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Desde el jueves, el más famoso de los comediantes nacionales está en pantalla con su nuevo programa, "Kamaleón, el show de Kramer", en TVN. Ante público en vivo presenta algunas de sus caracterizaciones más conocidas y también algunas nuevas. Lleva preparándolo varios meses y eso implica investigación, estudio, ensayos y muchas pruebas de maquillaje y vestuario.

Para llegar a cada personaje cuenta con su ya conocida capacidad ‘kamaleónica' que lo hace transformarse casi en una persona distinta, pero también con un equipo de alrededor de once personas de su productora y el personal técnico de la televisión. En ese grupo base, una aliada fundamental es Mary Ann Smith, su vestuarista.

Mary Ann es cineasta, nacida en Valdivia, y se ha ido especializando en vestuario para cine. "Más que la moda, me gusta sacar el ‘rollo' sicológico de lo que significa la ropa en cada persona. Entender por qué alguien ocupa azul o determinadas prendas. Por eso me interesa el vestuario en cine propiamente tal", explica. Ella se integró a la productora cuando se filmó la película "Stefan vs. Kramer" (2012), y fue una inmersión total en ese mundo paralelo en el que circulan desde Miguel Piñera a Evo Morales, pasando por futbolistas y animadores. A todos ellos, el comediante da vida con sus voces y gestos, pero también conlleva un trabajo especial darles corporalidad.

Podría decirse que Stefan "se viste" de cada personaje, porque usa rellenos y prótesis en la cara y torso. Para los más grandes usa unos cuerpos de esponja a los que el equipo llama "pollos", aunque algunos dan la idea de corazas blandas. La tarea de Mary Ann, entonces, no es vestir al propio Kramer, sino a esos cuerpos hechizos, y hacer que luzcan lo más parecidos a la realidad y con tenidas que los identifiquen ante el público. Todo de acuerdo con el protagonista; lo que no siempre es chistoso, pero deja el gusto del trabajo hecho contra el tiempo…

El aporte de Mary Ann

—Stefan, cuando te enfrentas a un personaje que vas a imitar, ¿estudias también su vestuario?

—Sí, porque cada personaje se caracteriza por una tenida, es una la que más ocupa. Por ejemplo, el caso de Arturo Longton, que nunca más se vistió como escolar, pero esa ropa nos ayudaba ‘altiro' a asociarlo. O Cecilia Bolocco, que se identifica con el color blanco… O Camilo Escalona, que siempre se pone el mismo sweater. Mary también estudia al personaje y me propone unas cuatro o cinco alternativas.

—¿En qué se fijan especialmente?

—Tiene que ver el cuerpo, porque puede ser que a un personaje le quede bien una tenida, pero a veces lo más importante, por ejemplo, es tapar el cuello y hacer que se vea "chatito". Entonces elegimos una camisa que le tape el cuello, o una bufanda. Si es una mujer, a lo mejor un abrigo de piel nos ayuda a cubrir toda la figura. Es algo que se va componiendo y uno tiene que estar abierto a las posibilidades. Es una cosa estética, pero también práctica, para que al final se vea armónico. Es la unión de talento y distintas disciplinas que tienen que ir al mismo objetivo. Ahí es donde se ve el resultado total y cada uno puede sentirse contento con su aporte.

—¿Te ha pasado que a veces sea más importante la ropa que lo interno de los personajes?

—Sinceramente no, si está el alma, ya está todo dado. Si en primera instancia se ve al tiro el personaje…

—Como el negro Piñera.

—Claro. De partida está la posición del cuerpo, esa ropa negra. De hecho, cuando hemos innovado con él, ha sido ponerle un pantalón de cuero o un pañuelo porque va de gala… Pero soy súper porfiado, la Mary igual lucha conmigo. Para qué voy a mentir, yo soy un desagradable.

—¿Se ríen en el proceso o es pura tensión?

—(Mary Ann) Nos reímos mucho, es súper divertido.

—(Stefan) Además hay una amistad. Nosotros nos juntamos todos con la familia. La Mary es muy amiga de la Paloma, mi señora. Lo que pasa es que cuando uno está en la pega hay que ir rápido y reaccionar. Igual la Mary entiende que estuve seis horas maquillándome y tengo el tiempo justo para ir… ¡¡¡papapapaaaa, vamos!!! Pero ella se lleva la peor parte porque espera mucho rato y llego yo y a veces cambio todo a último minuto. La paciencia que tiene es bacán.

