En un futuro, nos gustaría que funcionara en varios lugares de Santiago, por ejemplo, Barrio Italia". Bernardita Garib

Tiendas, galerías de arte y restaurantes del sector de Nueva Costanera y Alonso de Córdova serán el escenario de la primera versión del Art Week Stgo. 2016, evento patrocinado por la municipalidad de Vitacura que comienza el 17 de noviembre. Entre otras actividades, los locales y restaurantes del sector abrirán espacios para presentar obras de arte de artistas emergentes, bajo la coordinación de Bernardita Garib, Grace Grisolía y Christine Clément.

Garib, artista y una de las directoras de la Asociación de Mujeres Artistas MuArt, trajo la idea de un viaje a Punta del Este. Allá asistió a las Gallery Nights, un evento de similares características que se realiza hace 10 años allá y en Buenos Aires, y conoció a una de sus organizadoras, la argentina Grace Grisolía. Ambas decidieron importar el formato a Chile.

"La idea es que esta sea la primera versión de un evento que se realice todos los años. En un futuro, nos gustaría que funcionara de forma simultánea en varios lugares de Santiago, por ejemplo, incorporar al Barrio Italia", dice Garib.

El Art Week se inaugurará en el hotel Renaissance con una muestra escultórica de los artistas Carolina Ramos Mejía, Javier Stitchkin y Palolo Valdés, una conferencia acerca del mercado del arte a cargo de Arte al límite y una charla de la Artista Mapuche Celeste Painepán.

Durante esa semana habrá una noche de art and wine, donde se realizará una degustación y un remate solidario de cajas de vinos intervenidas por artistas, cuyas ganancias irán en beneficio de la Fundación San José. Durante otra noche se abrirán tiendas y restaurantes del circuito, que funcionarán como verdaderas galerías de arte, con artistas pintando en vivo. Habrá además un concurso de las mejores vitrinas de locales adaptadas al arte, talleres para niños, la inauguración de piezas escultóricas del arquitecto y escultor Tondreau, intervenidas por artistas como Totoy Zamudio, Alejandro Balbontín y Luz Benavente, y una charla de arteterapia a cargo de la artista Ana Miranda.

"Más vino que arte"

Hace 8 años ya se había realizado en Vitacura un evento similar. Bajo el nombre de Gallery Nights, el mismo del circuito en Argentina y Uruguay, se cerró una noche un sector de la calle Alonso de Córdova, con exposiciones de galerías de arte y catas de vinos.

En esa oportunidad, el evento estuvo a cargo de otros organizadores, y no se repitió. Garib cuenta que en esa ocasión, "fue más vino que arte". Pero está convencida de que ahora, ocho años más tarde, el público está más receptivo con el arte y la cultura, y hacen falta espacios para que la gente se pueda familiarizar con las obras de los artistas.

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Me encontré con una amiga que llevó a su nieto de 14 años por primera vez a ver una ópera, el chico estaba fascinado, le gustó el espectáculo, la trama, la música y entendió perfectamente lo que es la esencia de la ópera. Gracias a Juan Pablo Núñez, su bella escenografía y vestuario ambientados en época, y quien sin inventar ninguna estupidez absurda para llamar la atención nos brindó una "Traviata" como se daba durante los anteriores 150 años, hasta que los asesinos de la ópera irrumpieron para hacerse famosos ellos. Musicalmente hablando, los tres protagonistas principales estuvieron bien. Destacó Nadine Koutcher, soprano lírica que sin tener el peso necesario para el rol, salió adelante con una interpretación buena, que se acrecentó hacia el final, brindando un 4° acto muy bueno y un Addio del passato como lo mejor de su intervención. Sergey Romanovsky como Alfredo, en pasillos fue muy criticado, pero creemos que injustamente, ya que posee un agradable timbre y una bella voz. No debería cantar Alfredo, lo vemos más cercano a Werther, roles más livianos, Verdi es muy cruel para su voz; sin embargo, en lo bueno, cantó con bella voz y muy finamente incluso con los staccati muy necesarios y que muchos se saltan en el brindis; su fraseo fue adecuado. En lo malo, la cabaletta le quedó como poncho y como actor no aportó nada. Impresionó agradablemente el barítono Igor Golovatenko, voz grande y más cercano a Verdi, pero pésimo actor. Como la ópera es canto, ahí salvó, sacó aplausos y gustó por su importante volumen y por su adecuado canto.

Por razones de espacio, diremos que el resto del elenco estuvo estupendamente bien y totalmente a la altura de los protagonistas. Si hubo desencuentros y errores, éstos se debieron a la dirección orquestal totalmente errática del maestro Chudovsky, de quien una vez más insistimos en dos cosas: la ópera italiana no es lo suyo, como sí lo es la ópera eslava y obviamente la rusa y, segundo, no se puede dirigir sin partitura a Verdi, pues pasan cosas como las que sucedieron acá. El coro en el crescendo del primer acto fue a destiempo, la orquesta lo tapó y se perdió ese momento bellísimo en su totalidad. Por otra parte, los tiempos dispares durante toda la obra, a veces a velocidades altísimas que ni siquiera dejan respirar a los cantantes, perdiendo el bello efecto de la pausa, y otras a tiempos bien logrados, lentos y seguros. Además, el equilibrio de los instrumentos en Verdi indica algo clarísimo; si la orquesta se siente fuerte y sonora, entonces no es Verdi y desgraciadamente hubo muchos momentos en que la orquesta sonaba como banda. En otros estuvo perfecta. Ojalá en el futuro podamos contar con especialistas para cada autor. Buena coreografía de Georgette Farías; adecuada y presente iluminación de Ricardo Castro.

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