Es una chica súper poderosa: tiene profesión, fortuna, redes, pero también mucha iniciativa y conciencia de género. Creó y preside Comunidad Mujer, que cumple 15 años y ayer celebró por todo lo alto en el GAM, con la presencia de la ex presidenta Michelle Bachelet y el lanzamiento de un libro color fucsia que se titula #Las Niñas Pueden.

—¿De niña, siempre pudiste?— cabe preguntarle a la abogada Esperanza Cueto (51), accionista de LATAM Airlines a través de Costa Verde Aeronáutica en la que también participan tres de sus hermanos: Enrique, Ignacio y Juan José. Así, vía mail, responde:

—Siempre me interesaron los temas de género. En mi infancia y durante años quedé “fuera del club”, porque tenía cuatro hermanos hombres aventureros, que jugaban fútbol, viajaban y yo era la menor, la única mujer. Envidiaba mucho esa libertad de hacer. Percibí tempranamente desigualdades en la valoración de lo que hacen las mujeres y los hombres. Era algo que estaba en el aire, era imposible no verlo.

—¿Te enorgullece que el gobierno debió revisar su propuesta “machista” de nombres para el directorio de TVN a partir de una carta tuya al diario?

—Valoro que el gobierno haya atendido al espíritu de la ley de TVN, que fija paridad de género en el directorio, y haya asegurado el pluralismo y la diversidad que requiere su gobierno corporativo. Correspondía hacerlo, y considero muy bueno el nombramiento de dos destacadas mujeres que tienen gran experiencia y méritos. Una de ellas, Anita Holuigue, es una de las 12 directoras y 60 consejeras de ComunidadMujer, nuestra organización. Estamos felices por su nombramiento.

—¿Cuáles han sido los avances más significativos en participación y empoderamiento femenino en estos 15 años?

—La ley de cuotas (60/40), que demostró su eficacia en las últimas elecciones parlamentarias. Gracias a ella, se incrementó en 7% la representación política de las mujeres en el Congreso, un aumento definitivamente superior a los 1,6 puntos con los que se venía avanzando desde 1989. Además, subimos 48 puestos en el ranking de la Unión Interparlamentaria, desde el lugar 129 (de 193 países) al lugar 81, lo que tampoco es para celebrar.

“No somos un colectivo”

La abogada destaca los avances, pero afirma que aún falta mucho. “Estamos en un punto de inflexión; hoy los desafíos son de segunda generación. Ya no es sólo asegurar acceso paritario a la educación, sino a una educación de calidad, que estimule todos los talentos por igual y no segregue a hombres y mujeres por estereotipos culturales. Ya no se trata sólo de aumentar la participación laboral femenina, sino tener empleos de calidad y de equiparar salarios —igual pega, igual paga—, igualar los costos de contratación entre hombres y mujeres, fomentar la corresponsabilidad social y parental. Y tenemos que acabar con la discriminación hacia las mujeres en sus pensiones por la maternidad y porque viven más años”.

Aunque la entrevista es vía mail, se percibe que va respondiendo y se va embalando. Escribe sobre las desigualdades: “En un país minero como el nuestro, recién en 1996 fue abolida la ley que prohibía el ingreso de mujeres en minas subterráneas, porque se consideraba que traíamos mala suerte. ¿Lo puedes creer? Así de profunda es nuestra cultura machista. Si bien las mujeres hemos ingresado al mercado laboral, seguimos a cargo casi en exclusiva del cuidado de la familia y el hogar, lo que significa una sobrecarga enorme. Somos las mujeres las cuidadoras. Hoy, una niña chilena, entre los 5 y 17 años, dedica el doble del tiempo que un niño a tareas domésticas. Sólo con un reparto de roles equitativo entre hombres y mujeres lograremos equiparar oportunidades”.

—Hoy se incluye a las mujeres junto con los migrantes, discapacitados y adultos mayores en los grupos más discriminados. ¿No parece una exageración?

—¡Las mujeres no somos un colectivo ni somos minoría! ¡Somos más de la mitad de la población y el 52% de los votantes! Y siendo una gran mayoría, somos las más discriminadas.

Las mujeres son las más pobres; son el universo más importante entre los jóvenes que ni estudian ni trabajan, principalmente por dedicarse a tareas de cuidado y por el embarazo adolescente. Para qué decir si eres mujer, perteneces a una etnia determinada y vives en el mundo rural, entonces tienes todo en contra. Las mujeres son las que reciben las más bajas remuneraciones, a las que más les cuesta ascender y llegar a los máximos cargos de decisión, son las que enfrentan más precariedad en la vejez, las víctimas de la violencia machista… La lista puede ser muy larga y la tarea es inmensa. ¿Te parece exagerado?

—¿Por qué Bachelet fue tan protagónica en el cumpleaños 15 de Comunidad Mujer?

—Porque por varios años fue consejera de ComunidadMujer y casi la mitad de los más de 15 años de nuestra organización han sido en su gobierno. Fue directora de ONU Mujeres. En materia de protección social, en su primer gobierno se creó el Sistema de Protección Integral de la Infancia y el Pilar Solidario con la Reforma de Pensiones de 2008, que benefició a las mujeres más vulnerables, además de reconocer, por primera vez, el trabajo no remunerado que realizan. En su segundo gobierno, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, la reforma al sistema electoral, incorporando cuotas de género para las elecciones parlamentarias y la meta de una participación de un 40% de mujeres en los directorios del sistema de empresas públicas, entre otros.

Le pedimos que ejemplifique los avances en materia de género, comparando el caso de su madre, con el de ella y el de sus tres hijas, fruto de su primer matrimonio con Raúl Alcaíno. Hoy está casada con el empresario Max Marambio.

—A mi mamá, mi abuelo no la dejó estudiar medicina; consideraba que el papel de la mujer era casarse y ser buena dueña de casa. Ella es una mujer inteligente e inquieta y no le quedó otra que acatar. Mi caso fue distinto, no fue tema que fuera abogada y trabajara, aunque podría haberme quedado sólo podando rosas y no habría sido un problema tampoco. Para mis hijas es otra la historia: sienten el desafío de ser parte de la sociedad en la que viven. Las tres son feministas y tienen clarísimo que como mujeres son protagonistas activas de sus decisiones y de los cambios que decidan promover.

LEER MÁS