Waters en noviembre?

—No me perdería a Roger Waters por nada del mundo. No tengo ticket, está todo el concierto vendido, pero me voy a conseguir uno como sea. No me lo he perdido nunca. Una vez fui a un concierto muy bueno a California, el Desert Trip, fueron varias bandas: Roger Waters, Paul McCartney, Bob Dylan, Neil Young y Rolling Stones.

—Por lo visto le gustan las giras y los tours, ¿cómo lo hace con la familia?

—Vamos juntos cuando se puede. Por ejemplo, recuerdo un viaje a Estados Unidos que realizamos con mi señora y mis hijas, cuando eran pequeñas. Durante una semana vimos un concierto cada noche, manejábamos mucho de ciudad en ciudad, llegábamos apenas y mirábamos a las bandas. Después íbamos a dormir a un hotel y seguíamos nuestra ruta.

—Una experiencia de ensueño.

—Increíble. Mis hijas alegaron mucho en su momento, pero la idea era demostrarle que había que hacer un esfuerzo y viajar cerca de 400 kilómetros para escuchar música. Ahora recuerdan con cariño ese viaje temático que hicimos.

—¿Cuál fue su último concierto y cuál será el próximo?

—Déjame pensar.

—No se preocupe, yo con suerte recuerdo el último line up de Lollapalooza en Chile.

—Lo recordé, fue Red Hot Chilli Peppers en el último Lollapalooza de Santiago. También hace poco fui a ver a Rick Wakeman, el ex tecladista de grupo Yes. Se presentó en el Movistar, con una banda sinfónica, estuvo espectacular.

—Expertos dicen que la acústica del Movistar Arena es buena debido a que es un lugar cerrado. ¿Usted como experto en sonido, cómo la evalúa?

—Es muy cómodo, suena bien, me gustan los espacios cerrados para la música, pero noto un pequeño efecto que aparece cuando se ejecuta una percusión muy fuerte, una especie de golpe que se produce al fondo, en el lado opuesto del escenario. En líneas generales me gusta, lo prefiero a estadios muy grandes. El Nacional es un poco latoso.

—Ahí yo difiero un poco de usted, Radiohead tocó en abril en el Nacional y está dentro de mis mejores conciertos.

—No fui. Tenía muchas ganas de verlos, me encantaría ver a Radiohead, son una banda potente. Me encanta OK Computer, es un disco extraordinario.

—Cruce los dedos para que vengan a la próxima edición de Lollapalooza

—Tienes razón. A Lollapalooza Chile no han venido, pero en Chicago han estado. Estuvieron el año pasado y yo estaba en Estados Unidos, estuve a punto de ir, pero estaba a más de 400 kilómetros.

El backstage

Hace casi 10 años, EuroAmerica hizo un estudio de percepción de marca entre sus clientes. Éste arrojó que era una marca confiable y seria. “Para el mundo de las finanzas eso es bueno, pero tiene una doble lectura. No queríamos ser fomes”, dice.

Entonces pensó que una buena manera de conectarse con el público sería la música, gestionando conciertos e invitando a los clientes a disfrutar de un espectáculo privado y entretenido.

“Las finanzas te llegan a la cabeza fácil, pero la música te llega al alma. Por eso a lo largo de estos años hemos traído a los grupos America, Supertramp, Beach Boys, Roger Waters, Cat Stevens y Jack Johnson”.

—Imagino que ahí logró cultivar su relación cercana con Cat Stevens.

—Cat Stevens es extraordinario, conversa con una tranquilidad… Me presentó a su señora. Le dije que ojalá cantara la canción Lady d'Arbanville, que me encanta, pero la señora saltó de inmediato y dijo: No way! Y ahí quedé.

—¿Por qué se negó?

—Supongo que se la había dedicado a una ex polola. Ella dijo que estaba prohibida esa canción, que Cat Stevens no la cantaría por ningún motivo, yo imagino que por eso dijo que no rotundamente.

—¿Qué tal le fue con Roger Waters?

— Él es una persona especial, camina y saluda, pero me da la impresión que ni siquiera sabe que está en Chile. Es una megaestrella. A David Gilmour, que estuvo el año pasado paseando en Chile, traté de contactarlo y hacer un backstage con él, pero me fue mal.

De las finanzas a Broadway

Hace un par de años, mientras Comber cursaba un MBA en Estados Unidos, conoció a un compañero de cátedra que realizaba espectáculos musicales. En ese minuto, le surgió la idea de formar parte del circuito de Broadway.

—¿Cómo se forma parte de ese circuito?

—Mi amigo me invitó a invertir pequeñas sumas en espectáculos de Broadway, como una suerte de crowdfunding. He cofinanciado siete. En tres me ha ido pésimo, en dos más o menos bien, y en uno extraordinario. El último en el que invertí se estrena ahora en agosto, se llama “Gettin' the Band Back Together”.

—¿La obra de los amigos que reflotan su banda de rock?

—Exacto. Es un grupo de amigos de unos 50 años que los despiden de sus trabajos. Y no les queda otra que reflotar su banda de la época juvenil y probar suerte. Le fue muy bien en las funciones previas de testeo en San Diego. Lograron conseguir un teatro en el anhelado Broadway. Conseguir un teatro es el primer gran paso. Lo próximo es el apoyo del público y posibles premios Tony, que es donde se dispara el negocio.

—¿Pero imagino que monitorea esta inversión?

—Podrías creer que nunca he visto obras en las que he invertido, pero me llegan los reportes al e-mail y los leo siempre. Así aprendo sobre la estructura de financiamiento y los factores de éxito. Las redes sociales juegan un papel clave en dar a conocer las obras y en difundir las buenas opiniones. Pero en todo caso, más que una inversión, esto es sentirme partícipe de Broadway, ya que son montos muy pequeñitos que financian los costos fijos, partiendo por los salarios de los actores y cantantes.

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