Cuando su vecina, la actriz María Izquierdo, se secaba el pelo en la mañana, él encendía el tostador y el actor Edgardo Bruna usaba el microondas, en las tres casas "se cortaba la luz", cuenta, caricaturizando los bemoles de su vida en la Comunidad Ecológica de Peñalolén.

Por eso se cambió a Ñuñoa, pero finalmente volvió a una comunidad, "aunque menos agreste". Una Castillo Velasco, en la punta de un cerro en Las Condes, donde conviven artistas, políticos, intelectuales. Una fauna prototípicamente red set, que es la que puebla su escenario desde siempre.

El director del Centro Cultural Gabriela Mistral, Felipe Mella (44), nació en Concepción como "el concho" de una familia de cuatro hijos varones. Pero la prematura muerte de su papá por un cáncer cuando él tenía 6 años y el matrimonio de su madre con un ingeniero "comunista a la antigua" lo trasladaron a Santiago. Aquí se educó en la Alianza Francesa, donde empezó a hacer amigos. Reconoce que tiene "muchos, muchos, muchos", y que el mejor panorama es juntarse en su casa y cocinar para ellos.

Si le dieran a elegir entre vivir en la campiña francesa o en Nueva York, optaría por lo segundo, "porque soy urbano y me gusta ir a las galerías, al cine, al teatro". Su casa en la punta del cerro le permite generar un oasis para él, su pareja y sus tres perros, sin perder las ventajas culturales de la urbe.

Aunque Mella no es católico, colecciona imágenes de San Francisco, al que admira y comparte el amor por los animales. Su inquietud artística se canaliza en ese afán coleccionista, que lo ha llevado a tener una respetable cantidad de obras de artistas contemporáneos, donde destaca Matilde Pérez.

Antes de ser elegido entre 200 postulantes como director del GAM —puesto que quedó vacante tras la polémica renuncia de la historiadora Alejandra Wood—, dirigió durante 8 años Balmaceda Arte Joven. Antes se había desempeñado como coordinador general de la Comisión Bicentenario. Previamente, "cuando LAN Chile estaba cambiando su imagen corporativa de una estatal a una más moderna, trabajé como diseñador de las oficinas y espacios comerciales. Fue mi primer trabajo, tenía 24 años, y estuve como 6. En 2000, cuando asumió Ricardo Lagos, estaba aburrido, y tenía interés en algo más social, vinculado a lo público. Así, llegué al Ministerio de Vivienda, donde participé de los grandes proyectos de infraestructura para el Bicentenario, el GAM y el Centro Cultural Palacio La Moneda". Así comenzó su andadura por los caminos de la cultura.

Militó en el Partido Socialista, pero se retiró: "Soy cercano al PS, pero tengo algunas diferencias con el partido; siento que hay muchas deudas con el tema cultural". Su temprano ingreso al mundo laboral truncó el que se titulara de arquitecto, carrera que eligió por consejo de su papá adoptivo, una figura influyente en su vida. "Yo quería estudiar Arte, pero él me hizo ver que la Arquitectura podía ofrecerme más oportunidades laborales, pero no saqué el título de arquitecto; soy licenciado en Arquitectura de la Universidad Andrés Bello", precisa. Agrega que no tiene estudios en gestión cultural, sino la experiencia que le ha dado el trabajo.

Su amiga Alejandra Wood

A los 23 hizo pública su homosexualidad, lo que no estuvo exento de dolores. "Hace 20 años en Chile no había la apertura que se vive hoy en la materia. Me impresiona que se haya legislado el Acuerdo de Unión Civil con tanta facilidad, el que ha sido usado mayoritariamente por parejas heterosexuales. Ahora espero que demos el verdadero gran paso, que es el matrimonio igualitario". Esa aspiración ha motivado que él y su pareja hace 18 años, el arquitecto Víctor Serrano, no hayan optado por el AUC y esperen formalizar su relación vía matrimonio.

Durante dos años fue asesor cultural y encargado de organizar las subastas de arte de la Fundación Iguales. Ahora no puede. El GAM lo tiene 100% concentrado.

Felipe no ha padecido comezón de pareja a los 7 años, pero sí de trabajo. Ese es el lapso de tiempo que le parece razonable estar en cada puesto y lo que lo llevó a dejar la dirección de Balmaceda Arte Joven y postular a director del GAM.

