Felipe Avello (43) dice que se siente con el "corazón llenito". Vive con sus dos perros, Travieso y Sencillo, tiene tiempo para leer, escribir, publicar videos en Instagram, trabajar diariamente en la radio "Los 40", y por las noches, hacer sus shows de comedia. El histrión, quien se hizo conocido a principios de los 2000 por su participación en programas como SQP, gustaba de hacer bromas irreverentes y sarcásticas. Sin embargo, hoy, cuenta que prefiere un humor más familiar. Se aburrió de ser ese humorista de nicho, incluso "freak", como él mismo lo califica. Ahora, se quiere mostrar como alguien simple, sencillo y cercano. De hecho, luego de hacer sus rutinas en vivo, se baja del escenario, para vender alfajores (que están envueltos con un logo de la cara de su perro Travieso) y para conversar con la gente.

Por estos días también está cumpliendo un sueño: va a escribir un libro sobre anécdotas y experiencias de su vida.

—¿Pensaste en algún momento ser escritor?

—Sí, me gusta eso. Pero es algo que no domino. Como sí creo que domino los espectáculos en vivo. Logré dominarlo. Haciendo shows todos los días, por años.

—¿Sobre qué vas a escribir?

—Me contrató una editorial, Random House, para escribir un libro, hace dos o tres años. Pero no había tenido tiempo de escribir. Empecé a trabajar en otras cosas, entonces lo postergamos. Así es que en 2018 va a salir sí o sí.

—¿Tiene un tono humorístico?

—Tiene humor, pero un humor suave. Tendrá historias y anécdotas mías. Es lo que he estado haciendo hace tiempo también, un humor muy suave, poco sarcástico, cero irónico, pero divertido. Lo que para mí es un desafío mayor, porque creo que es más fácil lo otro.

—¿Ese humor suave, como le llamas, tiene que ver con la madurez?

—No, son cambios que hago. Cuando veo a los que hacen stand up comedy, tienen unas rutinas subidas de tono, y son muy cuestionadores. A mí me gusta no ser cuestionador. Es más novedoso, más ingenioso. De repente me dicen: ‘Pensé que tu show era otra onda'. Pero eso es lo bueno, porque busco que sea más familiar, no tan críptico, ni de nicho, no tan freak.

Exigencias

—¿Cómo recuerdas tu niñez?

—Un poco triste. Porque mis papás eran muy aprensivos, con muchas normas, exigentes. Entonces no lo pasé tan bien.

—Has dicho que eres un poco nostálgico, ¿tiene que ver con eso?

—Yo creo que soy nostálgico como todos. Pero prefiero pensar en el futuro que recordar cosas. No lo pasé tan bien cuando niño, cuando adolescente, cuando joven. O sea, también he pasado por cosas buenas.

—¿Y qué era lo que te hacía sentir así?

—Mucha exigencia, presión, de niño. En la universidad ya estaba metido en un mundo que no tenía nada que ver. Empecé a tener otras inquietudes. Me daba cuenta que tenía habilidades comunicacionales.

—Con los animales sientes empatía también, te gusta cuidar a tus perritos.

—Ah, sí, por supuesto. También con la labor social, es una manera concreta de ayudar. Entonces igual procuro hacer eso. Voy a ver a viejitos, por ejemplo. Conversar con ellos.

—¿Y te reconocen?

—No po. Y tampoco me reconocen a la siguiente vez que voy. Tengo que empezar todo de nuevo. Una viejita una vez me dijo: ‘¿y usted a quién viene a ver acá?'. ‘No, yo soy voluntario acá', le respondí. Y conversamos toda la tarde, me contó que era de Valdivia, que remaba. Y a la semana siguiente, ella me dice ‘¿y usted es familiar de alguien, a quién viene a ver?'. ‘No, yo soy voluntario', respondí. ‘Yo soy de Valdivia, yo remaba', de nuevo me contó lo mismo.

—¿Te gusta relacionarte con ellos?

—Sí... Tampoco quiero quedar como un Padre Hurtado. También apadriné a unos niños en ‘World Vision' (organización para la protección de los niños). Si me va bien económicamente, puedo ayudar. Y no puedo ayudar de otra manera, no sé cómo hacerlo.

—Mencionaste a los niños, ¿es un tema para ti tener hijos?

—No todavía. Más adelante quizás sí. Y tampoco es porque ‘ah es que la vida que tengo, viajando, y tampoco tengo un trabajo estable'. Uno se puede adaptar. Igual sin hijos, rinde mucho más todo. Con hijos, no podría estar cambiándome de trabajo.

—Si tu vida fuera un stand up, ¿qué nombre le pondrías?

—‘Corazón llenito'. Me siento con el corazón llenito. De hecho, ese era el nombre tentativo que tenía para el show, pero al final le puse el ‘Café Concert de Felipe Avello'.

—¿Siempre te has sentido así?

—No, solo en el último tiempo. Antes me sentía con el corazón vacío (ríe).

LEER MÁS