"El tema de la información, que contribuye a la vez a generar conciencia en la población y también a alarmarla más allá de lo conveniente, ha pasado a ser un elemento del debate político".

Cuando la delincuencia pasa a ser, como en la actualidad, un asunto principal de las preocupaciones ciudadanas, muchos creen necesario hablar del tema. Y a veces lo hacen sin mayor conocimiento de los problemas ni de las opciones para abordarlos. Hablar sobre criminalidad es fácil y resurgen así siempre las soluciones inmediatas, las recetas mágicas, las peticiones de mano dura y, por cierto, las críticas al gobierno de turno, aunque las cifras de delincuencia sean inferiores a las del anterior. Decir algo duro y crítico siempre tiene réditos, aunque el autor nunca se haya detenido a estudiar con calma el fenómeno.

Felipe Harboe es, en cambio, un verdadero experto en el tema de seguridad pública. Llegó a esta actividad después de un importante trabajo académico sobre la materia y valorizó sus conocimientos con la experiencia práctica de dos décadas de trabajo a alto nivel.

Este libro reúne una parte importante de los escritos que Harboe publicó entre 2003 y 2016, siendo Subsecretario de Carabineros, Subsecretario del Interior, Diputado y Senador, en una exitosa carrera en que el tema de la seguridad ha ocupado siempre un interés central. No está de más recordar que las dos Subsecretarías que Harboe ocupó por cerca de siete años tienen intervención directa principal en la gestión gubernamental de la Seguridad Publica.

Desde allí, Felipe Harboe ha sido gestor, observador y protagonista del despliegue de iniciativas fundamentales, como la Reforma Judicial, el Plan Comuna Segura, el Plan Cuadrante de Carabineros y el paso de las policías del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior, hoy Ministerio de Interior y Seguridad Pública. Cuando comenzó a dedicarse a estos temas, la seguridad pública era abordada sólo por los cuerpos policiales; hoy es, más que nunca, un tema central de la agenda política. En ello ha influido, por cierto, la presión ciudadana, pero también el aumento sustantivo de la atención de los medios de prensa sobre el tema.

Pero esos debates, de alto dramatismo y visibilidad, no siempre tienen la profundidad necesaria ni abordan todos los aspectos del complejo fenómeno de la delincuencia. Hay en el mundo político una tendencia a acentuar sobre todo lo que da mayores beneficios políticos: la amenaza criminal y la respuesta represiva. El debate político muchas veces se concentra en explotar políticamente los miedos de la ciudadanía, proponiendo solamente más represión para combatir el crimen. Pero el puro enfoque represivo es reflejo más bien de la ignorancia y el sesgo ideológico de algunos, sin aportar verdaderamente soluciones válidas.

La respuesta de Harboe, en cambio, tiene un carácter multidimensional. La delincuencia es un fenómeno social de aristas múltiples, que debe ser abordado en toda su dimensión: su enfoque considera, por cierto, los aspectos de represión e investigación del crimen, pero incursiona también en los temas de la prevención, la rehabilitación, la administración de justicia, el sistema carcelario, el control de armas, el papel de la información pública y, por cierto, la acción de la sociedad organizada. Harboe ha sido en realidad uno de los principales propulsores de iniciativas de política pública en cada uno de estos temas.

Todos estos temas y otros, están tratados en los escritos que conforman este libro, de manera breve y vinculada, casi siempre, a los hechos que estaban en el debate al momento de escribirse.

El ciclo de una política multidimensional de seguridad pública comienza con la prevención. Evitar el delito es una tarea que debe cumplirse inicialmente desde la sociedad; la prevención del delito es una tarea social. La organización ciudadana va así de la mano con las formas más eficaces de despliegue de las policías, con la mayor cobertura posible del territorio, combinada además con la atención especial a las áreas de mayor riesgo. Esto supone contar con planes de movilización y organización en los barrios y ciudades y con políticas mucho más eficaces de formación, organización y despliegue de las fuerzas de prevención. La acción social y la acción policial ejecutada de manera científica son la mejor respuesta preventiva.

En materia policial, Harboe es un claro defensor de la modalidad de organización que existe en Chile y que se ha ido fortaleciendo en los últimos años, con una sola policía nacional de prevención, Carabineros de Chile. Mira con interés y atención el surgimiento de esfuerzos comunales de vigilancia, pero rechaza la idea de crear policías comunales que pudieran afectar la necesaria coherencia de políticas a lo largo del territorio y que proporcionan una seguridad selectiva, acentuando la desigualdad en la atención de poblaciones de distinto nivel socioeconómico. La caracterización del fenómeno criminal como un fenómeno social está en la base de esta idea: la seguridad pública es un bien público, como lo son la salud, la educación o la vivienda social. Debe ser proporcionado a todos los ciudadanos de manera similar, sin discriminaciones.

Aunque su mayor experiencia práctica en la década anterior estuvo en la prevención del delito y su combate en las zonas urbanas, la atención de Felipe Harboe pasaría luego a enfocar también los aspectos de investigación y sanción, así como la legislación sobre estas materias. El orden cronológico de los textos permite percibir esta evolución en el autor. El nuevo legislador conserva, sin embargo, el enfoque experimentado de quien va a legislar sobre materias que ya conoció muy bien en la práctica. Sus reflexiones sobre temas tan variados como el indulto, la limitación de los espacios ciudadanos en aras de la prevención, los usos de la ley de Seguridad Interior del Estado, las bandas criminales que operan desde las cárceles, muestran ese nuevo interés normativo que es característico en el autor en los años más recientes.

La visión multidimensional surge también en los ricos análisis sobre la información, sea ella la que proviene de las encuestas (sus comentarios sobre la encuesta de Victimización tienen la profundidad que le permite el haberlas dirigido antes), del uso y abuso de las cifras oficiales, y de la información publicada en los medios. No cabe duda que el tema de la información, que contribuye a la vez a generar conciencia en la población y también a alarmarla más allá de lo conveniente, ha pasado a ser, en sí, un elemento del debate político. El fenómeno criminal es hoy un hecho objetivo y subjetivo a la vez, vivido a veces en carne propia y otras veces a través de la información.

Es difícil resumir en pocas líneas los muy ricos y diversos contenidos de estos escritos. Su lectura completa nos da, por una parte, una visión de lo que han sido los grandes temas que han estado en el debate público e inspirado las políticas públicas en los últimos años; y nos permite entender mejor lo que debe ser el enfoque complejo de una política pública moderna para enfrentar el fenómeno social de la delincuencia, en palabras de uno de sus mayores especialistas.

El ex subsecretario de Interior durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, Felipe Harboe, plantea que la seguridad es un elemento fundamental para el fortalecimiento democrático y debe ser concebida como un derecho más de aquellos constitucionalizados, e incluso de los justiciables.

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