No es coherente mandar currículo a una empresa, cuando se aspira a llegar a la cima de un estudio".

"Ninguna mujer puede pensar que llegará a un puesto de poder a costo cero en la crianza de los hijos y en la vida personal. Eso es imposible. La idea es que no sea un costo alto, sino que lo más bajo posible", argumenta la abogada Jessica Power en favor del programa de mentoría "Aprendiendo a liderar", dirigido a jóvenes profesionales, que concluyó este año.

"Cuando leo a profesionales exitosas que declaran que buscan el equilibrio y que su prioridad es dedicarle tiempo a su familia, yo me pregunto: ‘¿Cómo lo hacen?' Porque en mi caso tengo la escoba en todos lados", ironiza esta socia de Carey, quien junto a otra socia de esa oficina, Lorena Pavic; la gerenta de comunicaciones, Magdalena Engel, y la entonces fiscal de Falabella, Paola Bruzzone, organizaron un programa de liderazgo para abogadas que no tuvieran más de siete años de experiencia.

Engel señala que invitaron a "109 abogadas egresadas destacadas de la Universidad de Chile y Católica, de las cuales 43 confirmaron su interés, siendo escogidas nueve". A cada una de ellas se les asignó una mentora. "El hecho de que una mujer te tienda la mano hace una gran diferencia", retoma Power.

Un estudio de Rafael Mery, de la UDP, determinó que de 428 socios que había entre las 70 mayores oficinas sólo el 6% eran mujeres.

"Como hay pocas directoras y pocas en posiciones de poder, los modelos a seguir son escasos. Nos pareció, entonces, que darles ciertas herramientas para desarrollar habilidades blandas podía producir algún impacto, a pesar de ser un programa chico", explica Pavic.

Se centraron en oratoria, negociación y comunicación, especifica Magdalena Engel, a lo que se sumó construcción de redes de apoyo y desarrollo estratégico de carrera, entre otros temas.

"Vimos mujeres jóvenes, muy inteligentes, que no saben pararse, ni mirar ni modular. Enfrentar así una reunión, es jugar a perdedor", diagnostica Pavic.

Una explicación que se aventuró durante el modulo de oratoria —dado por la especialista Claudia Berger— fue "que siempre tenemos el espejo al frente, nos estamos mirando constantemente con ojos críticos", dice Power, lo que las distrae del foco que es el contenido y captar la atención.

Desarrollo de

carrera, lo más difícil

Jessica Power plantea que "para ser socia de una oficina de abogados se necesita convicción. No es algo que se dé por azar. Para eso se trabaja desde el día uno, desde el primer trabajo que se busca. No es coherente mandar currículo a una empresa, cuando se aspira a llegar a la cima de un estudio".

En general, las mujeres se hacen un descuento respecto de los hombres cuando se autoanalizan.

"Muchas ni siquiera toman las oportunidades porque les parece abrumador el desafío", añade Pavic.

Por esto, uno de los módulos estaba dirigido a desarrollar un plan estratégico a 10 años con su mentora.

"Les cuesta mucho. A lo más saben qué quieren ser en cuatro años y con suerte", reconoce Pavic. Lo que más les pesa es la maternidad, concluye esta socia de Carey.

Ella recuerda que "cuando estaba esperando guagua y trabajaba, abogados hombres me calificaban de ambiciosa. Eso es muy duro para algunas mujeres".

Terminado el programa, este equipo volcó parte de su tiempo a la mentoría interna. De los 230 abogados que forman Carey, un tercio son mujeres. Se dieron cuenta de que éstas trabajan al interior de sus equipos y socializan poco. "Nos pidieron, por ejemplo, conocer a los otros socios de la oficina", comenta Pavic, por lo que han organizado charlas y almuerzos. En la actualidad, hay casos puntuales de mujeres que cuentan con flexibilidad horaria en Carey, pero están tratando de implementar una política general.

¿Qué dicen las aprendices?

La empatía entre mentoras

y mentoriadas es clave

María de los Angeles González:

Trabajó en Barros y Errázuriz, pero en noviembre de 2014 se integró al departamento de Derecho Procesal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

"En el sector público se puede tener un mejor horario que en el privado, pero aquí el problema es cómo crecer dentro de la facultad, que es un mundo muy masculino. Hace no más de un año han comenzado a ingresar más mujeres académicas a Derecho".

"Me di cuenta de que es posible compatibilizar la carrera profesional con la vida familiar, y en eso fue clave mi mentora, Lorena Pavic, que tiene cuatro hijos".

Isabel Aninat: La investigadora del CEP tuvo como tutora a María Agnes Salah (académica de la Universidad de Chile), a quien no conocía. "El programa depende mucho del tipo de relación que entablas con tu mentora, de la empatía entre mentora y mentoriada, porque puede que no encajen los estilos o los horarios o los valores".

"Agnes me aconsejó, quizás con una mirada más objetiva, porque no tiene ningún interés comprometido sobre si yo tomo un camino o el otro". Ahora tiene en el horizonte la posibilidad de realizar un doctorado.

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