La pantalla de un Teletrak en cuenta regresiva. "¡Todos en el partidor!", dice la voz característica de un relator del deporte de reyes.

"¡Partieron!", y en menos de 75 segundos se corren los 1.200 metros del clásico "Lido Palace" en el Hipódromo Chile. Elías Toledo, jinete de "Sentmenat", se cae en la última curva. Oscar Ulloa, montando a "Leonor", gana la carrera.

Mientras uno termina en la clínica, sin premio, contusiones y licencia médica, el otro se saca fotos y se lleva un monto cercano al millón de pesos.

La vida de los jinetes es dura, competitiva, riesgosa. Se gana, se pierde. Todo está echado a la suerte.

Ser jinete es para valientes. Pequeños atletas de 50 kilos que con agilidad, fortaleza y rigor dominan animales de media tonelada a velocidad promedio de 60 kilómetros por hora.

La hípica chilena, pese a lograr movimientos de apuestas de hasta 2 millones de dólares en una jornada, es un mercado pequeño. El sueño de cualquier jinete es emigrar a Europa o Estados Unidos.

Rodrigo Vergara tiene 28 años, es chileno y lleva 6 años en el país norteamericano. Nieto e hijo de jinete. A los 14 años ya era empleado en un corral.

El 2005 egresó de la Escuela de Jinetes en Chile y en menos de un año ganó las 60 carreras que le exige el reglamento para ser jinete profesional.

Mide 1.60. "Demasiado alto para ser jinete", se rumoreaba en la Troya de algún hipódromo donde recibió sus primeras lecciones.

Hizo breve pero sustanciosa carrera en Chile. Se fue a Nueva York en julio de 2010 y ha hecho un largo periplo por distintos hipódromos del circuito americano. A la fecha suma 442 triunfos y es constante animador de las estadísticas de jinetes. Acaba de finalizar noveno en la temporada del Belterra Park con 21 triunfos y US$ 238.970 en ganancias. Vive en un acomodado barrio de la ciudad de Florence, en Kentucky. Habla perfecto inglés. La hizo.

El baile de los que sudan

En la hípica más competitiva del mundo, los jinetes siguen un estricto régimen de ejercicios. Se concentran en trabajar las piernas, el torso y brazos para controlar al caballo. Hay que realizar rigurosas dietas para mantener el peso.

Rodrigo monta caballos que cargan en sus lomos 116 libras (53 kilos aprox). El peso del jinete no debe superar los 50 a 51 kilos. Al igual que muchos de sus colegas, trota casi todos los días y ha probado diferentes rutinas de entrenamiento. Ninguna tan efectiva como la zumba y el velocity. "Soy pésimo para el baile, pero como me fue muy difícil al principio bajar a los kilos que me obligaba la actividad, opté por ese entretenido método y me resultó. La intensidad de la zumba es muy buena para quemar calorías y sus efectos en el cuerpo son inmediatos", dice.

Mientras algunos jinetes pasaban horas en gimnasios, baños turcos, trotando envueltos en bolsas de plástico para aumentar la sudoración, Rodrigo descubrió que bailando podía mantenerse, pero necesitaba más.

Descubrió el velocity. "Es altamente recomendable, pero muy exigente. Uno ejercita todo el cuerpo en rutinas de 3 sesiones, de distintos ejercicios, durante 30 minutos. Vas mezclando saltando la cuerda, haciendo flexiones de brazos, abdominales, sentadillas, todo sin parar".

Para desintoxicar su cuerpo prepara jugos naturales "y trato de proveerle vitaminas y minerales esenciales para bajar de peso sin perder masa muscular".

La preparación es proporcional a la exigencia. En una reunión de carreras en el Hipódromo en Belterra Park, pueden correr más de 100 caballos, divididos en 9 carreras de hasta 12 ejemplares. Cada jinete puede correr un caballo en cada una de ellas.

La marca de Santos

José Santos es considerado el mejor jinete chileno que ha corrido en Estados Unidos. Figura en el salón de la fama de la hípica en Saratoga Spring, Nueva York. Durante más de dos décadas en ese país, logró 4.083 triunfos, lo que le permitió integrar el selecto grupo de los 10 deportistas mejor pagados en el mundo durante los años 90, clan que lideraba el basquetbolista Michael Jordan. Cualquier profesional de la fusta que quiere llegar a Estados Unidos sabe lo que significa ese nombre. "Don José Santos es recordado por los aficionados como un grande. Para mí es un ídolo desde pequeño no por el dinero que se ganó, sino por su dedicación y amor a este trabajo. Cualquier jockey chileno quisiera emular ese largo recorrido. La vez que pude conversar me dio consejos que valoro mucho y hasta la fecha de vez en cuando lo llamo.

—A propósito de grandes, ¿conoces a Carlos Heller?

—No, pero sin duda me gustaría montar sus ejemplares en el futuro. Hace poco pertenece a la directiva de accionistas de Keeneland, Kentucky, es dueño de un haras en Louisville, Kentucky, cerca del Trainner Center, donde muchas veces voy a cotejar ejemplares.

Pronto comenzará la temporada de invierno y en la mira de Rodrigo están dos hipódromos: Turfway Park en Kentucky y Mahoning Valley, al norte de Ohio. ¿La meta? "Seguir haciendo historia al ritmo de la zumba", dice entre risas.

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