La familia que pone su nombre en la etiqueta es la mejor garantía de un vino de mejor calidad"

Es un ensamblaje de español y alemana. Miguel Torres Riera, su padre, conoció a Waltraud Maczassek, estudiante de Arte en Frankfurt, cuando ella fue de vacaciones a Barcelona. Él le hizo una promesa que cumplió: la viña Miguel Torres tiene un vino llamado Waltraud, de la cepa riesling, la favorita de su madre. "Fue para que ella se fuera a vivir a España", bromea.

El hijo, Miguel Torres Maczassek, repitió la historia y se casó con la estadounidense Sarah Andrews, a la que conquistó mientras ella cursaba Periodismo y él Negocios en la Universidad de Carolina del Norte. Tienen tres hijos; al hombre lo bautizaron Miguel. "La tradición es bonita de mantener y en España se usa mucho".

—¿Le hiciste la misma promesa a tu mujer?

—"Sí, pero todavía no he encontrado un vino suficientemente bueno".

El director general de Bodegas Torres en España y presidente de la Viña Miguel Torres Chile vivió tres años en Curicó, y es el responsable del vino más caro hecho por su bodega en este fin de mundo: el pinot noir Escaleras de Empedrado, plantado en terrazas de piedra laja en Constitución. Una aventura que costó US$ 4 millones, cuatro años de probar distintas variedades, tres vendimias perdidas por culpa de los pájaros que se las comieron —el lugar está rodeado de bosques de pino— y de la que salieron 2.400 botellas en 2012. Cada una cuesta $100 mil y se vendieron en Estados Unidos y China.

—¿Y en Chile?

—"Se asignaron muy pocas, unas 20, y creo que están vendidas".

No todas: quedan dos en el restorán de la viña en Curicó, nos sopla el mozo que atiende. A esta ciudad que, en mapudungún significa aguas negras, Miguel Torres Riera llegó en 1979 por un talquino, Alejandro Parot, quien en el curso de Enología en el que coincidieron en la Universidad de Dijon hablaba maravillas de Chile. "El profesor francés decía que en el mundo hay muchas enfermedades que afectan a los viñedos, y Parot respondía: ‘oiga, perdone, pero en Chile no tenemos todas esas enfermedades'. El profesor decía es muy difícil tener una diferencia de temperatura entre día y noche de más de 20 grados. Y Parot corregía: en Chile sí tenemos esa amplitud térmica. Parecía que Chile era un paraíso. Al final, lo convenció para que viniera y él mismo le enseñó el fundo donde estamos, Santa Digna (marca de una de sus líneas de vinos)", cuenta.

Pionero del acero inoxidable

El padre compró 20 hectáreas en Curicó en 1980 y trajo las primeras barricas de acero inoxidable —en Chile se usaban sólo de madera— para fermentar vinos a baja temperatura. "Permite blancos mucho más frescos, con aromas a fruta. Aquí eran muy oxidados, muy amarillos. Había gente que le decía ‘Miguel, tú haces vinos para señoritas'. Mi padre dijo ‘prefiero hacer estos vinos para señoritas que vinos oxidados'. Poco a poco toda la industria fue cambiando y esta tecnología se arraigó muy bien en Chile". No sólo eso: Miguel Torres fue la primera en exportar masivamente, cuando aquí menos del 5% de la producción se vendía en el exterior.

—Si sales a comer y no hay Miguel Torres, ¿tomas otras marcas?

—-Sí, pero vinos hechos por familias. Pienso que la familia que pone su nombre en la etiqueta es la mejor garantía de un vino de mejor calidad. No están tan orientadas al corto plazo y eso se nota.

—Eres el cuarto Miguel Torres y la quinta generación de la familia en la viña desde 1870. La primera cosecha en ser embotellada demoró 70 años. Y tú tardaste 11 años en obtener la primera cosecha de Escaleras de Empedrado. ¿La paciencia también se hereda?

—La paciencia te la impone la naturaleza, porque tiene sus propios ritmos y no puedes ir más rápido.

—¿Cuantas viñas premium hay en el mundo que lleven cinco generaciones en la misma familia?

—En Europa hay 11 familias dedicadas únicamente al vino con más historia que formamos la Asociación Primum Familiae Vini. Nos ayudamos, aprendemos, es como nuestra familia extendida. Y una vez al año nos juntamos. Sólo hay dos familias españolas, los Torres y los Alvarez que producen el vino Vega Sicilia.

—¿Cuál es la receta para impedir que una viña quiebre o se venda?

—Es muy importante el proceso de sucesión, tener un protocolo que controle bien qué personas de la familia entran. Nosotros hicimos una planificación, estudiamos incluso que fuera un profesional externo.

—¿Puedes reconocer en otros la pasión por el vino?

—Puedo reconocer a un verdadero amante del vino de una persona que es un poco esnob. En la conversación sobre todo, y en el respeto por los vinos. Los vinos pueden ser mejores o peores, pero no hay vinos malos. Porque el fruto de la vid es mucho más que un vino embotellado. Cuando se abre una botella de vino es con los amigos, la familia y eso acostumbra a ser un buen momento, de relajo, de disfrute. Nosotros tenemos la gran suerte de estar en esos momentos. No hay otro producto que brinde eso.

El mejor vino de todos los tiempos

—¿Qué diferencia hay entre un viñatero de alma y un empresario?

—Un viñatero auténtico muchas veces hace un vino pensando más con el corazón que con la cabeza. Muchos de nuestros proyectos —como Empedrado— no tienen retorno hasta dentro de 30 años quizás. Estoy convencido de que en una gran empresa me habrían echado por hacer un vino como Empedrado. Cuando caminas por las viñas te sientes feliz, ¿sabes? Cada cepa es un ser vivo, si encuentro una enferma por un hongo o un ataque de insecto me preocupo y pregunto qué podemos hacer para ayudarla.

—Si fueras jurado, ¿qué vino elegirías como el mejor del mundo, excluyendo a los tuyos?

—El Vega Sicilia Unico. Tiene una capacidad de envejecer fantástica y es muy elegante. Está hecho con tinto fino, equivalente a tempranillo, una de las cepas más reconocidas de España En Chile hay algo plantado, pero muy poquito.

—Y el mejor de todos los tiempos.

—El vino más especial que he probado es un oporto de 1890 de la familia Symington de Portugal. Con más de 100 años en una botella estaba fantástico.

(Continúa en la página 8)

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