Aunque lleva más de 10 años a cargo del Grupo de Empresas Cardoen como director ejecutivo, Andrés Cardoen parecía un empleado recién contratado haciendo méritos durante el último ChileDay que se hizo en Londres.

Repartió tarjetas con sus datos y se presentó ante cuanto parlamentario, representante de instituciones financieras e inversionista se le cruzó en el camino.

A todos les contó que la empresa de su familia abarca, a través de Almacruz, los hoteles Galería y Santa Cruz, 4 museos y la Viña Santa Cruz; por medio de Enor Chile, una generadora, comercializadora, operadora y administradora de energías renovables y no convencionales (fotovoltaica, principalmente).

Que con New Tech Copper (NTC) desarrolla y opera tecnologías para hacer más eficiente y menos costosa la electroobtención del cobre; que la Metalúrgica Rancagua se dedica a la fundición de aceros especiales para piezas y repuestos de desgaste utilizados en la minería, y que New Tech Agro produce y comercializa artículos fitosanitarios para el agro.

Ingeniero industrial de la Universidad de Santiago y con un MBA en la Universidad Adolfo Ibáñez, está casado y tiene tres hijos. Si bien pasó buena parte de su infancia en el Colegio Lincoln International Academy, terminó su educación media en el Liceo 11 de Vitacura, que hoy se llama Liceo Rafael Sotomayor.

—¿Se siente parte de la élite?

—Autocalificarse de élite me parece de mal gusto. En Chile estamos acostumbrados a etiquetar a las personas en ricos y pobres, buenos y malos, rojo o azul, etc. No me siento parte de la élite como un grupo cerrado y excluyente. Yo me muevo, trabajo e interactúo con realidades muy diferentes. Y eso es un privilegio y una oportunidad que me enriquece en cada uno de esos encuentros. Creo que para avanzar en Chile tenemos que dejar de lado esas categorías, que generan desconfianzas, para avanzar en la construcción de un país que hacemos entre todos.

—¿Está desprestigiada la élite?

—Más que un desprestigio, hay un despertar, un cambio en el mundo. Hoy, todo es más transparente y abierto. Con las tecnologías, el mundo cambió, y hay que actuar con transparencia, mirando a los ojos y diciendo las cosas de frente.

—¿Lo ha hecho el empresariado?

—De alguna manera, lo que ha pasado ha quedado en evidencia. Ahora, si han dado la cara, no. Creo que se han dado explicaciones, pero sería bueno que ellas vayan acompañadas de actos un poco más concretos.

La carga del apellido

—Pregunta obvia: ¿cuánto pesa el apellido?

—No me pesa, siento un gran orgullo de mi apellido, de lo que representa y de todo lo que somos como familia (es el tercero de ocho hermanos): extremadamente unidos y con mi padre muy presente en todo, muy formador y enriquecedor, desde el punto de vista de la experiencia.

—GEC abarca negocios de turismo, vitivinicultura, energía, metalurgia, procesos mineros, etc. ¿A cuál le va mejor en esta época de desaceleración?

—Energía es un área que ha crecido mucho, porque hemos logrado armar un modelo de negocios que genera ahorros importantes en el suministro de nuestros clientes, y eso nos ha permitido crecer en el Norte Grande, donde hoy suministramos el 20% de la energía (alrededor de 600 Gigawattspor hora), y en el sistema central, donde estamos en el orden de 400 GW por hora. En el caso de tecnología para la minería, también. Estamos enfocados en generar, operar y desarrollar procesos que permiten disminuir el consumo de energía y mejorar la calidad del producto en momentos en que el precio del cobre está complicado, y cualquier centavo de dólar que tú le agregues, se agradece.

—¿Y en turismo?

—Nuestros hoteles y Colchagua se han consolidado como destinos turísticos. Recibimos más extranjeros en Colchagua que en Isla de Pascua.

25% de la dotación son mujeres

—¿Como funciona la diversidad de género en sus empresas?

—Un 25% de la dotación del grupo son mujeres. Pero en el área metalúrgica y minera, la participación es mucho menor. En hotelería y energía, mayor.

Nuestra fiscal es mujer, altamente respetada.

—¿Por qué se contrata menos mujeres, o bien se les paga menos por hacer los mismos trabajos?

—Lo desconozco, pero soy partidario de que haya algo de flexibilidad horaria que se podía incluir en la reforma laboral. Por ejemplo, ellas podrían trabajar más desde la casa; eso se podría haber tomado en cuenta. Frente a iguales capacidades, no hago discriminación al respecto. Muchas veces las mujeres tienen un compromiso mucho mayor que los hombres, y eso lo debemos aprovechar.

Falta de liderazgo empresarial

"Andrés Navarro sería un mejor presidente de la Sofofa"

—¿Qué le pareció la ausencia de los líderes gremiales de la Sofofa y de la CPC en este Chile Day? Le pregunto porque los dirigentes dicen que el diálogo se les ha negado por parte del Gobierno.

—Tal vez ha habido posiciones un poco antagónicas. Es el momento de que seamos más empáticos y nos sentemos a conversar. Sentarse a la mesa suma, es positivo, y restarse, en este caso, no agrega valor.

—¿Cree que Hermann von Mühlenbrock lo ha hecho bien?

—Ha hecho lo posible, pero el diálogo no ha fructificado, y por eso no vemos los mejores resultados.

—¿Andrés Navarro lo habría hecho mejor?

—No alcancé a tomar posición por ninguno de los dos, pero creo que por la trayectoria de Andrés Navarro como empresario, innovador y líder de opinión, sería un mejor presidente de la Sofofa.

—¿Y cómo evalúa a Alberto Salas?

—Hace su trabajo, pero no tengo muchos antecedentes.

—En una entrevista a "El Mercurio", Salas dijo que el Gobierno no lo escuchaba.

—Falta liderazgo. Siempre es necesaria una buena dosis de humildad; debemos entender que uno no es dueño de la verdad y que los egos juegan en contra. No digo que estos líderes sean egocéntricos ni mucho menos, pero se avanza en la medida en que los liderazgos se puedan ejercer de manera más humilde, buscando acuerdos.

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