Me sentí extraterrestre mientras trabajaba, si no ¿por qué caí en este amor por Júpiter?

Todo partió así: la artista Tatiana Álamos estaba en su casa de Constitución, ordenando su biblioteca. Entonces dio con un viejo libro que nunca había visto antes. Se llamaba "Desde Júpiter, curioso viaje de un santiaguino magnetizado", de Francisco Miralles. Escrito en 1877, posiblemente el primer libro de ciencia ficción chileno. Pero pasó algo más. Entre las hojas del libro, halló un sobre escrito por su marido, que había muerto unos años antes, donde hablaba también de Júpiter. Tatiana Álamos lo tomó como una señal y se puso a crear, inspirada en ese planeta. Sus obras estuvieron recién expuestas en el Centro Cultural de Las Condes, y en septiembre se mostrarán en la Universidad de Talca.

—¿Fue un repentino interés por la ciencia ficción y los extraterrestres?

—Siempre me ha interesado. Siempre dejo que mi imaginación me guíe. Me pasó antes con la Antártica. Pensé en el azul de la Antártica, fui a la Antártica y después hice un libro.

—Difícil ahora ir a Júpiter….

—Cero posibilidad de un viaje, claro. ¿Pero sabes?... yo encontré el libro sobre Júpiter, lo leí y luego vi lo que había escrito mi marido. Entonces, de alguna manera, tuve que ir a Júpiter. Esta exposición es una visita a Júpiter.

—Explique eso

—Mandé a agrandar las letras del libro para poderlo leer. El libro cuenta cómo es Júpiter. Escribe Miralles que es un planeta unos dos mil años más adelantado en civilización que nosotros, que nos mira constantemente. Que no entiende cómo los terrestres inventaron hablar mil idiomas distintos, cuando en Júpiter todos hablan uno solo y se entienden mucho mejor. ¡Cuánta razón tiene!

—¿Por qué su marido escribió de Júpiter?

—Es un misterio. Él era abogado penalista, una persona con un pensamiento muy concreto; nunca le oí la palabra Júpiter en la boca. Todo ese misterio me provocó hacer Los hijos de Júpiter, como se llama mi exposición.

—¿Por qué hizo de hojalata a los extraterrestres?

—Mi casa tuvo un inconveniente en el techo, tuvimos que cambiar unos pedazos y me sobraron unos trozos de hojalata. Sobre ellos dibujé las figuras y una persona las cortó.

—Se ven con rostros, ojos, brazos, a veces manos. Uno esperaría algo más abstracto.

—En el libro decía que la gente de Júpiter miraba para todos lados, entonces les puse ojos. En otra parte decía que habían visto muy azul el cielo, entonces yo así lo pintaba. Iba interpretando cosas. El libro decía que en Júpiter siempre hay un punto rojo. Así que estaba pintando y me dije: ya, voy a hacer uno con un fondo grande rojo y será para mí. Arriba tiene un sol nuevo. En el libro no se habla eso, pero lo puse.

—Si ya estaba viajando por el espacio, podía darse licencias.

—Claro.

—Además, ¿quién ha estado allá como para desmentirla?

—Nadie. Así que manda mi instinto.

—En el tríptico de su exposición se reproducía una frase suya: "Al fin soy extraterrestre".

—Sí. Muchos me preguntaban si con esta exposición yo ya era extraterrestre. Claro les dije yo, al fin soy extraterrestre. En la inauguración me volvieron a preguntar. Y sí, me sentí extraterrestre mientras trabajaba, si no ¿por qué caí en este amor por Júpiter?

—Usted tiene 91 años. A muchos impresiona que a esa edad alguien se embarque en un proyecto tan futurista, tan galáctico. ¿Qué piensa de eso?

—Para que veas tú que la cabeza no se detiene nunca. A mí me impresiona también. Y mi imaginación ya partió en un nuevo proyecto. Una noche puse la televisión y salió una frase que dice que Jesús camina sobre el agua. Nunca había oído esa frase, que es de la Biblia. Ya no hay vuelta atrás: ahora estoy pensando en hacer andar a Jesús en el agua.

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