—¿Qué personaje ha costado más?

—Don Francisco, Bachelet… son totalmente distintos. A don Francisco no se le puede ver el cuello, y el relleno es excesivamente grande, caluroso. Tiene un cuerpo gigante que hay que ‘ponerse' y es agotador estar así. No puedo almorzar, porque si pego cuatro mascadas se me empieza a despegar el maquillaje.

—¿No son máscaras?

—No, porque la máscara queda muy ‘máscara'… Son prótesis: una pieza primero, después otra... y eso va haciendo que la cara se deforme.

—¿Don Francisco es el que más ha costado?

—Hacer a una mujer siempre es complicado. Está el tema de las panties, tapar los vellos, ponerle un poto, tratar de que no me vea tan recto. O jugar a la comedia: muestra tus patas flacas y da lo mismo; ponte tacos no más, que esto es humor… Igual nosotros tratamos de ser realistas en la puesta en escena; hay que ver bien qué es lo mejor.

—Cuando te ves, ¿te gusta como quedas?

—Pasa que uno está tan metido… Imagínate que estoy mirándome al espejo durante seis horas, entonces cuando veo entero al personaje ya me he mirado mucho. Por eso, es muy importante la ayuda de la Mary o el director del programa o los creativos que estén… Igual porfío y me equivoco, pero me dejo llevar por ellos.

Pruebas y más pruebas

En "Kamaleón...", el humorista aparece también animando, lo que implicó un desafío nuevo para él mismo y su vestuarista, porque ya no se trata sólo de los personajes, sino darle un look especial a Kramer que en la vida real, generalmente, anda en jeans y polerones…

"Estamos buscando un look que se acomode a lo que es él: en chaqueta y sin corbata, por ejemplo; o alguna corbata que sea especial", dice Mary Ann.

—¿Encuentras que Kramer es elegante?

—(Mary Ann) No sé si elegante es la palabra…

—(Stefan) Me pongo lo que encuentro.

—(Mary Ann) Sí, pero igual. La Paloma se fija que si usa un polerón, sea con algún estilo.

—(Stefan) Rara vez voy yo y elijo. Si voy, elijo pésimo y me hacen bullying toda la semana. Una vez compré diez poleras y llegué a la casa y la Palo me dijo: ‘¡Son horribles! No te pongas nunca eso'. Además soy como daltónico: el burdeo lo veo café. No le ‘achunto', pero me doy cuenta cuando me compran algo y me veo mejor.

—Mary Ann, ¿encuentras que Stefan tiene potencial fashion?

—Totalmente, le ponemos una chaqueta y queda bien al tiro. Aunque cambia… Como que a veces el azul le queda súper bien; pero de repente le pongo algo azul y no funciona, y le pongo algo rojo que pensé le quedaba pésimo y queda perfecto.

—(Stefan) Es como cuando uno dice que se siente bien ‘a veces'. Además, Mary, me imagino que para ti los personajes son un entretenido desafío; pero vestirme a mí mismo es un poco más fome.

—(Mary Ann) Al revés, porque me cuesta más el tema moda. Además, nunca había hecho un programa de televisión, entonces en estos meses he aprendido cómo funciona la ropa en un show. A veces una chaqueta no me tinca, pero después le doy una vuelta, miro programas gringos y digo: queda perfecta.

—Stefan, ¿te gustó esa chaqueta con rayitas, tipo escocesa, que va a aparecer en el programa? ¿La habrías elegido?

—No. Pero a lo mejor me viene bien. Tenemos que probar y ver también como quedan los colores en la escenografía. Es un todo.

—¿Te has quedado con la ropa de algún personaje?

—(Mary Ann) Acabo de descubrir que andas con las zapatillas de Longton.

—(Stefan) Las saqué de la productora… Lo que pasa es que uso esas botas peludas, pero me da vergüenza salir a la calle con ellas, entonces busco otra cosa. Ahora saqué estas zapatillas… Pero si uso alguna ropa en un rodaje después no la quiero ver más. Sería como estar vestido de personaje, y no hago eso en la vida real.

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