"No fue una decisión fácil. Yo sufro de una enfermedad crónica, que tengo bien controlada, pero que se acentúa con la presión y el estrés. Es una enfermedad inflamatoria del intestino que me diagnosticaron hace un año y medio. Por eso lo pensé mucho. En diciembre hice un viaje a Cuba por trabajo, y la distancia me permitió reflexionar y decidir que no dejaría que la enfermedad me limitara. El 11 de diciembre, justo cuando se cerraban las postulaciones, mandé mis antecedentes. Siempre pensé que el salto lógico en mi carrera, después de Balmaceda, era el GAM".

—¿Por qué?

—El Centro Cultural Gabriela Mistral es un proyecto atractivo que conozco desde su génesis, cuando trabajé en la Comisión Bicentenario. Admiro todo lo que se ha hecho aquí; además, soy consciente de la tremenda carga histórica del edificio. Me parece apasionante que en corto tiempo se haya transformado en el gran centro cultural que es hoy. Ahora debemos construir una sala de conciertos, un edificio de 15 mil metros cuadrados, que prácticamente duplicará la superficie del GAM, y generar un modelo de gestión para la sala.

—¿Tenías expectativas de ser elegido?

—Habiendo dirigido Balmaceda por 8 años, era lógico quedar entre los nominados. Al ver a las otras seleccionadas, me di cuenta de que tenían mucho conocimiento artístico. Yo vengo de la gestión más dura, pero tenía esperanzas de resultar elegido. Además, conozco al equipo, incluyendo a Alejandra Wood. Trabajamos juntos cuando ella estaba en BHP Billiton y yo en Balmaceda. Ella nos ayudó a abrir nuestra sede en Antofagasta. También fue muy apoyadora cuando trabajó en Scotiabank. Somos bien amigos, de invitarnos a comer a las casas. Le tengo mucho cariño. Hizo una tremenda pega; desgraciadamente le tocó un momento difícil, pero su logro de levantar esta institución y hacerla conocida incluso a nivel internacional es notable. Cuando nos juntábamos, ella me decía que le encantaría que yo fuera su sucesor.

—Ella salió medio magullada del GAM, cuando el ministro Ottone le bajó el sueldo y los trabajadores la acusaron de indolencia…

—Sí, pero ella ya estaba lista para cambiar de switch. Creo que lo de plata fue como la gota que rebalsó el vaso, pero nadie duda de que su gestión fue buena.

La timidez

Quienes han criticado el nombramiento de Felipe Mella dicen que fue el premio de consuelo para quien ha sonado dos veces como posible ministro de Cultura. Cuando asumió Bachelet y nombró a Claudia Barattini, y después cuando debió reemplazarla por Ernesto Ottone hijo. Otros han dicho que Mella era el candidato del actual ministro Ottone.

"Conozco al ministro hace años, desde que yo trabajaba en el Ministerio de Vivienda. Hemos viajado juntos, como cuando fuimos invitados por la OEA a un encuentro de gestores culturales en Islas Canarias y nos quedamos varados por una huelga en los aeropuertos españoles. Ahí conversamos mucho. Le tengo aprecio, pero no soy su candidato", dice.

—¿No es el salto natural aspirar a ser ministro de Cultura?

—No. Justo Pastor Mellado no sé por qué, porque nunca ni siquiera hemos conversado como lo estamos haciendo nosotros ahora, ha sostenido que tengo esa aspiración, pero no la tengo. No me interesa en absoluto un cargo de tanta exposición. Aunque no lo creas, soy tímido, y creo que se puede hacer mucho por la cultura desde otras plataformas.

Hincha de lo logrado en su trabajo anterior, el director del GAM cree que Balmaceda es el menor ejemplo de una experiencia cultural revolucionaria. "En 25 años de existencia, han pasado por allí un millón y medio de chicos que jamás habrían podido pagar una carrera artística, desde cantantes de micros hasta actores de teleseries. Ha sido un semillero de artistas notable", dice, mientras se apronta a recibir a Mario Vargas Llosa, quien presentará en el GAM su nueva novela.

—¿Te gusta Vargas Llosa?

—No es mi escritor favorito —dice. Y sin complejos culturosos, reconoce que le encanta Ken Follet, autor de best sellers históricos.

LEER MÁS
 
Más Información
Más Información