Hoy, Lord Cochrane no estaría en lo militar. Él era un adelantado, un inventor. Quizás sería una especie de Steve Jobs".

Largo, valiente y arisco: nos referimos a Lord Thomas Cochrane, un marino inglés, progresista, enemigo de los corruptos, enemigo de Napoleón y a la vez admirado por Napoleón, una bestia con el sable en la derecha, defensor de los pobres y fundador de la Marina chilena. Un hito huraño, un audaz que lideraba barcos colgando desde una vela, emitiendo alaridos de estímulo. Murió callado en 1860, aunque a la Reina Victoria se le resbaló una lágrima. La realeza lo quiso porque le corría sangre azul, los gobiernos lo odiaron porque no acataba estrategias. Y ahora, 157 años después, un chileno radicado en Francia, Gilberto Villarroel, un periodista con barba de pirata y afín a las aventuras con coraje, guionista de "La fiebre del loco", lo revivió en una novela que ya tiene pinta de fenómeno: "Cochrane vs. Cthulhu". En el papel se juntaron dos osados: el marino y un fanático de los locos.

"La recepción ha sido increíble", avisa Villarroel desde la noche de París.

Baradit y Ortega, conmovidos, avalaron la obra. "Un engendro maravilloso", dijo Jorge. "Una deslumbrante novela de aventuras y fantasía", dijo Francisco. Para Gilberto esas opiniones son relevantes dado que Baradit y Ortega son, en símbolos, los Boric y Jackson en la revolución de los superventas. Otro crítico, Carlos Reyes, perdió la compostura: "Es la mejor novela de aventuras que se ha publicado en Chile en diez años".

"Estoy muy contento", reitera, simplemente, Villarroel.

La trama une a Lord Cochrane con Napoleón para que luchen contra un dios monstruoso llamado Cthulhu. La novela junta el género histórico y el género fantástico. La novela junta a marinos con Lovecraft. "Eso la hace original", desliza el autor.

—¿Lord Cochrane es el rockstar de nuestra marina?

—Más bien es el James Bond del siglo 19. Valiente y reflexivo. Dicen que inspiró mucho a la inteligencia británica.

—¿Por qué se peleaba con todo el mundo?

—Era excéntrico, poco diplomático. Dicen que no fue un buen político. El comandante Nelson se lo dijo una vez: "Que nunca te importen las maniobras. Sólo ataca de frente".

—¿Se comportó así siempre?

—Para Lord Cochrane todo era un combate —y a doce mil kilómetros de distancia se le detecta el fanatismo.

Mi superhéroe

Hace unos años Villarroel conoció a un tataranieto del guerrero, Adam Bruce, y ambos decidieron hacer un documental: "Lord Cochrane: Capitán de mar y tierra". En cuatro años resucitaron a una leyenda: Lord Cochrane y sus batallas; Lord Cochrane y el cultivo de zanahorias en Quintero; Lord Cochrane trabajando con prototipos de armas químicas. Y con todos esos antecedentes luego armó el libro.

—Es la primera novela del mundo que tiene a Lord Cochrane de protagonista, con nombre y apellido.

—¿Y por qué cree que hay un alza de este tipo de novelas en Chile?

—No sé si es tan de ahora. A mi juicio Chile siempre ha tenido una tradición en novelas históricas.

—El capitán Cochrane luchó contra la corrupción en el Parlamento inglés. ¿Le gustaría verlo en nuestro Congreso?

—Ja. Me gustaría ver a Lord Cochrane en muchas partes en las que podría aportar.

En Francia, "Chile no existe"

Y así, mientras Villarroel, anónimo, radicado en París desde el 2014, pasea a su hijo bilingüe por los parques de Francia, muchos pregonan que su novela será de culto. Y mientras se hacen gestiones a prisa para su traducción al francés y al inglés, Villarroel vive su vida francesa y comunica que en Francia las bibliotecas son gratis y a uno le da la sensación de que si en París saca la cabeza por la ventana le puede caer en la cara un ensayo sobre sociología. ¿Hablan de Chile en Francia? "No. Chile no existe", responde. Desde allá, aclara, se distingue subdesarrollo y desigualdad. A lo sumo, explica, valoran a Ruiz, a Jodorowsky, a Violeta Parra. ¿Lo peor de Francia? "Aquí no hay abrazos", comenta nostálgico.

—¿Y se imagina cómo sería Lord Cochrane hoy?

—No estaría en lo militar. Él era un adelantado, un inventor. Quizás sería una especie de Steve Jobs —y, en la madrugada parisina, Villarroel corta e, inspirado con su héroe, se pone a soñar.

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