Al primer encuentro con Sonia, Alberto Mayol le llevó una muñeca y junto a su esposa, Claudia Castagna, se pusieron a jugar con ella. Hace tres meses el matrimonio entre el sociólogo y la cientista política conoció a la que por alrededor de un año será como una hija. Una niña de casi tres. "No puedo decir su nombre, digámosle Sonia", señala el ex candidato a Presidente y a diputado.

La pequeña llegó a la casa de Mayol por el programa Familias de Acogida (FA), del Sename, instancia de protección para niños (de 0 a 18 años) que, ante crisis en sus familias, necesitan otro núcleo que los cuide transitoriamente. La permanencia en las casas que los acogen no debiera prolongarse más allá de dos años; luego regresan a su familia de origen o son adoptados (la familia que lo acogió, por norma, no puede postular a su adopción). Al programa se postula vía Sename y entre quienes han participado están la periodista Bárbara Rebolledo y la modelo Mey Santamaría.

El encuentro con Sonia, en agosto pasado, fue en un hogar ubicado en Santa Rosa. Y están felices, pero mantienen como familia —incluido su hijo Alessandro, de 4 años— el plan original: adoptar una guagua. "Hace como dos años empezamos el trámite en el Sename", cuenta Mayol en un café en Providencia.

—¿Cómo fue el proceso?

—Un aprendizaje, te preguntan cosas como si "estás dispuesto a adoptar un niño en cualquier condición". Te enumeran todas las situaciones posibles y tú empiezas a pensar, "qué complejo". Es también un aprendizaje sobre los límites de uno mismo, vas tratando de desprenderte de muchos prejuicios.

—¿Te sorprendiste de tus límites?

—Me sorprendí de que, efectivamente, me complicaban cosas que yo pensaba que no me complicaban.

—¿Cómo cuáles?

—La primera vez que nos dijeron si estábamos en condiciones de hacernos cargo de un niño que viniera con graves problemas físicos, uno dice "no; sí". Es una dimensión muy distinta y te enfrentas a lo que podrías calificar de tu propia miseria respecto de estos temas.

—¿Por qué no concretaron la adopción?

—Estábamos en eso cuando una prima de Claudia, que vivía fuera de Chile, tenía que venirse a vivir con nosotros y no teníamos espacio, no sabíamos por cuánto tiempo. Suspendimos el proceso.

Y tomaron el de familia de acogida.

—Ya nos habíamos enterado de todo el proceso para acoger a un niño y pensamos que dado que es un compromiso de un año o poco más, era una alternativa.

—¿Por qué adoptar si ya tienes un hijo y podrían tener otro?

—Claudia siempre ha querido adoptar, me lo planteó desde el principio. Y a mí me gustan mucho los niños, nunca había pensado en adoptar, pero tampoco tenía problemas en hacerlo. Cuando tuve a mi hijo yo tenía 38 años (hoy 41) y no había pensado en tener hijos.

—¿Prefieren adoptar que tener un segundo hijo biológico?

—Sí o sí queremos adoptar. Si sale otro hijo biológico, bien.

Cuando llegue el momento

¿Han pensado en el momento de entregar a Sonia? ¿Recuerdas al carabinero que en 2013 se escapó con la niña que cuidaba para no devolverla?

—Uno lo entiende. Es humano. Pero cuando lo piensas, dices "no, yo no puedo hacer lo mismo". Te encariñas brutalmente y es tan sanador eso, que al final aceptas todos los costos.

—¿Y los efectos en tu hijo?

—Hay un acompañamiento muy fuerte del Sename. La caricatura sobre el Sename es súper injusta, la calidad del trabajo, el acompañamiento psicológico, en términos de salud, de asistencia social, de todos los detalles, es enorme.

—¿Podría ser ese trato sólo contigo por ser una figura pública?

—¿Atención premium? No, porque todo se hace colectivamente, además uno habla con las otras familias. Es al revés: lo que logran es casi imposible, porque los recursos son casi ridículos.

¿Tu mirada respecto al Sename cambió a partir de este proceso?

—Mi opinión no era muy diferente. Para mí ha sido un proceso de descubrimiento en otros términos: uno siempre duda si va a ser capaz de enamorarse de un hijo que no es suyo. En un hijo biológico reconoces gestos tuyos; en Sonia, ves gestos que no son tuyos y no te importa. A las dos semanas estás hasta las patas.

Mayol señala que si hubiera sido electo diputado, habría trabajado el tema del Sename.

—¿Te frustró mucho no haber llegado al Congreso?

—No. Lo que se ve es que dentro de todo me ha ido bien, pero en el día a día normalmente me va mal, no me funcionan mis proyectos. Me costó bastante llegar a ser profesor donde quería; me costó que me hicieran un contrato en forma y cuando me lo hicieron, me lo deshicieron rápidamente; me echaron seis veces de la U. de Chile y eso fue muy duro porque ese era mi mundo, uno muy complicado porque no hay claridad en la competencia.

—¿Y la competencia en la política?

—Ganó gente que tenía muchos menos votos, pero yo sabía las reglas del juego y perdí. No pasa nada. Ese domingo perdí y fue duro, el lunes estaba feliz.

—¿Vas a seguir en política?

—Uno tiene que asumir los mensajes de cada cosa que le pasa en la vida, sobre todo cuando son cosas tan claras como ésta: tuve dos elecciones este año y perdí las dos. Tengo que pensar, al menos, que mi aporte electoral no es significativo o tal vez mi ruta de influencia es otra.

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